domingo, 28 de febrero de 2016

~Relato~ Desfibrilando


Levitaba. Sentía que una nube bajo sus pies la impulsaba sobre los oscuros adoquines de la calle. No sabía cómo había llegado allí. A la puerta de aquel restaurante enclaustrado entre las fachadas destartaladas de una calle tan antigua como la humanidad.

El local no tenía mucha mejor pinta. Las placas de cerámica estaban partidas y algunos trozos yacían moribundos en el suelo. El ladrillo parecía más bien polvo aglutinado esperando a que alguien soplara para echar a volar. Las luces que colgaban sobre el dintel estaban en su mayoría fundidas. Pero ella se sentía feliz. Radiante.

La neblina se enredó entre los pliegues de su falda y la empujó hacia el interior. Echó un vistazo hacia atrás antes de cruzar el umbral. No recordaba haber pasado por allí. Los árboles deshojados apenas podían cubrir la luz mortecina que despedían las farolas. El coche en el que se había subido al salir de casa no estaba. Tampoco recordaba haberse bajado de él. Sólo la oscura carretera y las luces blancas y rojas intercalándose ante sus ojos.

Suspiró. En realidad, no le importaba. Había llegado hasta allí. Aunque no tenía muy claro si «allí» era a donde tenía que ir. Pero no pudo evitar sonreír cuando se giró y un desconocido con esmoquin la invitó a entrar.

—¿Delia Rox?

Ella asintió con una sonrisa y traspasó la puerta medio podrida.

Dentro todo era luz.

Su vestido rojo refulgía como el fuego entre colores tan variados que apenas podía ponerles nombre. El sonido de la algarabía quedaba amortiguado por el susurro de las telas frotándose entre sí. Aquello más que un restaurante, parecía una fiesta. Sus pies rebotaron en el suelo un par de veces siguiendo una música que no alcanzaba a escuchar y se dirigieron  prestos hacia uno de los camareros que portaban pequeños manjares en una bandeja. Delia flotó entre todas aquellas gentes, pero antes de llegar a su destino, alguien tiró de su brazo. La cara se le iluminó cuando el desconocido le pidió bailar.

Salieron a un patio exterior y las estrellas les recibieron entre risas. Sus murmullos le cosquilleaban los pies mientras danzaban como en esas películas de época donde todo era brillante y majestuoso e irreal.

Irreal. Tanto como aquel restaurante, sus luces, sus canapés, sus tejidos y sus estrellas risueñas. Tanto como aquel desconocido que al mismo tiempo le resultaba extrañamente familiar. En aquel instante le pareció flotar un poco menos y la sonrisa se diluyó en sus labios. El extraño le preguntó algo, pero ella ya se alejaba entre las mesas, dejando atrás la musiquilla celestial que acentuaba aún más la sensación ilusoria que rodeaba todo aquel espejismo.

Delia se topó con un muro infranqueable de mesas abarrotadas y guirnaldas fulgurantes. Esquivó las faldas y zapatos que salían a su paso, empujada por la misma fuerza invisible que la había guiado hacia el interior. Sabía que algo no funcionaba, pero no podía dilucidar exactamente el qué. Recordó el coche, la carretera, las luces… y luego aquella calle desvencijada y oscura que no sabría situar en ninguna parte. Un creciente nerviosismo se aposentó en su cuerpo y notó el frío ascendiéndole por los pies descalzos.

Absorta como estaba en sus cavilaciones, no vio venir la figura que la bloqueó brevemente, lo suficiente como para desestabilizarla en su carrera y hacerla caer. Con la mano temblorosa aceptó la ayuda que le brindaron para levantarla, y las filigranas de sueño que aún empañaban su mente se deshicieron cuando reconoció la mirada del hombre que le tendía la mano. Su eterna sonrisa apenas dejaba entrever su mirada azul entre las pequeñas rendijas de sus ojos.

Pero no podía ser.

De repente se encontró sola, y recordó que había más gente con ella cuando se dirigían hacia el restaurante. Entre las luces zigzagueantes se colaban las risas cristalinas de sus amigas. Miró alrededor y no las vio. Todas las caras eran un borrón luminoso menos la que tenía frente a ella.

Sabía que en otro momento, hacía tiempo, hubiera saltado de emoción, pero no era el momento. Porque Robin Williams estaba muerto. Y eso significaba que ella lo estaba también.

Echó a correr sorteando los obstáculos, deslizándose entre la multitud que abarrotaba aquel lugar. Tan llenos de vida. Tan muertos.

Veía la puerta al fondo, perfecta en su marco de acero, tan distinta de cómo se veía desde fuera. Después de lo que le parecieron siglos logró alcanzarla y la abrió de un tirón. El aire de la calle era fresco y olía a podredumbre. Antes no lo había notado, tan encandilada como iba en su nube. Se tapó la boca y la nariz con una mano y echó a correr calle abajo, desde donde recordaba haber llegado. Las farolas y las ramas agónicas la persiguieron hasta que la oscuridad no la dejó ver nada más que negrura. Las formas, los sonidos, hasta los olores desaparecieron en un suspiro.

Un intenso dolor le atravesó entonces el pecho. Parpadeó y unas luces rojas giraron en sus retinas. Sintió que todo le daba vueltas. Unos rostros desenfocados parecían observarla desde lo alto. El aire entró de golpe en sus pulmones. Vio el coche que se cruzó frente al suyo en mitad de la autovía. Sintió el volante rotar entre sus manos. Todo se puso boca abajo.

Delia intentó incorporarse, pero unas manos la frenaron. El mundo dolía y tenía frío. Pero poco a poco todo fue desapareciendo. Sus músculos se aflojaron y su mandíbula se destensó. Lo último que vio antes de dormirse fue la tierna expresión de Robin Williams diciéndole adiós.



jueves, 25 de febrero de 2016

~Reseña~ Neimhaim, o cómo la épica española te puede dejar sin aliento




Una profecía señala a los clanes Djendel y Kranyal que deben unirse en tiempos de adversidad. Juntos fundan un nuevo y próspero reino llamado Neimhaim, donde la hija de Gursti Bäradlig, líder de los Kranyal, y el hijo de Adroon, guía espiritual de los Djendel, se convertirán en los primeros reyes de una nueva dinastía legendaria. 
Tras su nacimiento, Ailsa y Saghan deberán superar muchas y complicadas pruebas para cumplir la profecía; para ello se criarán en una península solitaria y salvaje, y aprenderán, bajo condiciones extremas, el arte de la espada y habilidades sobrenaturales conocidas como los 'dones'. Entre ellos crecerá, de manera inexorable, un vínculo especial y potentísimo que será a la vez su mayor don y su mayor debilidad.Pero a pesar de sus esfuerzos y de las promesas divinas, el futuro de Neimhaim tiene un poderoso enemigo: Nordkinn, un inmortal caído en desgracia que tiene sus propios planes para los herederos y para todo el reino.


