jueves, 11 de abril de 2013

~Reseña~ El Legado, o qué saga legar a tu peor enemigo.




¿Recordáis aquel bonito libro de tamaño medio que gritaba «¡DRAGONES!»? Era allá por 2003-2004, cuando yo todavía era joven. Entonces la magia estaba al orden del día con Harry Potter y una historia de un adolescente con dragones y aventuras entraba muy bien. Sobre todo si acababas de empezar la ESO.

Y entró.

Eragon fue bestseller en EEUU y en España si no recuerdo mal también, de otro modo no se les habría ocurrido adaptarlo para hacer una película (o tratamiento para quitarte una mala digestión). No era la octava maravilla. Tampoco lo son los libros de Dan Brown y Stephenie Meyer y se venden como agua de mayo. Un jovenzuelo sin padre que se encuentra un huevo de dragón aparecido de la nada, al que al parecer lo persigue medio Imperio, que tiene que cruzar medio mapa mientras aprende a ser un Jinete de Dragón y que tiene que matar a unos monstruos feos y peligrosos en principio puede prometer. Un idioma para hacer magia, elfos, enanos, dragones, alguna que otra raza malévola (úrgalos, ra'zac), espadas legendarias, una guerra pasada, una guerra futura, un malo maloso que lleva en el poder 100 años al que hay que derrocar… Muchos ingredientes que recuerdan a la fantasía de Dragonlance y similares.

Quizá demasiados.


La historia está concebida por un niño de 15 años para niños de 15 años. Y para esa edad Eragon cumple. No creo que cumpla mucho más allá, sobre todo si has leído a Martin, Rothfuss o Bakker. Pero como historia sencilla y para pasar el rato puede estar bien (claro que para eso pillas a Pratchett).

Sin embargo, el problema de El Legado no se encuentra en Eragon. Aunque es posible que tenga parte de culpa. De hecho, si eres un poco perspicaz, encuentras que hay trozos en el libro que no están escritos por la misma persona. No, Paolini no es el único que ha metido mano en las líneas, por mucho que su nombre sea el único que aparece en la portada. Posiblemente su familia haya tenido mucho que ver, ya que fueron los encargados de la primera publicación de la novela. Aquí ya empiezan las dudas sobre la calidad de la saga.

Más dudas se plantean cuando después de Eragon viene Eldest. Y te encuentras casi 1000 páginas en las que sólo pasan cosas interesantes en ¿200? (y a lo mejor ya estoy dándole demasiadas) y donde además la mitad de ellas son previsibles.  Por lo hablar de la bastante mejorable edición que sacaron en España, plagada de erratas y cambios en nombres que te hacen plantearte seriamente si merece la pena gastarse el dinero en estos libros.

Pero cuando ya te das cuenta que te la han metido doblada es cuando así por 2007-2008 al chavalín (y ya no tan chavalín) se le ocurre la brillante idea de partir el supuesto tercer y último libro en dos porque se le ha hecho demasiado grande. Ahí ya te empieza a dar un tic nervioso. Después de la paja que había en Eldest tenemos dos tochos más (porque son tochos, no son minucias) y en un principio no sabes si es que la historia realmente lo necesita o si es por dinero (permitidme que me incline por lo segundo). Por si esto fuera poco, el señor escritor dice que las nuevas ediciones de Eragon y Eldest serán ligeramente distintas porque al escribir Brisingr tuvo que cambiar cosas de los libros anteriores para que los hechos tuvieran sentido. ¿Perdón? ¿Dónde se ha visto eso? (No, perdonad, pero es que después de escribir cuatro libros me he dado cuenta de que queda mejor ponerle la cicatriz a Ron en lugar de a Harry porque así esto queda más dramático).


Brisingr se atraganta sobremanera y Legado te lo metes entre pecho y espalda porque por cojones narices te lo acabas después de haberte gastado 60€ en la saga y después de tanta parafernalia quieres saber qué porras pasa al final.

Y lo que pasa es resulta ser muy predecible y después nos encontramos con un epílogo de cien páginas que acaba haciéndote desear que esos libros ardan por los siglos de los siglos.        
       
Para mí, el gran problema de esta saga es que, además de la paja, los ingredientes se le han quedado grandes al señor Paolini. Se le escapan de las manos. El hecho de tener una magia de ese calibre en la que puedes hacer cualquier cosa siempre y cuando tengas energía suficiente (y si no la tienes, te pillas un poco de criptonita y ni Superman te para) y no quieras resucitar a los muertos es aburrido. Si eres mago, encima Jinete y sabes muchas palabritas, ni heridas para ti, ni para tu primo, ni para su esposa, ni para tu amiga, ni para tu dragón, ni para… ¿a que suena aburrido? Pues Paolini debió darse cuenta (o no) y tiene varias incongruencias en un intento de darle un poco de vidilla al asunto.

También suceden cosas como que Eragon tenga un corte en una página y a la siguiente el corte no exista ni existirá en ninguna más, pero en ningún lado dice que se haya curado con magia. O que haya un grupo de cinco personas y misteriosamente desaparece una durante cinco páginas y luego vuelve a aparecer, porque seguía allí, pero no se acuerdan de nombrarlo. O cómo el autor va dejando caer pistas que no llevan a ninguna parte o no se acaban de explicar nunca.

No puedes pedirle a esta historia que se convierta en Juego de Tronos. Sin embargo creo que no hay nada malo en pedir una revisión, una síntesis y unos mínimos de coherencia en algo en lo que, al fin y al cabo, te estás dejando la pasta y el tiempo. Lamentablemente Paolini es un escritor novel que no ha sabido manejar la información (ni el dinero) que tenía entre sus manos ni ha evolucionado en cuatro volúmenes. Y además no añade nada nuevo al mundo de la fantasía con ellos.


A pesar de todo, El Legado tiene sus cosas buenas. Los personajes de Ángela y el de Solembum son los más interesantes, y ahondar más en ellos es lo mejor que ha podido hacer. La ambientación también me ha gustado, sobre todo la isla de Vroengard o algunos pasajes de Ellésmera. Y luego está Galbatorix, el cual se convierte en uno de los personajes con más chicha en apenas ¿veinte páginas? Tiene mucha miga, lástima que sólo podamos disfrutar de él al final del último libro. Pero son elementos demasiado sueltos y secundarios como para compensar el resto de desaguisado.

El Legado ha tenido puntos para ser una saga resultona, pero ha ido a caer en manos lo suficientemente inexpertas como para acabar siendo un experimento mal estructurado, desorganizado e incoherente. A mí me gustó con 15 años cuando empecé con el primer volumen, pero cuando llevas a tus espaldas unas cuantas lecturas de complejidad similar y mucho mejor llevadas, ésta se hace muy cuesta arriba. Una lástima porque tiene muchos elementos que harían las delicias de cualquier amante de la fantasía épica.