miércoles, 4 de julio de 2018
Pasar el muro, surcar las olas
El primer salto.
Ahora estoy dentro. Aunque siga viéndome fuera. ¿Cuánto tarda uno en creer
que ha publicado algo de forma profesional? ¿Cuando tiene el libro en sus
manos, cuando los lectores que leen contigo empiezan a leerte A TI? Hace tiempo
que se me quitó la vergüenza de llamarme escritora, que dejé de ver el ego y la
posición que implicaba para otros. Escribo, leo con ojos de escritora, intento
desentrañar los recursos y las estructuras de otras, encontrar sus intenciones,
cómo las plasman, si son o no efectivas, qué es lo que me gusta a mí. Ni soy
famosa, ni preveo ganarme la vida con esto (la mayoría no lo hacen, de todas
formas), ni tengo mucho público (aunque el que tengo es maravilloso). No soy
mejor que muchas (muchísimas) compañeras ni pretendo venderme como tal. Tampoco
soy una bohemia en un ático vintage con una máquina de escribir y un vaso de
vino en la mano. Solo escribo. Soy
escritora. Fin.
Pero ahora estoy al otro lado, como dice Hurley en La
revolución feminista geek. Ahora me van a publicar y parece que la
perspectiva cambia. No me siento mejor
ni más importante, solo más responsable. Por mis relatos, tan diferentes
entre sí, y por las que se sienten como yo me sentía hace apenas unos meses. Y
como seguramente vuelva a sentirme en unos pocos. Porque aquí… la cosa es
diferente, o al menos yo la veo así. El muro no es sólido ni opaco, una vez
entras no te quedas para siempre. Es una fina lámina de agua que te engulle y
te expulsa como un mar embravecido, estás dentro y a nada estás fuera. Solo
algunas afortunadas consiguen permanecer en el interior de forma constante,
pero no sin mucho trabajo y esfuerzo.
Sin embargo, el
trabajo y el esfuerzo no te aseguran que las olas te reciban. También se
necesita suerte. Por eso escribo este artículo. Porque sentí la humedad
asfixiante y muchas veces quise abandonar, ahogada por la pesadez del ambiente
y el rechazo del océano. Pero nunca tiré la toalla del todo. Y al final, en el
momento oportuno, los sueños se cumplen (que diría Miriam). Lo desesperante es
no saber cuándo será ese momento. Siempre he dicho que la incertidumbre es
mucho peor que la negación. Pero eso deja clara una cosa: publicar, que alguien elija tu obra para que vea la luz, no te da la
excelencia. No hay una diferencia real entre permanecer en la orilla y
estar en medio del oleaje; no en cuanto a calidad, me refiero. Si no, ¿qué
pasaría con las autoeditadas? (Estoy utilizando el femenino genérico a
propósito, porque puedo, básicamente). ¿Son menos porque "nadie las ha
elegido"? Nada más lejos.
¿Qué es la
excelencia, de todas formas? ¿Ser reconocida, vender mucho, tener más de 4
estrellas de media en GR, que te premien con una piedra? Todas estas cualidades
pueden formar parte de la excelencia, pero lo cierto es que va a depender de a quién le preguntes.
Considero que en cualquier arte siempre hay un componente subjetivo. He leído
textos impecables que me han dejado fría y otros mediocres que me han provocado
emociones muy intensas. Todas conocemos libros que parecen escritos por un
generador de sinopsis y se venden como churros. Así que, ¿por qué somos tan
jodidamente duras con nosotras mismas, por qué nos fustigamos tanto al
compararnos con otras? Por supuesto que tenemos
que aspirar a la excelencia, debemos trabajar en mejorar cada día, pero eso no
nos puede bloquear.
Además, ¿por qué hoy se me considera mejor que hace un año?
¿Porque me van a publicar? Solo uno de los cuatro relatos que verán (o han
visto) la luz este año ha sido escrito en 2018. Solo uno. Esta es la breve historia
de todos ellos, porque quizá ahora me haya engullido el mar, pero he estado en
la orilla y volveré a ella, lo sé. Regreso con cada convocatoria, a cada
momento me cuestiono mi capacidad. ¿Se puede estar en dos sitios a la vez?
Quizá en este lugar de locura e imaginación. Escribir es una vorágine, al fin y
al cabo.
Empecemos por el principio, por Cazadora de sueños. Publicado
en Libros Prohibidos hace poco más de un mes. Un pequeño aperitivo para El pasado es un cazador paciente, la
novela corta que publicaré próximamente con Sportula. No fue intencionado, pero
cuando me pidieron un relato yo estaba inmersa en las últimas revisiones de la
historia de Marina antes de enviarla a editoriales, y había un pequeño aspecto
de este personaje en el que quería profundizar. Así que la historia surgió
sola, Marina volvió a contarme su pasado y algunos aspectos del mundo en el que
vive que no había podido tocar en la novela. Si Javier Miró (La armadura de la luz, 2017) no me
hubiera hecho la oferta, quizá este relato no existiría. Y por eso le estoy
inmensamente agradecida. Porque, os guste más o menos, Cazadora de sueños cuenta
algo muy importante: el derecho que tenemos a elegir sobre nuestro cuerpo y
nuestros sueños.