Hace tiempo que no publicaba ninguna reseña, pero es que casi 900 páginas no se leen en un día. Aunque bien es cierto que si Neimhaim peca de algo, no es precisamente de ser aburrido.

Neimhaim, los hijos de la nieve y la tormenta, narra las aventuras y desventuras de dos jóvenes destinados desde antes de su concepción a ser los reyes de un nuevo reino creado mediante la unión de dos clanes tradicionalmente enfrentados: los kranyal, el pueblo guerrero, y los djendel, un pueblo más bien espiritual que vive en consonancia con la Gran Madre. Ambos, Ailsa y Shagan, son los Esperados Blancos según una profecía que anuncia el regreso de la estirpe de los Antiguos, una raza creada por el Padre de Todos para combatir en su ejército en el Ragnarök. Suena épico, ¿verdad?

La novela comienza con una invasión que desencadena la unión de los dos clanes y la creación del reino de Neimhaim. Y a partir de ahí vemos crecer poco a poco a los personajes hasta que son llamados a cumplir su destino. Una de las cosas que quizá pueden sorprender pero que se agradecen enormemente es que continuamente están pasando cosas. El ritmo es constante, se acelera en los momentos de clímax pero el resto del libro se mantiene. Quizá baja hacia la mitad del libro, sin embargo luego se recupera hasta llegar al épico final que no deja indiferente. Considero que puede resultar difícil conservar la atención del lector en un libro tan largo, pero Aranzazu lo hace verdaderamente bien.


Aunque los protagonistas son Ailsa y Saghan, en Neimhaim encontraremos otros personajes que, al menos a mí, me han resultado hasta más interesantes: Vije o Eyra, por ejemplo, Nesbyen o Hoffdakulur. Hay una buena cantidad de secundarios que tienen un peso importante en la trama y que son descritos poco a poco a través de sus acciones a lo largo de la novela. Ese es un aspecto que me ha encantado, ya no solo respecto a los personajes sino también a la ambientación. Aranzazu realiza un gran trabajo de caracterización, con pequeñas pinceladas, con soltura y efectividad.

Y luego está Nordkinn, por supuesto. Un dios desterrado que utilizará a los Herederos para conseguir su ansiada venganza contra el Padre de Todos y todo Asgard. El punto fuerte de este personaje es el aura de misterio que lo envuelve hasta el final, pues sus planes se van conociendo poco a poco y se le da muy bien jugar al despiste. Y aunque es el villano y es un dios, en el fondo tiene unas motivaciones muy humanas que lo llenan de claroscuros.

Otro aspecto importante que no quiero dejar de mencionar es lo bien tratados que están los personajes femeninos. Dentro de Neimhaim no hay discriminación por sexos, y tristemente no es algo usual en una novela de corte épico. Creo que el hecho de no tener que estar detrás de nadie, de no tener que trabajar desde las sombras, le da mucha más libertad a los personajes femeninos para desarrollarse. Ailsa es una gran guerrera y en ningún momento se duda de ella por su condición de mujer. Tampoco de Eyra, Yrnut o Vinka (y algunas más). Su valía se mide por sus capacidades y sus acciones, y eso le da un valor añadido a la historia.


En general me ha gustado y quizá el problema que he tenido con él ha sido más personal que otra cosa. Me encantan las profecías, cómo se retuercen sus significados y cómo las tramas se entrelazan hasta llegar al clímax. Además el estilo está muy cuidado (a veces un poco recargado), están muy bien compensados los momentos de descripción con los de acción. Pero me ha dejado fría. Correcto, entretenido, pero frío. No he conseguido conectar con los personajes (quizá Eyra es con la que más he empatizado). Me han parecido muy lejanos y, quizá sea estúpido decirlo así, épicos. Estúpido porque al fin y al cabo es una novela de fantasía épica (no ha habido decepción, la novela te da lo que te dice, no hay engaño). Y puede ser que haya descubierto que no es el tipo de historia que disfruto al 100%. O que no era el momento de leerla. Eso sí, el mundo que ha creado la autora, su conexión con la mitología nórdica y la descripción de los escenarios me han encantado. También los extras que hay en su web (sobre todo los mapas, soy muy friki de los mapas). 

En resumen, Neimhaim es una historia que promete acción y aventuras en cada capítulo, bien construida, con un trasfondo bien asentado. Aunque vaya a haber una continuación es autoconclusivo, así que podéis leerlo sin miedo a quedaros a mitad. A mí no ha acabado de llenarme, pero no dudo en que debéis darle una oportunidad, sobre todo si os gusta la fantasía épica. Es una historia que merece la pena ser leída. Se nota lo trabajada que está y el mimo que le ha puesto la autora. Y cuando una novela trasluce eso, de una forma u otra esa sensación se instala en el lector. A mí me ha ocurrido y espero con muchas ganas la segunda parte. No os va a decepcionar.




Título: Neimhaim
Autor: Aranzazu Serrano Lorenzo
Editorial: Fantascy (PRH)
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Año de publicación: 2015
Nº páginas: 864
Precio: 21,90€ / 9,99€ (ebook)


PD: Las imágenes están extraídas de la web de la novela (http://www.neimhaim.com/) y pertenecen a Fantascy y su autora (que por cierto, dibuja divinamente).






Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

martes, 23 de febrero de 2016

~Citas~ Cartas de amor a los muertos


Después de leerme Cartas de amor a los muertos, que he comentado aquí en la lectura conjunta que ha organizado la revista Avenida de los Libros, estas son mis citas favoritas del libro. Y sí, hay muchas (y también soy una friki de las citas, no nos vamos a engañar), pero es que toda la novela es para enmarcar. ¿Cuáles son vuestras preferidas?



«A veces tu música suena como si hubiera demasiadas cosas aprisionadas en tu interior. A lo mejor ni siquiera tú podías sacarlas todas… A lo mejor por eso te moriste, porque explotaste». Pág. 11.

«Creo que cuando pierdes algo a lo que estás muy unido es como si te perdieras a ti mismo». Pág. 19.

«La vida consiste en algo más que ser un pasajero». Pág. 26.

«Pero la vida no es así. No puedes saber a ciencia cierta cómo van a salir las cosas, aunque lo hagas todo bien, porque las vidas siempre dan vuelcos». Pág. 39.


«En tus canciones hay miedo, ira y todas las emociones que la gente, incluida yo, teme reconocer. Pero sé que no querías ser nuestro héroe, que no querías ser un ídolo. Sólo querías ser tú mismo. Que escucháramos la música». Pág. 46.

«Soy una de esas personas comúnmente raras». Pág. 54.

«Cada uno de nosotros es raro de un modo distinto, pero al estar juntos esa rareza se vuelve normal». Pág. 55.

«Cuando eres culpable de algo no hay nada peor que la compasión ajena. Eso te hace sentir aún más culpable». Pág. 75.

«Los adultos pueden ser tan falsos… Siempre se comportan como si trataran de ayudarte, de cuidarte, pero en realidad quieren algo a cambio». Pág. 120.

«Creo que ideamos nuestros propios significados a partir de nosotros mismos». Pág. 122.

«Y le doy vueltas y vueltas, pero sigo sin encontrarle sentido al mundo. Tal vez sea bueno que resulte inabarcable, porque creo que cuando hablas de belleza no te refieres a algo meramente bonito. Te refieres a algo que nos hace humanos». Pág. 123.

«Me gustaría estar purificada, arrasar con todos los malos recuerdos, con todo lo malo de mí. Y tal vez eso sea lo que haces al estar enamorado: que una vida, una persona, un momento que necesitas conservar permanezca contigo de manera infinita». Pág. 140.

«No conozco a nadie que tenga una familia perfecta, eso para empezar. y creo que por eso creamos nuestra propia familia: personas comúnmente raras unidas. Así es como veo a mis amigos». Pág. 153.

«Mucha gente desea llegar a ser alguien en la vida, pero tiene miedo de intentarlo por si no cumple las expectativas de los demás». Pág. 154.

«La presencia de Tristan transformó mi tristeza: pasó de ser la melancolía del que observa cómo un globo se pierde en l lejanía a la que te lleva a constatar que al menos estás vivo». Pág. 162.

«Las dos cosas más importantes del mundo son estar en peligro y que alguien te salve». Pág. 163.

«La verdad es hermosa independientemente de cómo sea, si aterradora o mala. Es hermosa simplemente porque es cierta. Y la verdad es luminosa, te acerca más a tu propio yo. Y yo deseo ser yo misma». Pág. 181.

«He descubierto que en ocasiones los instantes se te aferran al cuerpo. Permanecen ahí, incrustados bajo tu piel como semillas de asombro o de tristeza o de miedo, mientras todo lo demás brota alrededor. Y si te giras hacia alguna dirección concreta o si te caes, cabe la posibilidad de que una de ellas se libere, se disuelva en tu sangre u origine todo un árbol. A veces, cuando una sale, otras entran». Pág. 198.

«Sé que hay un montón de cosas para las que las palabras no bastan. Pero supongo que, ya sabes, tenemos que hacer un esfuerzo». Pág. 212.

«Lo que te dije sobre salvar a la gente no es cierto. Puedes pensar que lo es porque quieres que otra persona te salve o porque realmente deseas salvar a alguien. Pero en realidad nadie puede salvarte; no de ti mismo. Cuando te quedas dormido al pie de una colina y viene el lobo, esperas que alguien te despierte o le dé caza. O lo dispare. Pero luego te das cuenta de que el lobo está en tu interior, y entonces sabes que no puedes huir de él. Y nadie que te quiera puede matarlo porque forma parte de ti. Tiene tu cara. Y por eso no disparan». Pág. 242.

«A veces nos portamos de una determinada manera porque sentimos algo muy intenso y no nos fijamos en si eso afecta a los demás». Pág. 245.

«Al final todos somos sangre y órganos bajo la piel. Y por mucho que me escondiera, supongo que una parte de mí siempre deseó que él descubriera lo que había en mi interior… Que averiguara lo que me daba demasiado miedo contarle. Pero no somos transparentes. Si queremos que alguien nos conozca, tenemos que contarle las cosas». Pág. 305.

«Cuando crees que conoces a una persona, ves que cambia y tú mismo cambias constantemente. De pronto, lo había comprendido: en eso consiste estar vivo. En nuestro interior se mueven placas invisibles que empiezan a alinearse para formar a la persona en la que vamos a convertirnos». Pág. 316.

«Es posible que cuando compartimos una historia, por mala que sea, dejemos de pertenecer a ella; que sea ella la que nos pertenezca. Y tal vez crecer al final consista en saber que no tienes que desempeñar el papel que te dicte el curso de la historia. Que, en lugar de un personaje, podrías ser el autor». Pág. 321.

«Hay veces que cuando decimos algo, sólo oímos silencio. O ecos, como si estuviéramos gritando en nuestro interior. Y eso puede resultar muy solitario. Pero sólo sucede cuando no nos hemos molestado en escuchar de verdad. Eso significa que no estábamos listos para escuchar. Porque siempre que hablamos suena una voz. Y es el mundo, que responde». Pág. 333.

jueves, 18 de febrero de 2016

~Book Tag~ Objetos mágicos

Hace unas semanas mi querida amiga Virginia de la Fuente me invitó a pasarme por su canal de youtube para hacer alguna cosilla juntas y preparó un book tag genial. Me lo pasé muy bien, aunque se me vea un poco vergonzosilla (yo me veo MUY vergonzosilla, pero es que lo de mirar a la cámara no lo llevo bien). Si queréis saber qué libros mencionamos, no os perdáis el vídeo. ¡Y si os gusta no dudéis en darle a la manita correspondiente!


miércoles, 17 de febrero de 2016

Cartas de amor a los muertos: Lectura Conjunta


Queridas lagartijillas:

Ayer empecé a leer Cartas de amor a los muertos, de Ava Dellaira y editado por Nocturna Ediciones. Sé que no entraba en mis propósitospara 2016, pero lo cierto es que había oído hablar muy bien de él y sentía bastante curiosidad. Además de que llevaba mucho tiempo sin leer juvenil (hasta Sueños de Piedra, que reseñé aquí hace unos meses), creo que es la primera vez que ese «juvenil» no tiene «fantasía» pegado al lado. Así que lo he cogido con muchas ganas.