Unas semanas después, La Maldición del Escritor
hacía público el fallo de la convocatoria de Iridiscencia, una
antología con relatos de fantasía, ciencia ficción y terror con personajes
LGTBIA. Oh, sí, añado la A con toda la intención, porque "Desconexión" fue seleccionado y sus protagonistas están en el espectro ace. Me hace muchísima
ilusión que haya entrado y con unas compañeras tan maravillosas. Ojalá no
hubiera que demostrar que los personajes no heteronormativos pueden
protagonizar una historia sin que esta gire en torno a su sexualidad, pero ya
que es una lucha que sigue en pie hoy en día, para mí es un placer poder
participar en ella. Sin embargo, "Desconexión" no es un relato que
escribiera expresamente para esta convocatoria. Lo escribí el pasado noviembre
con la vista puesta en Alucinadas IV y,
como podéis deducir, no fue seleccionado. Y, además, es una historia que no
hubiera nacido tal y como es de no haber leído antes La mirada extraña, de Felicidad
Martínez, y El
largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers.
Sigamos con "Vienen
con el frío", que aparecerá en
el nº
11 de SuperSonic (en papel y
digital). Este cuento tiene historia. Es un relato de terror que escribí hace dos años y medio para una
convocatoria sobre casas encantadas. No fue seleccionado. Reescribí algunas
partes que habían quedado flojas y el final. Lo mandé a otra convocatoria
similar, tampoco fue seleccionado. Al cabo de unos meses lo volví a revisar y
así se quedó en el cajón cogiendo polvo hasta que Cristina Jurado le dio la
oportunidad. Para entonces yo ya le había cogido un poco de manía y, si le
sumamos mi inseguridad, es la historia por la que más nerviosa estoy. ¡Pero si
le ha gustado a Cristina Jurado, con lo que la admiras y toda la experiencia
que tiene a sus espaldas! Pues eso es precisamente lo que hace que no me
esconda debajo de una piedra, así que mil
gracias a Cristina por su confianza y por todo el trabajo que realiza por y
para el género en España.
Finalmente, os hablaré de "Por la colectividad", que aparecerá gracias a la Asociación Heroik en Damas
verdes (y también algún caballero). Este es mi intento de dinoporno que
no seleccionaron en el Visiones del año pasado y que seguramente quede sepultado
por el de Rafa
de la Rosa. Pero son mis ranitas
espaciales y las quiero. Y Begoña Pérez Ruiz también las quiso y las ha
cuidado con mimo y ha puesto a mi gran amigo Mangrii a prologar. Y sé que lo
único que puedo hacer para agradecer a Begoña esta apuesta es seguir
escribiendo, como hace ella, todos los días y sin perder la esperanza.
Como podéis ver, menos Cazadora
de sueños, el resto de relatos
fueron escritos en 2017 o incluso antes, y todos fueron rechazados en primer
lugar. ¿Rechazados? Bueno, quizá sea mejor decir "no elegidos".
Porque no es lo mismo coger un montón de relatos y decir "tú no y tú
tampoco" que decir "tu sí y tú también", y que el tuyo se quede
fuera. Me parece una diferencia bastante grande. Y no porque yo quiera venderos
que mis relatos son la leche (que también, claro, que de algo hay que comer)
aunque no los cogieran en primera instancia, sino porque es así como funciona.
Fui parte del jurado con La Nave Invisible del I Premio Ripley y hubo bastantes
relatos que no entraron en la selección final que eran muy buenos (cosa que al
parecer se ha repetido con la segunda edición). Uno de ellos ganó un premio en
un certamen posterior. También participé como seleccionadora en la III convocatoria
de Windumanoth y varios relatos que me encantaron se quedaron fuera y han sido
publicados en otras plataformas.
¿Con esto qué quiero decir? Que no soy mejor ahora que hace un año. Y vosotras tampoco. En esto de
publicar entra en juego más gente. Ahora llevo tres meses sin escribir nada de
ficción y me está costando mucho ponerme con ello. ¿Seré peor el año que viene
si no consigo publicar nada? Hace unos días Guillem López hablaba en esta
entrevista sobre estos tiempos locos editoriales, en los que necesitas
estar continuamente surcando las olas, porque si vuelves a la orilla es posible
que no vuelvas a bañarte. Y lo triste ya no es que sea una estrategia fatal
para la producción literaria de calidad, sino que nosotras mismas, desde que
empezamos, contribuimos a esto. Porque parece que si el agua deja de mojarte
los pies ya no eres digna, si tu obra no supera la anterior eres una decepción.
La búsqueda de la excelencia, en vez de empujarnos, nos bloquea. Y eso es lo
que ha cambiado verdaderamente en mí una vez he podido chapotear. Que me siento
responsable porque todas las obras de las que os he hablado hoy son muy
diferentes entre sí. Hay ciencia ficción, fantasía y terror, unas son más
profundas y otras son puro entretenimiento. ¿Decepcionarán unas por las
expectativas que han generado las otras? ¿Decepcionaré yo si dejo de producir? Hurley
tiene razón cuando habla de que lo complicado no es llegar, sino mantenerse. Y
añado: lo complicado es mantenerse sin
obsesionarse en esta dinámica que se ha creado en el sector.
Así pues, con este artículo lo que quiero transmitir es lo
siguiente: se puede; la tenacidad y el esfuerzo son importantes pero la suerte
es un factor a tener en cuenta; las obras no se rechazan, no son elegidas;
disfrutad mientras podáis con lo que escribís. Espero que los ejemplos
personales que os he puesto os hayan servido. No os rindáis nunca.
PD: Estaré en el Celsius 232, y las tres revistas/antologías
que os he comentado hoy parece que también, por si queréis comentar algo. Con
una birra en la mano se hace mejor ^^
viernes, 29 de junio de 2018
~Reseña~ Cuéntamelo otra vez, o un redescubrimiento de los cuentos clásicos
En medio de la vorágine por las reescrituras de cuentos de
hadas, la editorial Pulpture se subió al carro hace un año e hizo la convocatoria
para la antología Cuéntamelo otra vez. El resultado ha sido una recopilación de versiones de cuentos clásicos muy variadas,
que caminan por lo humorístico, lo sangriento, lo terrorífico, lo distópico y
lo nostálgico. No obstante, como ocurre con gran parte de las antologías,
también es un tanto irregular.
El acercamiento a las referencias originales ha sido
bastante diverso, aunque la mayoría se
mueven entre la versión actualizada y el rescate de elementos o nombres.
En el primer caso nos encontraríamos "Cerillas", de Anna Roldós, "Hasta la medianoche", de Elein o "Hola Caperucita", de Toni Sicilia. La de Roldós es una
adaptación preciosa del cuento de "La Cerillera" en una ambientación
de ciencia ficción. La autora ha sido capaz de transmitir la desesperación de
la protagonista, además de su necesidad de recuperar a su familia en unos
momentos tan duros. El final, aunque esperado, sigue siendo un golpe. Para mí
es uno de los mejores relatos de la antología. Por otro lado, "Hasta la medianoche"
es una versión muy curiosa de "La Cenicienta" ambientada en la Tierra
Media, en el mundo de Erebor, con Bilbo como Cenicienta y Thorin como príncipe.
Los crossovers suelen sacarme
bastante de las historias, pero la autora consigue con un estilo cuidado y que
recuerda en gran parte a los cuentos clásicos transformar estas dos historias
para dar un resultado único, entretenido y simpático. El caso de "Hola
Caperucita" es bastante similar, con una tertulia muy graciosa entre la
Bruja y el Lobo planeando comerse a Hansel y Gretel y la inclusión de
referencias muy divertidas.
Nombres toman casi todos los demás, pero algunos se alejan
más que otros del original. Por ejemplo, "Roja",
de Diego Capalvo, utiliza los nombres de Caperucita, Lobo, la Abuela, etc,
pero la historia recuerda a un Mad Max con un trasfondo que no acaba de
explicarse y poco tiene que ver con la "Caperucita roja" que todos
conocemos. El autor sabe llevar muy bien la acción, aunque le falta un pulido
de estilo para que las escenas sean más claras y no sature tanto al lector. "El planeta de los niños perdidos",
de Luis Carbajales, tampoco tiene mucho que ver con Peter Pan, a excepción
de Wendy "Garfio", su protagonista, una pirata espacial que regresa a
un planeta para reencontrarse con su pasado. Más parecido encontramos en "La verdad sobre Maravilla",
de Luis Alberto Martín, la crónica de una isla perdida en el Mar Negro que
se acerca a la historia de Lewis Carroll de una forma muy original, con espías
y enredos políticos.
![]() |
| Subapartado de Hamelín dentro de la antología |
También abundan los relatos de humor, como "Desventura en Hamelin", de Ander
Mombiela, "El detective de
Hamelín", de Alberto Berjón, u "Hola Caperucita". El de
Mombiela es sin duda también otro de los destacados de la antología, con una
historia muy simpática, ayudada por los guiños metaliterarios y una mezcla con
"El gato con botas" de lo más divertida. En "El detective de
Hamelín", Odón Pérez le roba todo el protagonismo al detective; para mí
tenía mucho más interés que el misterio de las ratas desaparecidas.
Como podéis ver, hay muchos criterios que aglomeran algunos
de los relatos, por eso no entiendo cuáles se han seguido para decidir el orden
de los relatos. Hay cuatro dedicados a "El flautista de Hamelín"
agrupados en medio de la antología, pero también hay un par sobre Peter Pan o
sobre Caperucita que aparecen separados, y mezclados tonos muy diferentes.
Si salimos de la forma en que los autores se han acercado a
las reescrituras y nos centramos en su calidad, para mí los más destacados son,
como he dicho, "Cerillas",
"Desventura en Hamelín", "Tres veces", de Laura Arenas
Manzanares y Bailan los niños, bailan las ratas, de Ferran Varela. El de
Arenas es un cuento oscuro y lleno de poética que bebe de "Los tres
cabritos Billy". Quizá le ha faltado más equilibrio entre la acción y la
descripción, pero la cadencia de los estribillos y la musicalidad están muy
bien conseguidas, generando un ambiente tenso y siniestro muy acorde al relato.
El cuento de Varela se aleja de la aureola de cuento de hadas y recurre a un
ambiente de terror con una gran reflexión religiosa. Ni eso ni la figura del
"cuentacuentos" son tácticas muy originales, pero está muy bien
escrito y conseguida la desesperación del protagonista.
Después los hay con una premisa o una vuelta de tuerca
bastantes originales, como los de "Hasta la medianoche", "La
banda de los siete", de Miguel Martín Cruz, "Roja", "Notas
discordantes", de Fernando D. Umpiérrez, "El planeta de los niños perdidos", "La
verdad sobre maravilla" o "Volar bajo las olas", de Daniel
Garrido.