He empezado a leerlo ahora porque la revista online de literatura juvenil La Avenida de los Libros ha organizado una lectura conjunta que empezó el pasado 13 de febrero y que se prolongará hasta el día 28 (si queréis saber más, encontraréis la información en el nº 5de la revista). Y aunque iré comentando cosas en twitter con el hashtag #LCAvenidaCartas quiero recopilar mis impresiones aquí conforme lo vaya leyendo. Además, soy una fanática de las citas y estoy apuntando muchísimas, así que también publicaré mis favoritas.

Antes de comenzar, os dejo la sinopsis:

«Hay ciertas cosas que no puedo contar a nadie, excepto a la gente que ya no está aquí».

Todo comienza con un trabajo de Lengua: escribirle una carta a alguien que haya muerto.

Laurel escoge a Kurt Cobain porque su hermana lo adoraba. Y porque él murió joven, como ella. En poco tiempo tiene un cuaderno lleno de cartas a Judy Garland, Amy Winehouse, Heath Ledger y muchos otros. Sin embargo, no se las entrega a su profesora. Les escribe sobre el comienzo del instituto, sus nuevas amistades, su primer amor y sobre cómo está aprendiendo a vivir ahora que su familia se ha roto.

Y sobre lo que ocurrió cuando su hermana aún estaba viva.

Y ahora, mis comentarios (contienen spoilers hasta la página que se indica):


»Página 88

Primero he de decir que me encantan las ediciones de Nocturna. El papel, la tipografía, la encuadernación… El olor también, pero eso suele ocurrir en los libros nuevos en general.

En segundo lugar, la sinopsis da para una página. En la segunda ya se entrevé mucho más de lo que dice la sinopsis. La fragilidad, la inocencia y el dolor de la protagonista por la muerte de su hermana te sumergen en la historia desde el principio. Hay una conexión directa con sus miedos y sus recuerdos.

El planteamiento en un principio es sencillo, pero hay muchos personajes detrás de Laurel. Sus padres, sus amigos y sobre todo, su hermana. Todos tienen mucho que decir a través de estas cartas. Mayormente me ha sorprendido la amistad que establece con Natalie y Hannah. De antemano parece que no terminan de encajar y que Laurel se esfuerza para no quedarse sola y aislada y busca parecerse a su hermana.

En realidad esta faceta de la protagonista la menciona ella misma: «me cuesta ser yo misma porque no acabo de tener claro quién soy» (pág. 9). Creo que es una de las cosas que más me llaman la atención porque en estas primeras páginas no vemos a Laurel prácticamente. Parece estar buscando su lugar en el mundo después de que May, a la cual parecía reducirse su universo, muriera. Sobre todo me ha dado esa sensación después del episodio en que se encuentra a Janey, su mejor amiga antes de empezar la secundaria, a la que poco a poco va olvidando cuando empieza a salir con su hermana mayor.

Más allá de la historia me gustan mucho las reflexiones que hace sobre los famosos a los que escribe las cartas o sobre la vida en general. Creo que una de las maravillas que hace que desde el primer momento te llegue la novela es esa cercanía y la capacidad de empatizar con el lector aunque este no haya vivido esas situaciones, incluso aunque no comparta su manera de actuar. Como he dicho al principio, que hay algo roto en Laurel se transmite desde que comienzas a leer y quizá es ese instinto de protección al débil lo que más acaba uniéndote a ella. Y también la manera en que te llegan sus emociones.

Por último, no me he fijado mucho, pero creo que las cartas dirigidas a Kurt Cobain son las que más me gustan, no sé si porque de manera intencionada o no, al ser el cantante favorito de May, cuentan episodios más profundos. O quizá sea solo una impresión mía.


»Pag. 213

Maravillada estoy con la primera carta a John Keats. Es uno de los fragmentos más íntimos y profundos hasta ahora y es absolutamente preciosa su reflexión sobre la verdad y la belleza. La última parte de la carta es para citarla entera.

Es significativo que luego Laurel aluda al mismo poema para su propósito de año nuevo, cuando aparte de tener una verdad que la asusta, también tiene una que prefiere ignorar: May no era perfecta. Esta revelación que hace el propio Sky no me extrañó nada. ¿Desde el principio no habéis tenido un poco esa sensación? No digo que fuera mala (su manera de hacer que sus padres no discutieran, las historias que le contaba a Laurel… son acciones muy bonitas), pero se percibe un cambio cuando empieza a ir al instituto (que supongo que en el mundo anglosajón es High School). No puedo decir exactamente en qué fallaba May porque la propia subjetividad de Laurel lo oculta, y al fin y al cabo escaparse de casa por las noches y saltarse clases tampoco es que sea muy malo (puedo entender que a esas edades quieres saltarte las limitaciones que te imponen tus padres, aunque las maneras pueden ser discutibles).

Lo que me repatea mucho es cuánto se dejó absorber nuestra protagonista por su hermana, la manera que la idolatraba resultaba hasta tóxica. De hecho, hay un momento que dice: «Yo nunca invitaba a mis amigos porque prefería formar parte del mundo de mi hermana». Por si había pocas dudas de lo absorbida que estaba Laurel. Y sin embargo, a pesar de este hecho que te hace tener ganas de patearle el culo, no es un personaje que puedas odiar. Porque uno se puede sentir tan perdido como ella aunque sea por motivos distintos.

Al final, todos los personajes más principales están rotos por unas cosas u otras. Y aunque creas que algunos no deberían estarlo, que tenían otras opciones, acabas acordándote de sus propias heridas y no puedes evitar sentirte cercano a ellos.


»Pag. 279

Odio a May. Se venía fraguando pero ahora es real. Bueno, quizá no tanto porque aún quedan rastros de la versión edulcorada que Laurel lleva vendiendo todo el libro. Pero lo cierto es que la historia te deja con una sensación de impotencia increíble. Te deja con ganas de decirle cuatro cosas a Laurel para que espabile, para que huya, para que salga de ese capullo que se ha creado. Con ganas de salvarla.

Es curioso, pero creo que es el primer libro que leo en el que tengo esos sentimientos para con el protagonista. Ya no solo por los distintos episodios traumáticos (y con razón) por los que pasa, sino porque Laurel en sí no es capaz de ver que realmente es alguien. Sky lo ve pero ella no. Y es muy pero que muy frustrante y muy duro asistir a la destrucción de una persona sin poder hacer nada. En ese sentido, me siento muy en sintonía con Sky.