Martín Cruz monta una
banda de mafiosos con los "enanitos" y transforma a Blancanieves
en una heroinómana. La idea me ha llamado mucho la atención, pero creo que el
relato se queda corto para desarrollarla como debe. También me ha gustado la
voz del protagonista, muy bien conseguida, si bien las escenas quedan muy
fragmentadas y se pasa muy por encima de cada tramo, no hay apenas profundidad.
Lo peor es que, quitando a Sabio y Número 2, que supongo que sería Gruñón, el
resto de "enanos" me han parecido indistinguibles y la necrofilia
gratuita ha echado mucho para atrás mi sensación general del relato.
Umpiérrez plantea una distopía de la que desconocemos poco y cuya
relación con el relato de Hamelín se descubre poco a poco. Sin embargo, el
estribillo no acaba de funcionarme demasiado bien y el hecho de que la pregunta
que inicia el relato no llegue a responderse me ha dejado un poco a medias.
"Volar bajo las
olas" es una versión de "La Sirenita" en que la protagonista
tiene una deformidad y por ello es convertida en atracción de feria. Es una
historia que tiene mucho de melancolía y tristeza, como la de Andersen. Al
igual que en "Bailan los niños, bailan las ratas", el autor acude al
"cuentacuentos" para terminar de redondear el relato.
El resto de relatos no han acabado de convencerme y hay
varios a los que les falta una corrección de estilo. Hay exceso de repeticiones
y cuentos muy recargados a los que les habría venido bien un pulido, o quizá
otra forma de distribuirlos les habría sentado mejor.
En cualquier caso, ha sido una lectura bastante entretenida, sin grandes pretensiones pero con
visiones y voces muy interesantes. Ha habido también algunos ejemplos de
subversión, como ocurre con la vengadora de "Roja", la alcaldesa de
"Desventura en Hamelín", la pirata de "El planeta de los niños
perdidos". Teniendo en consideración los cuentos de los que proceden, es
agradable ver este interés en plasmar personajes femeninos más activos y que se
salgan del molde tradicional. Lo más destacado de la antología es, además del cuidado que le han puesto a la portada y
los detalles interiores, hallar estas versiones tan diferentes, plasmadas
sobre todo en el apartado de Hamelín. Esto demuestra que se pueden crear nuevas
historias a partir de otras con nuevos valores y sin renunciar a la
originalidad. Si os gustan los cuentos de hadas, os animo a redescubrirlos con Cuéntamelo otra vez.
Otras reseñas:
Título: Cuéntamelo
otra vez
Autores: VVAA
Editorial: Pulpture
Encuadernación: Rústica
Año
de publicación: 2017
Nº
páginas: 290
Precio: 14€
Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
martes, 19 de junio de 2018
~Ficción corta~ Capítulo #5
Marchando otra sesión de ficción corta! Porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. Esta vez, 100% mujeres.
Cuando leí La carrera ya me llamó mucho la
atención la prosa de Nina Allan y la forma que tenía de abordar las temáticas
en su narración. Si a eso le sumamos lo que me gusta la mitología y los
diferentes acercamientos que se hacen a ella desde diversas perspectivas, tarde
o temprano esta novela corta que publicó hace un tiempo Fata Libelli debía caer
en mis manos.
Allan nos traslada a una Grecia a caballo entre los antiguos
gremios y un futuro no demasiado lejano. Es un ambiente un tanto difícil de
identificar, pero sin duda muy apropiado para esta historia, en la que la realidad y la magia se entremezclan
de modo que no sabemos dónde acaba una y empieza la otra. Hay múltiples metáforas encerradas en el pasado de Layla,
la protagonista, en las apariciones de una misteriosa anciana, en la araña a la
que dedica una escena. La autora no oculta que esta historia hunde sus raíces
en el mito de Aracne, pero lo que
nace a partir de él es mucho más complejo.
Hay una reflexión
esencial sobre el equilibrio entre arte, talento y esfuerzo, que se revela
de muchas formas a lo largo de la obra. El prólogo de las editoras ayuda a
contextualizar este tema, pero aun así es de esas obras a las que hay que
volver para estudiar, leer entre líneas y extraerles todo el jugo. Comentarios
como este
de Carmen Romero también son muy interesantes. Disfruto mucho de las historias
que merecen esta atención, este intercambio de lecturas y análisis. Si además
añadimos su brevedad, la magia de la que la envuelve Allan, su prosa tan
particular, la excelente traducción de Silvia Schettin y la edición de Susana Arroyo, no puedo por
menos que recomendarla.
1. Lee esta
entrevista.
2. Lee Brebaje.
Puede que no sea su obra más sobresaliente, pero deja con
ganas de leer mucho más de la autora. Me ha parecido una buena forma de
conocerla. Directa, entretenida,
divertida en su punto justo, con una mezcla entre fantasía y ciencia ficción,
una protagonista carismática y algún misterio que resolver.
Balbina Vital es una maga del espectáculo que encuentra
trabajo en un resort de vacaciones bastante particular, pero el primero de sus shows no acaba muy bien. Esto lleva,
entre otras cosas, a una reflexión
bastante interesante (y metaliteraria) sobre la mediocridad, el talento y el
esfuerzo, también sobre la seguridad que nos da creernos invencibles. Este
mensaje es muy importante para aposentar una realidad algo estrambótica, puesto
que todo lo que envuelve a Balbina puede resultar ajeno, pero ella es muy
cercana.
Me ha gustado cómo se van desvelando poco a poco los detalles sobre el lugar y el misterio
que lo envuelve; la estructura en cierto modo circular que tiene la
narración. Sin embargo, esa ligereza que en ocasiones tanto se agradece en la
narración, aquí ha hecho que me sepa a poco, que las páginas pasen en un
suspiro y que necesite algo más. Quizá empezarlo de nuevo, analizar con más
atención alguno de los aspectos más interesantes de la obra, si la
certificación de que el karma existe tiene una influencia real en los
acontecimientos o solo es un ruido de fondo que contribuye a la sensación de
ilusión. Creo que será una obra interesante de comentar con Tres marcianos y medio, así que os
invito a acompañarnos en nuestra disertación.
Esta es la primera novela corta de una trilogía que espero
que dé tanto que hablar en España como lo dio hace cuatro años en EEUU. Es una lectura corta, fluida, amena y no
por ello exenta de profundidad. Binti es una joven de dieciséis años que se
escapa de casa para ir a la Universidad… a varias semanas de viaje desde la
Tierra. Eso la hará enfrentarse a tres cuestiones que también son fundamentales
para entender y disfrutar esta obra:
-El racismo.
Binti es himba, una comunidad nativa de Namibia con una cultura propia asentada
desde hace siglos que Okorafor dibuja con algunas pinceladas en esta obra. Los
himba se cubren con otjize, una
mezcla de arcilla con flores. Tanto por su aspecto como por sus costumbres son
señalados por los khoush (una etnia
inventada inspirada en los árabes). Binti vivirá varias situaciones en las que
será tratada de forma diferente solamente por su aspecto.
-El trauma. En
este caso será doble, pues la golpearán tanto la nostalgia por su familia y su
pueblo como la terrible situación que deberá afrontar durante su viaje. Quizá
podría haberlo hecho notar más, pero la autora también espera que el lector
ponga de su parte y entienda las reacciones de Binti a partir de lo que le
sucede.
-El pacifismo.
Hay muchas historias donde llega un punto en que hay que elegir entre la vía
diplomática y la violenta, y en los últimos años ha habido una profusión de
elecciones por la segunda, como si sin violencia no pudiera haber conflicto. Lo
cierto es que el conflicto sigue existiendo, pero la vía diplomática es más
lenta y tiene menos acción y requiere más confianza en las personas. Una de las
cosas que enseña Binti es que podemos ser mejores.
Sin entender cómo trata Okorafor estos tres aspectos es difícil comprender cómo evoluciona la trama. A mí me ha ganado por las tres cosas. Aunque he echado de menos más desarrollo del mundo que crea, se nota que no es ni de lejos la intención de la autora centrarse en ello, sino en la experiencia de Binti, en qué es lo que cambia su vida. Y eso lo plasma muy bien.
Es de agradecer la traducción de Carla Bataller, que hace que esta obra se lea en un abrir y cerrar de ojos. Por suerte no tardaremos mucho en tener la segunda parte, porque me da la impresión de que ayudará a entender mucho mejor esta primera entrega.
Sin entender cómo trata Okorafor estos tres aspectos es difícil comprender cómo evoluciona la trama. A mí me ha ganado por las tres cosas. Aunque he echado de menos más desarrollo del mundo que crea, se nota que no es ni de lejos la intención de la autora centrarse en ello, sino en la experiencia de Binti, en qué es lo que cambia su vida. Y eso lo plasma muy bien.
Es de agradecer la traducción de Carla Bataller, que hace que esta obra se lea en un abrir y cerrar de ojos. Por suerte no tardaremos mucho en tener la segunda parte, porque me da la impresión de que ayudará a entender mucho mejor esta primera entrega.
Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
lunes, 28 de mayo de 2018
Revolucionaria, feminista y geek
Esta es la historia de cómo comentar un libro que te ha tocado intelectual y emocionalmente a todos los
niveles sin soltar grititos ni dar saltitos por doquier. Es una de las ventajas
de escribir tu opinión en lugar de grabarla en vídeo y subirla a youtube, o
quizá una de las desventajas, según se mire.
Siento devoción por las pasiones de la gente. No importa si
hablan del tema más aburrido del mundo; si transmiten la pasión que sienten por
él, me quedo embobada escuchando. Durante una parte de mi vida (y aún hoy me
ocurre a veces), sentía que era incapaz de transmitir algo así por mi forma de
pensar lógica y analítica. Quizá sea un poco vulcana. Pero lo cierto es que la
gente cambia, yo he cambiado, y gran
parte de lo que cuenta La revolución
feminista geek es la historia de ese cambio. ¿Cómo no te va a apasionar
que te cuente tu propia vida alguien que ni siquiera sabe que existes? Pues,
precisamente por ello, es todavía más emocionante. Porque esta es la historia
de Kameron Hurley, pero también la mía y la de muchas otras que un buen día
encontramos unas gafas moradas por el camino. Saber que alguien que vive a
miles de kilómetros, y que ha vivido experiencias tan diferentes, ha llegado a
las mismas conclusiones que tú da una sensación de pertenencia a grupo que no consigue
ninguna afirmación del tipo «No estás sola».
En esta serie de ensayos, Hurley relata algunos hechos de su
vida para acercarnos a dos temas principales: la perspectiva de género en la literatura y la perseverancia en la
escritura. Aunque pueden parecer bastante específicas para el oficio, creo
que es fácil extrapolarlo a cualquier disciplina, ya sea o no artística.
Comentaré primero este segundo tema, más concreto, y que
trata sobre todo en la primera parte de la colección: «Subir de nivel». La autora relata una verdadera carrera de
esfuerzo y tenacidad a lo largo de los años, de rechazos acumulados y
esperanzas frustradas, de cómo lo más
difícil no es llegar, sino mantenerse. Dedica muchas líneas a hablar del
engaño del talento, sin despreciarlo pero también sin vanagloriarlo, porque el
oficio de escritor puede aprenderse y se mejora con la práctica.
Incide mucho en la perseverancia, en aprender de los fracasos, y me parece una buena enseñanza tanto para
los que estamos empezando como para los que ya llevan años ahí. No importa que
sea algo que ya sepas y te han repetido, quienes escribimos somos así de
masocas y necesitamos oírlo y leerlo una y otra vez.
La perspectiva de
género y el feminismo es un tema continuo, que aparece en casi todos los
ensayos, de una forma u otra. En primer lugar, y enlazando con el tema de la
escritura, Hurley no olvida el esfuerzo extra que supone para las mujeres
llegar al mismo lugar que un hombre. No importa cómo seas, pienses o escribas,
tanto editores como público tienen prejuicios en base a tu género y eso genera
unas expectativas en torno a tu obra de las que no eres responsable. Es algo
que sabemos de una forma u otra, aunque cuando no sabemos ponerle nombre es común que caigamos en el argumento
misógino de sentirnos como hombres y que las mujeres sean «otras». También
es común sentir como una victoria general la individual, pero la autora ya
advierte que «Una sola victoria no significa nada» mientras el sistema patriarcal
siga institucionalizado en todos los aspectos de nuestra vida.
Hurley persigue su propia evolución para lanzar un mensaje de sororidad continuo. Ya no
solo en el premiado «Siempre hemos luchado», en muchos de los ensayos señala no
solo que somos muchas, sino que ha habido otras antes que nosotras. Es un mensaje de esperanza y fortaleza,
puesto que ahora estamos mucho más en contacto gracias a las redes sociales,
«incluso si a menudo discutimos entre nosotras en Twitter, y nos criticamos
nuestros argumentos de mierda, puntos muertos y gilipolleces». Porque no se
trata de ser amigas, sino de construir algo mejor entre todas, cada una de la
forma que mejor creamos, y dejar algo mejor a la próxima generación; derribar
muros y ayudarles a superar los que quedan para que no se vean ante la titánica
perspectiva de hacerlo todo desde el principio.
También hay muchas páginas dedicadas a la responsabilidad de las historias que contamos, del discurso que
crean y tiene su eco en la realidad. Vivimos en un mundo diverso, aunque muchos
hayamos crecido en la visión de que el defecto es el hombre blanco heterosexual
y el resto somos excepciones, incluso cuando constituimos el 50% de la
población. Hurley sigue acudiendo a sus propias experiencias para ilustrar
estas afirmaciones y reivindicar la necesidad de una literatura más plural. Si
ahora hay un hueco para ella es porque los lectores la exigimos, buscamos
autoras, o historias con personajes no normativos, o sistemas socioculturales
en los que no se imiten las mismas jerarquías que tenemos.
Además de ejemplos personales, el apartado «Geek» está dedicado a analizar elementos o construcciones en
productos culturales como son series o películas. Habla de cómo ensalzamos
a los monstruos e invisibilizamos a las mujeres, o reducimos sus circunstancias
a las del propio cuerpo. Comenta lo perezoso que resulta que la acción de las
mujeres provenga de un asalto
sexual, y reinvindica que la solución es buscar otras alternativas, ya no
solo para no perpetuar un estereotipo sino para enriquecer la historia.
La tercera parte, «En
lo personal», es la más dura, pero donde más he aprendido. Dependiendo de
las razones de cada lector para leer este libro, puede que esto le resulte más
o menos interesante. Para mí ha sido una clase sobre madurez y valoración de lo
que poseemos, tanto a nivel personal como a nivel institucional. En un periodo
en que cada año se reduce la inversión en la salud pública de nuestro país,
leer las dificultades que acarrea un sistema como el estadounidense (al que
quería, si no lo ha hecho ya, volver Trump) debería enseñarnos la suerte que
tenemos y solidarizarnos todavía más con aquellos que ni siquiera disponen de
eso.
No obstante, creo que la parte más importante es la relativa
a la gestión de las redes sociales. No son clases de marketing, sino más bien qué supone cómo respondes a las críticas y
cómo te comportas ante las movidas que hay todos los días en redes sociales.
El mote de sierpe me viene por algo, entre otras cosas
porque cuando me enfado puedo soltar mucho veneno; no es nada nuevo, nunca me
he escondido en este sentido, y lo cierto es que me ha ido mejor que intentando
ser diplomática. Ya lo he dicho antes, soy medio vulcana, medio humana. Eso me
permite entender razones y motivaciones de mucha gente y empatizar con ellas,
aunque no esté de acuerdo al 100% en ningún discurso. Pero eso también hace que
me lluevan críticas de todas partes, lo cual me ha generado bastante ansiedad,
largas conversaciones y demasiadas situaciones incómodas.
Con el tiempo he aprendido a responsabilizarme solo de mis
propias palabras y actos y a entrar cada vez menos en según qué discusiones
que, preveía, solo me generarían disgustos. Intenté callarme, pero tampoco
funcionó. «Era patético. No sirvió para nada. Aun así vinieron a por mí.
Incluso fue más fácil despreciarme, ignorarme, dar por supuesto que no era más
que alguien sobre la que todos podían pasar por encima y escupir basura sexista
y racista sin que nadie les llevara la contraria». Vaya, parece que no soy la
única que ha pasado por ahí. Eso sí, llevaba un tiempo en que no sabía
gestionarlo. Porque tampoco sé dejar de generar discordia. Tengo mis opiniones,
más o menos acertadas, y de vez en cuando la cago. Pero hay gente que sabe
perdonarme y otra que no, o incluso a quienes directamente les caigo mal e
ignoro por qué me leen. Solo merecen la pena las personas del primer grupo. El
resto es humo, ni mis amigos ni mi público no están ahí. Ya pasé una época en
la que intentaba ser otra persona para tener más amigos. Tenía trece años y
sufría bullying. No funcionó. No
funcionará ahora. No voy a dejar de ser
yo para agradar a nadie. Voy a seguir siendo imperfectamente yo, y quien
quiera aguantarme y leerme lo hará con conocimiento de causa. No voy a negar que
leer a Hurley me ha ayudado a reafirmarme en esto, porque a veces solo
necesitas una voz externa para animarte a seguir ese camino, aunque quizá no
sea el mejor, eso el tiempo lo dirá.
Sin embargo, también tiene razón en otra cosa, y es que no merece la pena enclaustrarse en un tema
o persona en particular. En primer lugar, porque te roba tiempo y energías;
en segundo, porque centrarse en una situación tóxica y convertirla en un tema
asiduo es una forma más de silenciarte; y, por último, porque las olas de odio
solo generan más odio, luego tenemos que vernos las caras y pueden volverse en
tu contra. Es mucho mejor bloquear, silenciar y cortar todo contacto.
«¡Totalmente justo y saludable, incluso deseable!».
Tampoco es que esté de acuerdo con toda su visión. Hurley es
muy amiga de las mujeres brutales y desagradables, y, aunque me gusta mucho ese
tipo de personajes, creo que no es la única manera de reflejar a una mujer
fuerte. No obstante, es la propia autora quien da la solución: «Es lo que
calificamos de "blando" o "femenino" lo que hace posible la
civilización. […] No lastraba a mis personajes con estereotipos forzados,
conflictos predecibles y fracasos imaginativos. Buscaba las distintas formas en
que expresamos nuestra humanidad. Escribía sobre personas. No caricaturas».
Para mí, la clave está en crear mujeres diversas, que hagan cosas, no solo que
les pasen cosas. Lo comenté, por ejemplo, al hablar de La armadura de la luz (Minotauro,
2017): Iviqui tiene pequeños momentos de esplendor en los que elige su propio
camino, pero la mayoría del tiempo se ve arrastrada por las circunstancias.
Tiene un papel activo, sí, pero el peso de la narración no recae sobre ella. No
digo que eso esté mal, es un modo de enfocar el relato que depende mucho de
cada historia. Solo digo que personajes como Akko (Little Witch Academia), a pesar de estar llenos de
estereotipos más que discutibles, son mujeres
fuertes sin ser violentas o guerreras. Su fortaleza reside en su tenacidad,
en la persecución de su sueño a pesar de las dificultades. Podemos crear narraciones desde ahí y desde muchos otros ángulos
para no llenar las estanterías de un nuevo arquetipo.
Me parece que ya he hablado suficiente de muchas de las
ideas que me ha transmitido este libro. Para mí ha sido un viaje apasionante,
donde he aprendido a conocerme mejor a mí misma y analizar varios de mis
comportamientos. Si tuviera que destacar las tres temáticas que más me han
entusiasmado las resumiría en: sororidad,
visibilización y empoderamiento. Quizá esto te haga pensar que es un libro
dirigido en exclusiva a mujeres, pero no es así. Es cierto que cuando la autora
interpela al lector se refiere a una mujer escritora, pero como ya he dicho
antes, puede extrapolarse tanto a otros trabajos como a otros colectivos
oprimidos. Incluso así, recomiendo su lectura a hombres que quieran entender
cómo vivimos la opresión e invisibilización sistémica las mujeres, o cómo
entendemos la literatura y su mensaje, siempre con un acercamiento abierto.
Porque «podemos escoger el camino seguro. O podemos escoger tomar parte en la
construcción de algo mejor». Y necesitamos
a todo el mundo para construir un futuro mejor.
Título: La revolución feminista geek
Autora: Kameron Hurley
Traductor: Alexander Páez
Editorial: Alianza Runas
Encuadernación: Tapa dura
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 264
Precio: 18,50€ / 12,98€ (ebook)
Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
jueves, 3 de mayo de 2018
~Reseña~ La cámara sangrienta, o el simbolismo de la sensualidad
Hay un culto a Angela
Carter bajo los adictos a la acción y el fantástico moderno. Es difícil huir del hechizo que se genera
al leer su obra, una mezcla de fascinación e incertidumbre que hace que el
aire se espese a nuestro alrededor y que el mundo pierda consistencia por el
reajuste de densidades. Con La cámara sangrienta, la autora
revela una visión muy particular de los cuentos clásicos, llena de símbolos,
colores y sensualidad. En el caso de esta edición de Sexto Piso, estas
características quedan potenciadas con los dibujos de Alejandra Acosta.
La colección se abre con el relato homónimo "La cámara
sangrienta", una versión
del cuento de Barba Azul que encierra todas las peculiaridades de
Carter: el ambiente gótico; el estilo recargado, con figuras imaginativas; la
dama protagonista, su sensualidad; el contraste entre el blanco de la piel o la
nieve, la oscuridad y la sangre. La autora teje una historia en la que las
mujeres cumplen un papel activo, alejándose de la pasividad de los cuentos
clásicos.
Este hecho es una constante en todos los relatos, si bien
son muy diversos entre sí. Tanto "El cortejo del señor León" como "La
novia del tigre" son versiones de La
Bella y la Bestia, aunque creo que se
acercan más a la de Villeneuve que a la de Beaumont. Mientras el primero se
centra más en la reacción a lo extraño frente a la naturalidad del trato, el
segundo se adentra en el simbolismo y en el despertar sexual de la mujer. No es
este un tema impropio de los cuentos clásicos, al contrario, es el mismo
trasfondo que el de otras historias como La
bella durmiente; la diferencia radica en cómo maneja Carter la situación. La protagonista es quien tiene el poder
de decisión, es la Bestia quien parece ser el ser inocente.
![]() |
| "La novia del tigre", por Alejandra Acosta |
Hay otro cuento, "La dama de la casa del amor", en
la que parece mezclar elementos de estos
dos clásicos. Aparece la barrera de espinos y la figura del
"príncipe", si bien este toma la forma de la "Bella",
extraña e inocente en el castillo. La Bestia se corresponde con una joven
vampiresa. Este quizá es el relato que más recuerda a "La cámara
sangrienta", por su exposición y su simbología. Es central la contraposición entre perfección e imperfección,
sobrenaturaleza y humanidad, sin duda una crítica al estereotipo de belleza,
aunque Carter no parece huir de él en el resto de historias.
"El gato con botas" diría que es una sátira sobre las historias de amor cortés.
El propio gato se ríe de su amo, su ceguera ante el amor y las peripecias que
inventa para alcanzar su objetivo. La
mujer es partícipe del plan y responde más a la imagen tradicional de
villana: quiere disfrutar de su sexualidad y la fortuna de su esposo.
Tanto "El rey de los trasgos" como "La niña
de nieve" son cuentos mucho más
poéticos y simbólicos que el resto. El primero, de hecho, tiene más de
descripción que de narración, mientras que el segundo recupera algunos
elementos de Blancanieves para acabar
con una escena de lo más truculenta.
En los tres últimos relatos de la colección, "El hombre
lobo", "La compañía de los lobos" y "Lobalicia", como
podréis adivinar, Carter se centra en la figura del lobo y el licántropo. En
los dos primeros casos se basa en el cuento de Caperucita, mientras que en el
último hace un juego de espejos con Alicia. Es importante cómo empodera la figura de la niña, le da un
cuchillo y la arma de decisión. En el caso de "Lobalicia", es
fascinante cómo describe el proceso de madurez al tiempo que narra una historia
paralela, cómo contrasta el animal con el humano, en esa forma tan violenta que
tienen las personas de reaccionar frente a lo diferente. Sin embargo, no escapa
del tópico de la maldad de los lobos.
![]() |
| "La compañía de los lobos", por Alejandra Acosta |
Es constante la mención a la sangre, las rosas, los pezones
rojos, los labios rojos, la capucha roja, incluso utiliza el término menstruación como metáfora. Estos símbolos,
junto a la sensualidad de sus mujeres y el hecho de hacerlas elementos activos
de la narración, son los que hacen que se hable de La cámara sangrienta como una obra
feminista y transformadora. No obstante, dado el momento en el que estamos,
en el que el feminismo empuja fuerte de nuevo y los retellings se han adueñado de la cultura popular durante los
últimos años, puede que esta característica de la obra de Carter se nos quede corta y no nos sepa a nuevo.
A mí me ha maravillado más por la fuerza de sus imágenes que por el trasfondo
empoderante.
Es una colección estudiada, con un orden muy medido, aunque
a ojos del lector hay relatos que,
inevitablemente, destacan más que otros. En mi caso han sido los de
"La cámara sangrienta" y "La dama de la casa del amor",
aunque las razones sean bastante subjetivas. El estilo recargado puede llegar a
aburrir en cierto punto, cuando se prima más el simbolismo y la narración entre
líneas que la propia historia. Pero es que donde puede encontrar un lugar de
honor Angela Carter es en el estudio de
su obra y en la lectura apaciguada. Es de esos libros que se aprovechan más
a lo largo del tiempo que con el atiborramiento, de los que merece la pena
comentar entre varios, en un club de lectura o con algún académico. Seguro que
lo enriquecería muchísimo.
Yo recomendaría
hacerse con Quemar las naves, que
incluye también estos relatos y muchos más, y proponerse disfrutar de ellos de
forma pausada. Querréis volver a muchos de ellos.
Título: La
cámara sangrienta
Autora: Angela Carter
Ilustradora: Alejandra Acosta
Traductor: Jesús Gómez Gutiérrez
Editorial: Sexto
Piso
Encuadernación: Tapa dura
Año
de publicación: 2014
Nº
páginas: 180
Precio: 23€
Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

