Lo que me inquieta, y mucho, es que no haya nombrado nadie aún la posibilidad de ir al psicólogo, porque como mínimo Hannah, Laurel y su madre lo necesitan. Pero urgente. Yo creía que en EEUU estaba más extendido lo del psicólogo pero ya veo que no tanto.

Me queda nada para acabar y estoy deseando llegar al final.


»Pág. 350 (y fun y pin)

Es un alivio infinito ver cómo Laurel abre los ojos cuando habla con Sky y se da cuenta de que intentar ser lo que su hermana quería ser no era la solución. Como tampoco lo era guardarse lo que la estaba comiendo por dentro. En unas pocas páginas sientes su propia liberación, sus ganas de arreglar las cosas y ser ella misma y es como si toda la tensión fuera desapareciendo paulatinamente.

Las últimas páginas se me han pasado en un suspiro, entre otras cosas porque Laurel y sus amigos ya tienen las claves de la resolución en su cabeza: solo les falta un pequeño empujón para atreverse a dar el paso.

Me han maravillado todas las reflexiones de nuestra protagonista. Aunque de base ya hay una extrapolación inmediata, creo que el hecho de que la historia se narre a través de cartas ayuda aún más a transmitir el mensaje que quiere dar la novela. Si me hubiera puesto a poner post-its en el libro tendría que haber comprado dos paquetes como mínimo. Hay pensamientos que aunque son obvios muchas veces nosotros mismos nos los ocultamos y la autora ha sabido dejarlos caer con naturalidad y una sencillez que cala hondo.

Es muy importante la idea de que los problemas de cada uno son distintos, pero que todos los tenemos. Muchas veces estamos tan concentrados en los nuestros que no vemos los de los demás y otras menospreciamos los ajenos como si los nuestros fueran una gran tragedia. Al final eso es lo que te hace conectar no solo con Laurel, sino también con Hannah, Natalie, Sky, aunque sus problemas queden más desfigurados. Y no, al final no odio a May. Todos en algún momento nos hemos sentido perdidos, sobre todo en la adolescencia, y May es un claro ejemplo de cuánto te puedes destruir si no te sabes encontrar o no te apoyas en nadie. Ya no porque acabe muerta: hay gente que sigue perdida muchos años después porque acumula una serie de errores que no le permiten encontrarse. Incluso ni los que aparentemente van por el buen camino pueden asegurar que así sea. La vida está llena de dudas y miedos y ser valiente es ser capaz de afrontarlos.

Además, la playlist del final es genial, a pesar de que en general no es el estilo de música que más me atrae ya la he escuchado un par de veces. La tenéis aquí.

¡Y eso es todo! Espero asistir al HangOut que organice La Avenida de los libros al terminar la lectura conjunta y me encantaría comentar con quien fuera el libro, por aquí o por twitter. Podéis encontrarme como @dalayn o tuitear con el hashtag #LCAvenidaCartas.

Atentamente,
Dalayn

domingo, 14 de febrero de 2016

~Relato~ La chica del pelo azul


La multitud se tragó su figura. La oscuridad lo engulló y juraría que podía oír cómo masticaba su corazón al ritmo de la música. El suyo, por el contrario, permanecía intacto. Notaba su presión en el pecho: una bomba a punto de estallar congelada en el tiempo. Tan fría como sus manos. Como ella misma.

—¿Estás sola? —se alzó una voz sobre el martilleo del último hit de moda. Procedía del lugar donde se había hallado su acompañante apenas unos minutos antes. Una sonrisa le iluminaba el rostro enmarcado en azul eléctrico.

Megan sorbió con avidez de su vaso y asintió. El líquido resbaló por su esófago y sintió una suave calidez extendiéndose por su cuerpo cuando llegó a su estómago. Aquella noche necesitaría mucho más alcohol para poder conciliar el sueño.

—¿Quieres bailar? —le insistió la voz por encima del ruido.

—¿Eh? No, gracias —contestó sin mirarla, escudriñando aún entre el gentío mientras su mente evocaba una y otra vez el momento en el que Brad había decidido rendirse y desaparecer de su vida para siempre. Aunque lo más probable era que al día siguiente cambiara de opinión. Pero el daño ya estaba hecho.

—Está bien, pero si no piensas irte será mejor que busques compañía o te animes un poco. Las discotecas y ese gesto serio no se llevan muy bien.

Megan volvió a llevarse el vaso a los labios y dio varios tragos más antes de girarse y dirigirle una mueca a la chica de pelo fantasía.

—¿Y a ti qué te importa?

—¿A mí? Nada —rió, y su vestido blanco destelló bajo las luces multicolores de la sala—. Pero te estaba observando y me preguntaba si necesitarías hablar con alguien.

—¿Sobre qué? —le espetó, arqueando una ceja. Bebió de nuevo.

—Pues no sé. Del tiempo, de las ondas gravitacionales, de las calabazas que le has dado al chico de antes…

—¿Cómo sabes que le he dado calabazas?

—Si él te las hubiera dado a ti creo que hubieras sido tú la que te habrías marchado. ¿Puede ser?

Megan no respondió e hizo el amago de ir a beber, pero el vaso ya estaba vacío. Lo miró con una mezcla de hastío y resignación.

—Puedes coger el mío, si quieres. Yo invito —le ofreció la muchacha. Le tendió una copa llena de un líquido a caballo entre el ámbar y el limón maduro. Megan lo aceptó y lo probó, guiñando los ojos por su penetrante dulzor—. Ten cuidado. Sube rápido.

Dio un largo trago y en su boca quedó un sabor pegajoso y ácido. Miró a la chica con cierto recelo, pero sus ojos estaban dirigidos a otra parte. Su cuerpo se contorneaba al son de la música y aunque parecía moverse igual que todos los demás asistentes, había algo en su forma de bailar que la hacía parecer única.

—Gracias.

—No hay de qué —le respondió, dedicándole una sonrisa.

Megan miró de nuevo hacia la pista de baile. Brad se había ido, lo sabía, pero no podía evitar desear que apareciera y la envolviera en sus brazos. Era un sentimiento egoísta, sin embargo no parecía capaz de sentir otra cosa además de la sangre golpeándole con furia en las sientes.

—Es verdad, he sido yo quien le ha dado calabazas —aceptó con voz neutra.

La sensación de que la atravesaban con la mirada la hizo temblar, pero la chica no se había movido. No obstante, algo le decía que estaba escuchando.

—He roto con él.

No era del todo verdad, pero era la mejor manera de resumirlo. Aun así, parecía que la explicación quedaba incompleta. O quizá era que el alcohol comenzaba a soltarle la lengua. Lo cierto era que no pudo evitar continuar sin que nadie se lo hubiera pedido.

—Bueno, en realidad lo que le he dicho es que es el chico perfecto, que lo aprecio mucho, pero que no estoy enamorada de él, por mucho que lo haya intentado durante estos meses.

—¿Intentado? —La carcajada de la chica silenció por un instante los latidos de la música—. Uno no intenta enamorarse de alguien, querida. Lo hace y ya está. ¿Por qué intentabas enamorarte de él?

Ahora sí que tenía sus ojos clavados en ella, ocultos en la sombra de su flequillo. Aun así sintió cómo intentaban penetrar dentro de su coraza helada.

—Es el chico perfecto —dijo, y esta vez sí que era una respuesta completamente sincera.

—¿Por qué?

—Pues porque… Es inteligente y tímido y risueño y maduro. Tiene unos ojos preciosos y una sonrisa maravillosa. Me encanta su forma de expresarse, su picardía y su dedicación…

—¿Y eso lo hace perfecto?

Megan bebió de nuevo, como si necesitara de ese simple gesto para seguir hablando.

—Para mí sí.

—¿Por qué?

Ella meditó la respuesta al tiempo que se preguntaba por qué le estaba contando todo aquello a una desconocida en una discoteca de mala muerte en un pueblo perdido de la mano de Dios.

—Porque es lo que siempre he pensado que debería ser mi pareja.

La chica sonrió enigmáticamente y Megan se atragantó al recordar el rostro de Brad cuando le dijo esas mismas palabras en ese mismo tono. Creía que lo había hecho para intentar producirle el menor sufrimiento posible, pero la verdad era que se sentía incapaz de ponerle más sentimiento a aquella situación. La realidad era esa. Ninguna modulación la haría variar.

—¿Por qué no dejabas de mirar hacia el sitio por donde se había ido?

—Por si volvía.

El pelo azul se meneó, divertido, cuando volvió a reír. Megan se sintió violenta. No le gustaba que se rieran de ella. Pero no le dio tiempo a decirle nada. La chica le agarró el brazo y con la mano libre señaló hacia la pista de baile.

—¿Puedes decirme qué ves?

Megan se quedó un poco atónita ante la pregunta pero, a pesar de que le costó unos segundos reaccionar, obedeció.

—Veo gente bailando. Algunos beben. Unos ríen. Otros cantan la canción que está sonando.

—Más cosas —le insistió.

—Hay chicas y chicos, desde los dieciocho a los que sobrepasan la treintena. Morenas, rubios, altas, bajitos…

—Fíjate en alguien en particular.

Su vista se clavó en un conjunto de chicas que bailaban algo apartadas. La luz de los focos las iluminaba intermitentemente. Bebió un trago.

—Allí, cerca de la columna. Una muchacha negra. Lleva el pelo corto y un vestido azul. Está bailando con unas amigas.

—¿Y qué más?

Megan resopló. ¿A qué venía ese interrogatorio? ¿Y por qué seguía contestando a esas estúpidas preguntas?

—¿Qué más da?

—Da. Querida, el amor no entra por los ojos. A tu alma le da igual lo que tu mente haya catalogado. ¿Por qué quieres que tu chico vuelva? ¿Crees que te enamorarás de él después?

—No, claro que no. Si no lo he hecho en estos meses no ocurrirá. Pero estoy bien con él —dijo, insegura. Oyó el miedo rebotando en sus oídos con cada sílaba. Y en verdad lo tenía. Temía no encontrar jamás a un chico como aquel. Pero temía mucho más no poder enamorarse de nadie.

—Y quizá él lo esté contigo. Pero se merece encontrar el amor tanto como tú. Y si sigues mirando a la gente solo con los ojos que tienes en la cara te aseguro que no lo vas a encontrar.

—Anda, déjame en paz —le escupió, furiosa, y se giró para irse. Ya se había cansado de toda aquella palabrería. Empezaba a dolerle la cabeza y se sentía mareada. Sin embargo aquella melena azulada se cruzó en su camino de nuevo.

—Dime qué viste en la muchacha negra. Por qué la elegiste.

Sus palabras sonaron casi amenazantes. Megan aguantó el impulso de echar a correr e hizo el esfuerzo de recordar.

—No paraba de mirar al móvil. Estaba riendo con sus amigas, pero de repente se ponía seria y le echaba un vistazo.

—¿Por qué?

—¿Y yo qué sé por qué? ¿Qué me importa?

Estaba enfadada y las palabras se atropellaban en su boca. Sin embargo, algo pareció desbloquearse dentro de ella y sintió unas ganas repentinas de llorar.

—¿Y tú qué sabes por qué no te enamoras del chico perfecto? ¿Qué te importa? ¡Si es perfecto! El amor no es una obligación. Pasa o no pasa. Pero está mucho más allá de lo que tus ojos pueden ver. Has destacado a una persona por un simple gesto y no obstante sigues evitando querer conocer qué se esconde detrás de ella.

Los ojos de Megan se llenaron de lágrimas cuando comprendió lo que trataba de decirle.

—Bebe, baila, sueña. Sé quien quieras ser y no quien tu razón te dice que deberías ser. Déjate llevar y que te lleven, pues solo tu alma puede comprender más allá de lo que tu cabeza entiende. Nunca llegarás a conocer a alguien por entero, pero tu razón solo llega a vislumbrar una minúscula parte, incluso de ti misma.

Antes de darse cuenta el vaso había desaparecido de su mano, sustituido por la de la chica, que la arrastraba hasta la pista. Se introdujeron entre figuras que se retorcían y bajaban y subían con la música hasta llegar a un pequeño hueco. Allí, entre todos aquellos cuerpos danzantes, el mundo le pareció tan ajeno como ella misma. Incluso Brad. Y vio que el problema estaba allí, en que toda su vida se construía sobre cimientos tan racionales que se estaba perdiendo una parte esencial.

La chica se acercó y le limpió las lágrimas con los dedos. Estaba tan cerca que pudo comprobar que sus ojos eran de un azul tan intenso como su pelo. Le sonrió con dulzura.

—¿Quieres bailar? —le preguntó de nuevo, y esta vez no pudo negarse.

Megan se olvidó de todo lo que no era ella y su nueva acompañante. Se olvidó hasta de la música y el ritmo. Se permitió equivocarse y reír por nada. Le pareció estar más viva que nunca.

Cuando dieron por terminada la noche, se giró sonriente para darle las gracias a la enigmática chica que se había inmiscuido tan descaradamente en su vida. Pero solo alcanzó a ver cómo la multitud se tragaba su pelo azul.



PD: Como el reto consistía en escribir una historia con tu canción favorita como argumento, os dejo la canción :D

miércoles, 10 de febrero de 2016

Motívate para escribir: concursos literarios


             Esta entrada va sobre todo enfocada a escritores noveles (no me veo dando consejos a más, para qué nos vamos a engañar) y a concursos de relatos/microrrelatos. En el caso de novela también se aplican todos los consejos, pero con unos periodos de planificación mucho mayores. Y algunos también sirven para el caso de envío a una editorial. Así que espero que le saques provecho, querido lector. 

Empezar es lo más difícil. Siempre. En cualquier ámbito. Empezar a plantear una historia. Empezar a escribirla. Empezar a crear el hábito de escribir diariamente. Empezar.

«Es que después de Galavant empieza Vikings y con las prácticas nunca encuentro tiempo».
Maldito mundo que se pone en tu contra siempre.

Es como hacer deporte. Sabes que tienes que hacerlo pero no encuentras el momento. Estudios, trabajo, series, videojuegos, redes sociales, niños… (aquí cada uno lo suyo, seguro que la lista es mucho más grande). Todo se convierte en una excusa. Y no porque no quieras (que querer quieres, es que los demás no te dejan), simplemente parece que el resto de cosas tienen prioridad. Sobre todo si no tienes una idea clara de qué quieres escribir y/o no estás inmerso en una historia. Sobre todo si estás desmotivado.

«¿Y qué hago para motivarme y para ponerme a escribir y hacer de esto un hábito?»

En primer lugar, teniendo fuerza de voluntad. Sé que para algunos a veces se convierte en uno de nuestros animales mitológicos preferidos, pero ahí está. Encuéntrala, agárrala fuerte, pégala en la pared y ponle un post-it brillante para recordarte que la necesitas.

¿La tienes? Perfecto. Vayamos al segundo paso.

Si buceas por blogs literarios encontrarás mucho esta frase de Picasso: «Cuando llegue la inspiración, que me pille trabajando». Es cierto que a veces tenemos una iluminación divina y por arte de magia tenemos una historia en la cabeza pugnando por escribirse sola. Sin embargo, si eres de los que sigues esperándola, haz caso de la frase.

«Pero si el problema es que no he empezado… ¿cómo me va a pillar trabajando?». 

Pues ahí es donde entra mi recomendación, una de las tantas que puedes seguir (te aconsejo buscar consejos sobre creatividad, por ejemplo, algunos son verdaderamente útiles): participa en concursos literarios. O, al menos, ponte ese objetivo.

«Pero si no…».

¿Te das cuenta de que no paras de poner «peros»? Deja de hacerlo, no te va a ayudar. No se trata de que tu ego se convierta en una bomba atómica, solo de que tu inseguridad y la continua comparación con otros no te impida conseguir lo que quieres, que es escribir, ¿no?



«Está bien… ¿y por qué crees que los concursos literarios me van a ayudar a ponerme a escribir?».

Pues aquí te explico unos cuantos motivos que a mí me han servido para darme el empujoncito que necesitaba (entre otros):


MOTIVOS PARA PRESENTARSE A CONCURSOS LITERARIOS (ADEMÁS DE LOS PREMIOS, CLARO)


Muchas veces los concursos te dan un tema, por no decir casi siempre

Acotan el género, te proponen una frase, unas palabras o un tema en específico. Incluso los que tienen tema libre buscan algo en particular. Cuando quieras presentarte a un concurso intenta buscar los ganadores de ediciones anteriores y verás si siguen algún patrón (por ejemplo, cómico, así sabrás que si escribes un dramón tendrás menos posibilidades de conseguir algo).

¿No sabes sobre qué escribir? El tema que te dan los concursos puede ser esa chispa. Aprovéchala y deja que prenda.

Consejo: a no ser que quieras experimentar o tengas muy clara una idea, intenta llevarte el tema a tu género. Te sentirás más cómodo al tener más experiencia en esa tesitura, con lo que es más probable que te motives y seguramente el resultado sea de mayor calidad.


Te dan un límite de palabras

Esto también es muy importante porque te ayuda a plantearte la complejidad de tu historia. No es lo mismo escribir un relato corto de 500 palabras que uno de 5000. Incluso el de 500 puede tener más complejidad que el largo. Pero este límite hará que no te vayas por las ramas y elucubres una historia fantástica que da para tres novelas y dos spin-offs y cuando la acabes te des cuenta de que te has pasado del límite y se te ha acabado el plazo (que si se te ocurre, adelante, pero con el conocimiento de que no va a servir para ese concurso).


Te dan un plazo de entrega

¡Como en el colegio/instituto/universidad/trabajo! Todos recordamos esos fantásticos días antes de un examen crucial cuando maldices por no haber estado estudiando durante todo el trimestre y tienes que hacerlo en pocos días. ¡Porque TIENES que hacerlo! Pues con los concursos literarios pasa igual. Si te propones presentarte a un concurso, vas a escribir, aunque sea poniéndote el día de antes y enviándolo a la hora límite (aunque de eso hablaremos más adelante). Porque lo has convertido en una prioridad. Sí, el cerebro es así de maravillosamente retorcido. Si no, ¿por qué crees que también se te ocurrían ideas para escribir cuando estabas de exámenes?

Consejo: No hagas como entonces, no lo dejes para el último día. Recuerda que esto no va solo de empezar a escribir, sino de crear el hábito de escribir todos los días. Utiliza esa fuerza de voluntad que te has señalado con un post-it y oblígate a ponerte todos los días aunque sea media horita. Si no, cuando acabes el concurso estarás como antes de empezarlo.

Además, has de recordar una cosa: escribir, entendido como un proceso completo en el que el resultado es una obra literaria, no consiste solo en teclear caracteres hasta conformar palabras y oraciones y párrafos. También hay que incluir la corrección, reescritura y revisión del manuscrito. Así que si vas a presentarte a un concurso, planifícate para que lo que entregues en las mejores condiciones.



Y eso nos lleva al siguiente apartado de este artículo.


RECOMENDACIONES SI VAS A PRESENTARTE A UN CONCURSO LITERARIO


1. No te precipites

Como he explicado brevemente antes, escribir es más que contar una historia: es contarla de la mejor manera posible. Y para ello necesitas un tiempo, que la obra repose para poder corregirla de la manera más objetiva. Si envías a un concurso algo que has terminado de escribir un par de horas antes lo más seguro es que no tenga toda la calidad exigible, incluso puede haber fallos ortográficos y gramaticales que no has visto porque no lo has corregido. Por ello es importante que hagas una buena planificación para que sigas todos los pasos y lo que presentes esté en las mejores condiciones.

Además, en muchos certámenes empiezan a leer por orden de recepción, así que cuanto más te separes de la fecha límite menos cansados pillarás a los encargados de leer las obras presentadas a concurso.


2. Quien mucho abarca, poco aprieta

Es posible que te motives enormemente con  un concurso, la inspiración te llegue trabajando y tengas mil ideas que puedes presentar a mil concursos y así exponencialmente hasta que tu cabeza explote y hayas olvidado la mitad de lo que tenías pensado. No merece la pena. Céntrate en unos pocos concursos, recuerda que necesitas un tiempo para acabar tu obra, y apúntate todas las ideas que se te ocurran. Así las tendrás para más adelante sin necesidad de escribirlas inmediatamente.



3. Elige sabiamente

Elegir bien a qué concursos te presentas suele ser más complicado sobre todo si no tienes experiencia, así que espero que las siguientes pautas te ayuden.

Estás utilizando los concursos literarios como excusa para darle a tu cerebro ese pequeño empujoncito que necesita para dejar las Magic a un lado (o GHVip, en su defecto), pero los concursos sirven para algo más: labrarte un currículum de escritor. Si esto es lo que quieres conseguir, céntrate en los concursos que tengan varios finalistas, que vayan a publicar una selección de las mejores obras ya sea en papel o en formato digital. Lo importante es que publiquen algo tuyo. A mayor número de seleccionados más posibilidades de que tu obra esté entre ellos. Si lo que quieres es ganar dinero, también hay concursos para ti, pero ten en cuenta que las posibilidades de ganar son más pequeñas.

Advertencia: muchos concursos exigen ceder tus derechos sobre tu obra. Así que es importante que leas muy bien ese apartado.

Investiga a los organizadores del concurso. Consulta su página web y si en certámenes anteriores ha habido algún problema. Si no te gusta la maquetación de la web, las ilustraciones de las portadas de las publicaciones te parecen horrendas y encuentras faltas de ortografía, etc., quizá no quieras mandar una obra a esa gente.


4. Lee muy bien las bases del concurso y acógete a ellas

Que sea el punto 4 no quiere decir que sea menos importante. De hecho, en cuanto al concurso en sí se refiere, es el más importante de todos.

El tema, el límite de palabras… no están ahí para obligarte a escribir. Recuerda que es un concurso, hay unas normas a las que tienes que restringirte. Si por lo que sea te sales de ellas… guarda tu obra para otra ocasión. No intentes enviarla por si cuela. No transformes una escena en Nueva York en otra que sucede en Santillana del Mar, porque se notará. Si te obligan a enviar tu historia en Times New Roman 12 con interlineado sencillo, escríbela con la tipografía que quieras pero cámbiala antes de enviarla. Hay concursos que reciben cientos de manuscritos: estarán encantados de quitarse algunos de encima sin tener que leérselos porque no cumplen las bases.


5. Cuida la presentación

Justifica, pon sangrías, haz que tu texto sea legible y que dé buena impresión. Recuerda también que no todos los concursos permiten el envío por correo electrónico. En algunos aún exigen correo ordinario y con varios ejemplares del manuscrito, así que asegúrate de que haces todas las copias necesarias y las encuadernas correctamente. Nada de papel arrugado o manchado. La imagen que das como escritor no solo está en el cuidado de la ortografía. Eso también tienes que tenerlo en cuenta si…


6. Te piden una biografía o historial de autor

Limítate a contar todo lo que hayas hecho relacionado con el mundo literario: publicaciones, colaboraciones, proyectos (serios, se entiende), si tienes un blog o has ganado o sido finalista en un concurso antes. Puedes dar algunos datos de tu vida personal si quieres (tu edad, estudios o profesión), pero no escribas una telenovela sobre tu existencia intentando dar lástima ni haciéndote pasar por el nuevo Cervantes. Céntrate en lo que te están pidiendo, nárralo si quieres para que no parezca una enumeración (en eso te puede ayudar este artículo de Gabriella Campbell), pero no te vayas por las ramas.


7. Sobre todo, no te desanimes

No vas a ganar todos los concursos a los que te presentes. Lo más seguro es que al principio ni siquiera te seleccionen. O sí. Igualmente, pase lo que pase, no te desmotives. Recuerda que lo haces para escribir y hacer hábito. Engrosar tu currículum literario viene después. Y muchas veces el premio no depende de la calidad de las obras sino de los gustos de los jueces (si les gusta la novela negra, probablemente tu relato sobre hadas pasará sin pena ni gloria). O de que de 200 obras presentadas, hay 10 mejores que la tuya. O más comerciales (a veces es eso lo que se busca). Si estás contento con lo que has escrito porque es la historia que querías contar, la has corregido, ha pasado por lectores 0 y la has vuelto a corregir y crees que es lo mejor que has podido escribir en ese momento, no te desanimes. A lo mejor tienes que darle otro enfoque o volver a corregir. O quizá no tenga que ver contigo (ojo, no digo que no tengas que hacer autocrítica, solamente que no tires la pluma).

«Vale, creo que hasta me he motivado sin mirar ningún concurso. Pero si quisiera presentarme a alguno, ¿dónde los encuentro

Pues verás, hay editoriales y revistas literarias que hacen concursos, y también existen páginas donde recopilan muchos certámenes literarios. Aquí te dejo unas cuantas para que les eches un vistazo.


 ¡Y eso es todo! Espero que te haya sido de utilidad todo lo que te he contado. Si tienes alguna duda, comentario, sugerencia, etc., ¡espero tus comentarios!

PD1: Si queréis más consejos sobre concursos literarios podéis visitar estas páginas: