Mostrando entradas con la etiqueta Consejos para escritores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Consejos para escritores. Mostrar todas las entradas
miércoles, 4 de julio de 2018
Pasar el muro, surcar las olas
El primer salto.
Ahora estoy dentro. Aunque siga viéndome fuera. ¿Cuánto tarda uno en creer
que ha publicado algo de forma profesional? ¿Cuando tiene el libro en sus
manos, cuando los lectores que leen contigo empiezan a leerte A TI? Hace tiempo
que se me quitó la vergüenza de llamarme escritora, que dejé de ver el ego y la
posición que implicaba para otros. Escribo, leo con ojos de escritora, intento
desentrañar los recursos y las estructuras de otras, encontrar sus intenciones,
cómo las plasman, si son o no efectivas, qué es lo que me gusta a mí. Ni soy
famosa, ni preveo ganarme la vida con esto (la mayoría no lo hacen, de todas
formas), ni tengo mucho público (aunque el que tengo es maravilloso). No soy
mejor que muchas (muchísimas) compañeras ni pretendo venderme como tal. Tampoco
soy una bohemia en un ático vintage con una máquina de escribir y un vaso de
vino en la mano. Solo escribo. Soy
escritora. Fin.
Pero ahora estoy al otro lado, como dice Hurley en La
revolución feminista geek. Ahora me van a publicar y parece que la
perspectiva cambia. No me siento mejor
ni más importante, solo más responsable. Por mis relatos, tan diferentes
entre sí, y por las que se sienten como yo me sentía hace apenas unos meses. Y
como seguramente vuelva a sentirme en unos pocos. Porque aquí… la cosa es
diferente, o al menos yo la veo así. El muro no es sólido ni opaco, una vez
entras no te quedas para siempre. Es una fina lámina de agua que te engulle y
te expulsa como un mar embravecido, estás dentro y a nada estás fuera. Solo
algunas afortunadas consiguen permanecer en el interior de forma constante,
pero no sin mucho trabajo y esfuerzo.
Sin embargo, el
trabajo y el esfuerzo no te aseguran que las olas te reciban. También se
necesita suerte. Por eso escribo este artículo. Porque sentí la humedad
asfixiante y muchas veces quise abandonar, ahogada por la pesadez del ambiente
y el rechazo del océano. Pero nunca tiré la toalla del todo. Y al final, en el
momento oportuno, los sueños se cumplen (que diría Miriam). Lo desesperante es
no saber cuándo será ese momento. Siempre he dicho que la incertidumbre es
mucho peor que la negación. Pero eso deja clara una cosa: publicar, que alguien elija tu obra para que vea la luz, no te da la
excelencia. No hay una diferencia real entre permanecer en la orilla y
estar en medio del oleaje; no en cuanto a calidad, me refiero. Si no, ¿qué
pasaría con las autoeditadas? (Estoy utilizando el femenino genérico a
propósito, porque puedo, básicamente). ¿Son menos porque "nadie las ha
elegido"? Nada más lejos.
¿Qué es la
excelencia, de todas formas? ¿Ser reconocida, vender mucho, tener más de 4
estrellas de media en GR, que te premien con una piedra? Todas estas cualidades
pueden formar parte de la excelencia, pero lo cierto es que va a depender de a quién le preguntes.
Considero que en cualquier arte siempre hay un componente subjetivo. He leído
textos impecables que me han dejado fría y otros mediocres que me han provocado
emociones muy intensas. Todas conocemos libros que parecen escritos por un
generador de sinopsis y se venden como churros. Así que, ¿por qué somos tan
jodidamente duras con nosotras mismas, por qué nos fustigamos tanto al
compararnos con otras? Por supuesto que tenemos
que aspirar a la excelencia, debemos trabajar en mejorar cada día, pero eso no
nos puede bloquear.
Además, ¿por qué hoy se me considera mejor que hace un año?
¿Porque me van a publicar? Solo uno de los cuatro relatos que verán (o han
visto) la luz este año ha sido escrito en 2018. Solo uno. Esta es la breve historia
de todos ellos, porque quizá ahora me haya engullido el mar, pero he estado en
la orilla y volveré a ella, lo sé. Regreso con cada convocatoria, a cada
momento me cuestiono mi capacidad. ¿Se puede estar en dos sitios a la vez?
Quizá en este lugar de locura e imaginación. Escribir es una vorágine, al fin y
al cabo.
Empecemos por el principio, por Cazadora de sueños. Publicado
en Libros Prohibidos hace poco más de un mes. Un pequeño aperitivo para El pasado es un cazador paciente, la
novela corta que publicaré próximamente con Sportula. No fue intencionado, pero
cuando me pidieron un relato yo estaba inmersa en las últimas revisiones de la
historia de Marina antes de enviarla a editoriales, y había un pequeño aspecto
de este personaje en el que quería profundizar. Así que la historia surgió
sola, Marina volvió a contarme su pasado y algunos aspectos del mundo en el que
vive que no había podido tocar en la novela. Si Javier Miró (La armadura de la luz, 2017) no me
hubiera hecho la oferta, quizá este relato no existiría. Y por eso le estoy
inmensamente agradecida. Porque, os guste más o menos, Cazadora de sueños cuenta
algo muy importante: el derecho que tenemos a elegir sobre nuestro cuerpo y
nuestros sueños.
Unas semanas después, La Maldición del Escritor
hacía público el fallo de la convocatoria de Iridiscencia, una
antología con relatos de fantasía, ciencia ficción y terror con personajes
LGTBIA. Oh, sí, añado la A con toda la intención, porque "Desconexión" fue seleccionado y sus protagonistas están en el espectro ace. Me hace muchísima
ilusión que haya entrado y con unas compañeras tan maravillosas. Ojalá no
hubiera que demostrar que los personajes no heteronormativos pueden
protagonizar una historia sin que esta gire en torno a su sexualidad, pero ya
que es una lucha que sigue en pie hoy en día, para mí es un placer poder
participar en ella. Sin embargo, "Desconexión" no es un relato que
escribiera expresamente para esta convocatoria. Lo escribí el pasado noviembre
con la vista puesta en Alucinadas IV y,
como podéis deducir, no fue seleccionado. Y, además, es una historia que no
hubiera nacido tal y como es de no haber leído antes La mirada extraña, de Felicidad
Martínez, y El
largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers.
Sigamos con "Vienen
con el frío", que aparecerá en
el nº
11 de SuperSonic (en papel y
digital). Este cuento tiene historia. Es un relato de terror que escribí hace dos años y medio para una
convocatoria sobre casas encantadas. No fue seleccionado. Reescribí algunas
partes que habían quedado flojas y el final. Lo mandé a otra convocatoria
similar, tampoco fue seleccionado. Al cabo de unos meses lo volví a revisar y
así se quedó en el cajón cogiendo polvo hasta que Cristina Jurado le dio la
oportunidad. Para entonces yo ya le había cogido un poco de manía y, si le
sumamos mi inseguridad, es la historia por la que más nerviosa estoy. ¡Pero si
le ha gustado a Cristina Jurado, con lo que la admiras y toda la experiencia
que tiene a sus espaldas! Pues eso es precisamente lo que hace que no me
esconda debajo de una piedra, así que mil
gracias a Cristina por su confianza y por todo el trabajo que realiza por y
para el género en España.
Finalmente, os hablaré de "Por la colectividad", que aparecerá gracias a la Asociación Heroik en Damas
verdes (y también algún caballero). Este es mi intento de dinoporno que
no seleccionaron en el Visiones del año pasado y que seguramente quede sepultado
por el de Rafa
de la Rosa. Pero son mis ranitas
espaciales y las quiero. Y Begoña Pérez Ruiz también las quiso y las ha
cuidado con mimo y ha puesto a mi gran amigo Mangrii a prologar. Y sé que lo
único que puedo hacer para agradecer a Begoña esta apuesta es seguir
escribiendo, como hace ella, todos los días y sin perder la esperanza.
Como podéis ver, menos Cazadora
de sueños, el resto de relatos
fueron escritos en 2017 o incluso antes, y todos fueron rechazados en primer
lugar. ¿Rechazados? Bueno, quizá sea mejor decir "no elegidos".
Porque no es lo mismo coger un montón de relatos y decir "tú no y tú
tampoco" que decir "tu sí y tú también", y que el tuyo se quede
fuera. Me parece una diferencia bastante grande. Y no porque yo quiera venderos
que mis relatos son la leche (que también, claro, que de algo hay que comer)
aunque no los cogieran en primera instancia, sino porque es así como funciona.
Fui parte del jurado con La Nave Invisible del I Premio Ripley y hubo bastantes
relatos que no entraron en la selección final que eran muy buenos (cosa que al
parecer se ha repetido con la segunda edición). Uno de ellos ganó un premio en
un certamen posterior. También participé como seleccionadora en la III convocatoria
de Windumanoth y varios relatos que me encantaron se quedaron fuera y han sido
publicados en otras plataformas.
¿Con esto qué quiero decir? Que no soy mejor ahora que hace un año. Y vosotras tampoco. En esto de
publicar entra en juego más gente. Ahora llevo tres meses sin escribir nada de
ficción y me está costando mucho ponerme con ello. ¿Seré peor el año que viene
si no consigo publicar nada? Hace unos días Guillem López hablaba en esta
entrevista sobre estos tiempos locos editoriales, en los que necesitas
estar continuamente surcando las olas, porque si vuelves a la orilla es posible
que no vuelvas a bañarte. Y lo triste ya no es que sea una estrategia fatal
para la producción literaria de calidad, sino que nosotras mismas, desde que
empezamos, contribuimos a esto. Porque parece que si el agua deja de mojarte
los pies ya no eres digna, si tu obra no supera la anterior eres una decepción.
La búsqueda de la excelencia, en vez de empujarnos, nos bloquea. Y eso es lo
que ha cambiado verdaderamente en mí una vez he podido chapotear. Que me siento
responsable porque todas las obras de las que os he hablado hoy son muy
diferentes entre sí. Hay ciencia ficción, fantasía y terror, unas son más
profundas y otras son puro entretenimiento. ¿Decepcionarán unas por las
expectativas que han generado las otras? ¿Decepcionaré yo si dejo de producir? Hurley
tiene razón cuando habla de que lo complicado no es llegar, sino mantenerse. Y
añado: lo complicado es mantenerse sin
obsesionarse en esta dinámica que se ha creado en el sector.
Así pues, con este artículo lo que quiero transmitir es lo
siguiente: se puede; la tenacidad y el esfuerzo son importantes pero la suerte
es un factor a tener en cuenta; las obras no se rechazan, no son elegidas;
disfrutad mientras podáis con lo que escribís. Espero que los ejemplos
personales que os he puesto os hayan servido. No os rindáis nunca.
PD: Estaré en el Celsius 232, y las tres revistas/antologías
que os he comentado hoy parece que también, por si queréis comentar algo. Con
una birra en la mano se hace mejor ^^
viernes, 1 de diciembre de 2017
NaNoWriMo: Toda una experiencia
Aparte de subir algún relato de vez en cuando, no suelo
hablar mucho por aquí de mis procesos de escritura o los proyectos en los que
estoy trabajando (aunque es cierto que hablé
del Campnano hace unos meses). Pero este noviembre me he embarcado en lo
que algunos calificarían de locura (y no les faltaría razón): el NaNoWriMo.
Para quien no lo sepa, este es el acrónimo de "National Novel Writing
Month", un proyecto creado por Chris Baty en 1999 en EEUU. Como podéis
imaginar, ya no es tan "nacional", pero el objetivo es el mismo:
escribir una novela de 50000 palabras en un mes (empezándola el día 1, por
supuesto). En su web lo
explican todo muy bien así que no me voy a extender más en la teoría y voy a ir
a la práctica.
miércoles, 2 de agosto de 2017
CampNaNoWriMo: antes, durante y después
¡Por fin he terminado un CampNano! Para los que no lo sepan, el Nanowrimo es un reto de escritura que se realiza en noviembre y que consiste resumidamente en escribir 50000 palabras en un mes. Así, sin vaselina ni nada. Para ir ensayando, en abril y julio se realizan algo así como campamentos del Nano, retos similares donde cada uno se pone su propia meta.
En abril me apunté pero apenas escribí nada. ¿Por qué? Pues
por lo mismo de siempre. LA VIDA. Proyectos, lecturas, compromisos, fiestas,
amigos, familia… cualquier cosa es una buena excusa. Además, soy una escritora
lenta y me agobio mucho, necesito la mente despejada y que nadie me moleste ni
esté detrás de mí para no romper la poca concentración que haya conseguido
reunir. Esto es algo que me lleva ocurriendo años, y ha hecho que escriba
bastante poco y en general relatos cortos o microrrelatos (más o menos los quepodéis leer en el blog), sobre todo para concursos, que es lo único que me
motivaba algo más a dejar de lado el resto de asuntos.
Sin embargo, creo que gracias en gran parte al corrillo de
escritores más o menos noveles (sí, y a la presión de Cerbero, para qué nos
vamos a engañar), estos últimos tres meses me he forzado todo lo que he podido
para ponerme delante de la libreta y del ordenador y escribir. Pero no ha sido
hasta julio, con el CampNano, que me lo he tomado verdaderamente en serio. Y
además de haber conseguido el objetivo que me propuse (20000 palabras), he
sacado varias conclusiones que me gustaría compartir con vosotros:
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Abusar tiene consecuencias
En un principio no iba a escribir este artículo porque
total, Rocío Vega ya lo había dicho (casi) todo en su momento. Pero luego
recordé a Concha Perea hablando de roles de género, junté
ambas ideas en mi cabeza, y ¡pum! se convirtió en chocapic esta entrada
que lees.
Hace mucho que leo, mucho que leo fantasía y mucho que leo
fantasía adulta. Al mismo tiempo, hace muchos años que escribo relatos, que
tengo ideas para novelas, incluso algunas que llegué a abandonar. Y en todo ese
tiempo apenas había sido consciente o me había planteado cómo se utilizan los
personajes femeninos en algunas historias para que la trama avance o cómo se
caracterizan para que no sean simples floreros. De personajes femeninos ya
hablé y hablaron muchos colaboradores hace
unos meses y sobre tests tiene un extenso
análisis Cuervo Fúnebre, así que no me extenderé mucho en esa parte e iré
al grano.
martes, 4 de octubre de 2016
Qué no esperar de una reseña
¡Hola, lagartijillas! Interrumpimos el horario habitual para traer una invitada de lujo al blog. Alister Mairon, de Escribe con ingenio (un sitio que os recomiendo mucho, sobre todo si sois escritores y os gusta eso del worldbuilding, aprenderéis un montón de cosas) y autora de Sub-suelo y Sorgina (fantasía en la Asturias del s. XVII, publicada por Ronin literario y que podéis encontrar a precio libre en lektu este octubre). Os dejo con ella.
Vamos a ser sinceros: escribir es un proceso largo,
complejo y agotador. Cuando terminas tu obra, después de meses de encierro y
aislamiento social, lo último que quieres es que todo ese esfuerzo caiga en el
olvido. Por suerte, querido escritor, para evitar que eso ocurra contamos con
el inestimable apoyo de los reseñistas.
Sí, existen personas dispuestas a dedicar parte de SU
tiempo a leerse y comentar TU obra. Sin embargo, esta muestra de altruismo no
debe se tomada por los juntaletras como una invitación a barra libre de
propaganda.
No, amigo. Eso no funciona así. Y además es muy desagradable para la
persona que reseña tener que soportar las quejas y exigencias de los autores
cuyas obras decidió reseñar.
Como a parte de escribir también reseño aquellos libros que voy leyendo, he decidido ilustraros sobre aquello que un
autor no debe esperar de una reseña.
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Las etiquetas de Schrödinger
¡Hola! Hoy quiero daros mi opinión sobre las etiquetas. Esas etiquetas que son buenas y malas a la vez, que cuando acabas de ponértelas estás tan cómodo y al rato te empieza a picar todo como si hubieras estado limpiando paraguayos todo el d…
«Señora sierpe, ¿de qué está
hablando?»
«Pues de etiquetas…»
«…¿de ropa?»
No, no, os explico. ¿No os ha
pasado nunca que estáis tan contentos con el último libro que os estáis leyendo
hasta que viene alguien y os dice que cuándo vais a leer cosas de verdad y a
dejar esas dragonadas para niños? En ese momento haces como que te pica todo y
empiezas a rascarte con tal de no soltarle alguna bofetada a tu interlocutor, o
como mínimo, a morderte la lengua.
jueves, 28 de abril de 2016
La presión del escritor
Según
la RAE, la presión es la fuerza moral o influencia ejercida sobre una persona
para condicionar su comportamiento. Todos
vivimos bajo una presión constante, muchas veces tan arraigada en nosotros
que convivimos con ella de forma natural, sin ser conscientes de que está ahí.
Las leyes, la moralidad, las convenciones sociales: todo influye en nosotros sin que
podamos afirmar de forma vehemente si algo lo hacemos porque realmente queremos
o porque los elementos que nos presionan nos llevan a ello.
Sin
embargo no quiero hacer un ensayo filosofo-psicológico sobre el tema, sino
hacer una reflexión (diría que breve, pero me estaría engañando a mí misma)
sobre cómo nos afecta la presión a la
hora de escribir (aunque también se puede extender a otros ámbitos, por
supuesto) y cómo podemos usarla a nuestro favor y evitar que se ponga en
nuestra contra.
Hace
unos meses publiqué una entrada con algunos consejos sobre concursos literarios
y sobre cómo podían hacer que dejáramos de procrastinar y comenzáramos a
escribir. En uno de los apartados mencionaba la fecha límite como un punto para motivarnos y comenzar una rutina
de escritura. Esta fecha es un punto que nos presiona a cambiar nuestros
hábitos A todos nos ha pasado que hemos vivido felices hasta que nos hemos
cerciorado de que teníamos un examen encima: justo entonces sentimos esa
presión psicológica que nos empuja (a algunos) a dejarlo todo a un lado para
estudiar. Esta fecha límite puede venir dada por un concurso, porque nuestro
lector beta quiera leerla en un momento en particular porque no tendrá tiempo
después, porque una editorial que nos interesa haya abierto recepción de
manuscritos. Pero sobre todo es importante que aprendamos a ponernos nuestras
fechas límite de manera que ejerza una presión real sobre nosotros. No vale con
decir «intentaré tenerlo acabado para tal día y si no, tampoco le faltará
mucho». Porque le faltará, creedme que le faltará. Y para eso hay que tener
cierta fuerza de voluntad también (de la que algunos prácticamente carecemos).
Por eso la presión puede jugar a nuestro favor.
Otro
ejemplo de presión positiva: tu propia
ambición. Ambición a la hora de contar tu historia. De hacer bien tu
trabajo. De escribir lo mejor que sepas
en ese momento. Si para ello te tienes que documentar durante meses, crear
un mundo mastodóntico de la nada, corregir una y mil veces para que todo sea
coherente, no haya erratas, no tengas pleonasmos ni errores estilísticos… si
para ello tienes que estar años con una historia, lo harás. Tu cabecita no
podría vivir habiéndole mandado a una editorial un manuscrito del que no
estuvieras al menos un 90% orgulloso (vamos a dejarle un 10% de margen a la
inseguridad del autor, aunque más de uno pensemos que ocupa más del 50%). Por
supuesto, hay cosas que se te escaparán. Las personas no somos perfectas, por
muy perfeccionistas que seamos (de ahí que los perfeccionistas nos volvamos locos).
Pero sabrás que le dedicaste todo lo que pudiste y no fue una simple vomitera
comercial para hacerte rico y famoso (escribir una vomitera comercial siendo
famoso es fácil, la inversa creo que cuesta algo más).
El
siguiente caso está muy relacionado con el anterior y se da cuando ya has
publicado algo y ya tienes cierto número de lectores que quieren leer más cosas
salidas de tu cabeza. Sean 50 o 5000, lo cierto es que sentirás una cierta
responsabilidad para con ellos. El miedo
a no decepcionarlos, de mejorar lo anterior. En el caso de una saga, de que
la historia les siga emocionando y entusiasmando como la anterior y de corregir
los errores que haya podido haber.
Pero
cuidado, que este tipo de presión se
puede volver en tu contra. No puedes dejar que las expectativas de los
lectores guíen la historia. La historia
(como el tiempo) es la que es. Puedes hacer ciertas concesiones, pero
siempre que sean coherentes y vayan en consonancia con lo que estás tratando de
transmitir. Entre otras cosas porque antes o después entrará en conflicto con
tu ambición. Y una cosa es que en un futuro quieras cambiar algo porque has
madurado y evolucionado como escritor y otra muy distinta que quieras hacerlo
porque no escribiste lo que querías sino lo que tus lectores querían. Los
lectores no saben lo que le conviene a una historia antes de ser escrita,
porque no sabe por qué derroteros va a discurrir (quiero decir, todos habríamos
deseado que Mufasa no muriese, pero entonces, ¿dónde estaría la historia?). Por
supuesto, una vez esté escrita te dirán si les hubiera gustado más una cosa u
otra, y estarán en todo su derecho. Sin embargo nunca olvides esto: no puedes gustarle a todos. No digo que
omitas sus sugerencias y consejos (que en muchas ocasiones te ayudarán mucho a
mejorar), pero también impón tu propio criterio si es necesario.
![]() |
| Diseñado por Freepik |
La
presión ejercida por los lectores también
puede ser contraproducente si te sobrepasa. Si no sabes qué hacer con sus
expectativas y todo lo que se te ocurre te parece poco. Te bloquearás y no sabrás qué hacer. El bloqueo es fatal cuando
estás bajo presión: es un pez que se muerde la cola. Tienes que quitarte esa
presión de encima. No la necesitas; no es buena. Relájate, cambia de proyecto,
coméntalo con algún amigo que sepa lo que estás escribiendo (muchas veces
contar por qué estás bloqueado hace que tu cerebro trabaje de otra manera y
encuentres una solución mucho más rápido), seguro que él te ayudará a tener las
cosas un poco más claras. Avanza y retrocede si es necesario, pero no te pares:
la historia seguirá en el mismo punto hasta que decidas continuar y nunca te
decidirás si sigues con miedo.
Hay
otro tipo de presión que quizá no te detenga tanto en tu rutina pero que, como
mínimo, te puede poner de mal humor: la insistencia. La insistencia de tus familiares, de tus amigos, de conocidos y no tan
conocidos (también hay lectores así). «¿Para cuándo otro libro?», «¿Sigues
con lo mismo?», «Hace mucho que no publicas nada», «¿Pues cuándo vas a
terminarlo?», «Oye, al menos cuéntame de qué va», «¿Tanto llevas con eso? ¡Si
se tiene que escribir en nada!». JA. En nada, dicen… Pues tardaré lo que tenga
que tardar. QUEMEDEHE. Amigos, familiares, lectores: no necesitamos eso, de
verdad (ni los escritores, ni los artistas, ni nadie que esté haciendo un trabajo
sin tener ningún contrato que le marque una fecha límite). Ya nos encargamos
nosotros de desesperarnos por no haber acabado lo que pensábamos que
terminaríamos hace meses sin necesidad de que nadie nos lo recuerde.
Por
último nombraré un tipo de presión que yo creo que no muchos tenemos en cuenta
(menos quizá los graciosillos que les gusta putear a George R.R. Martin): morirnos antes de acabar nuestra gran obra.
Para los que no tengan esta presión encima, felicidades: no la necesitáis. Para
los que se lo hayan planteado alguna vez: tampoco la necesitáis, hay pocas
probabilidades de que muráis antes de cierta edad si no tenéis enfermedades
crónicas (incluso porque te duela habitualmente el dedo meñique del pie
izquierdo lo más probable es que tardes mucho en morirte) o graves. También
podéis tener fe en que vuestros descendientes encontrarán vuestros manuscritos,
los mandarán a una editorial y os haréis famosos póstumamente, como los grandes
(quien no se consuela es porque no quiere).
En
definitiva: el escritor (y otros artistas, en general) juega con una serie de
condicionantes a la hora de trabajar que le pueden influir. Lo que tiene que intentar es que esa influencia le
sea siempre positiva, le ayude a establecer una rutina y mejorar, y
deshacerse de las influencias negativas, pues no harán más que frenarlo,
bloquearlo y muy posiblemente cogerle manía a la obra (lo que puede desembocar
en una obra descuidada, y eso los lectores lo notan).
Como
habéis visto, la presión que causa reacciones negativas suele venir del
exterior, peor muchas veces el escritor
se puede convertir en su propio enemigo si su propio perfeccionismo le
supera o se agobia al ver que no va a cumplir una fecha en concreto. En caso de
ser el perfeccionismo: relájate, tómate y un tiempo y coge aire. Agobiarte solo
va a hacer que aborrezcas lo que estás haciendo, y eso no es bueno. Si es una
fecha de un concurso: plantéate si cambiando tu rutina realmente puedes llegar
o te será imposible. Si es lo segundo, asúmelo y relájate. Hay más concursos en
el mundo y no merece la pena que te agobies porque eso seguramente hará que tu
manuscrito pierda calidad y no tenga posibilidades. Si la fecha te la ha puesto
la editorial: habla con ellos, seguro que pueden darte un tiempo más de margen.
Pero procurad siempre no abrumaros, porque la productividad bajará en picado y
puede acabar en un bloqueo que no os podéis permitir.
Sé
que hay otros factores que pueden
influir a la hora de ponernos a escribir, como por ejemplo que surja algún
problema con tu editorial, pero creo que estos pueden ser los más comunes. Si
tenéis más ejemplos, tanto positivos como negativos, estaré encantada de
leerlos en vuestros comentarios. Y si os ha servido la entrada tampoco dudéis
en comentar y compartir. ¡Nos leemos!
martes, 8 de marzo de 2016
Reflexiones y ejemplificación de la figura femenina en la literatura fantástica
Dalayn
Consejos para escritores
,
Fantasía
,
Juego de Tronos
,
Juvenil
,
Libros
,
LIteratura
,
Personajes
,
Personajes femeninos
12 comentarios
Creo que no es ninguna exageración afirmar que la
literatura fantástica clásica es un campo de hombres.
Ya no solo porque la conforman, en su mayoría, autores (de lo que a lo mejor
hablo en un futuro, pero no en esta entrada), sino porque también está
protagonizada en su mayoría por personajes masculinos. Y quien dice
protagonizada dice saturada. Así es como se ve desde la perspectiva española, que
lamentablemente también es algo sesgada. Se les ha dado más espacio a Orson
Scott Card o Bram Stoker y su misoginia y se han visualizado menos autores que
dan papeles más relevantes a mujeres. Alexander Páez nos hace una breve y enumeración:
«Mary Shelley, fundadora de la ciencia ficción. Autoras como Zimmer Bradley,
LeGuin, C. L. Moore, Andre Norton, (Lewis tenía muchos protagonistas femeninos
en sus cuentos), Evangeline Walton, Anre McCaffery, Katherine Kurtz, Tanith Lee,
Louise Cooper, Joy Chant, Susan Cooper, Mary Gentl».
miércoles, 10 de febrero de 2016
Motívate para escribir: concursos literarios
Dalayn
Concursos Literarios
,
Consejos para escritores
,
Escritores
,
LIteratura
,
Motivación
No hay comentarios
Empezar es lo más difícil.
Siempre. En cualquier ámbito. Empezar a plantear una historia. Empezar a
escribirla. Empezar a crear el hábito de escribir diariamente. Empezar.
«Es que después de Galavant empieza Vikings y con las
prácticas nunca encuentro tiempo».
Maldito mundo que se pone en tu contra
siempre.
Es como hacer deporte. Sabes que
tienes que hacerlo pero no encuentras el momento. Estudios, trabajo, series,
videojuegos, redes sociales, niños… (aquí cada uno lo suyo, seguro que la lista
es mucho más grande). Todo se convierte en una excusa. Y no porque no quieras
(que querer quieres, es que los demás no te dejan), simplemente parece que el
resto de cosas tienen prioridad. Sobre todo si no tienes una idea clara de qué
quieres escribir y/o no estás inmerso en una historia. Sobre todo si estás
desmotivado.
«¿Y qué hago para motivarme y para ponerme a escribir y hacer
de esto un hábito?»
En primer lugar, teniendo fuerza
de voluntad. Sé que para algunos a veces se convierte en uno de nuestros
animales mitológicos preferidos, pero ahí está. Encuéntrala, agárrala fuerte,
pégala en la pared y ponle un post-it brillante para recordarte que la
necesitas.
¿La tienes? Perfecto. Vayamos al
segundo paso.
«Pero si el problema es que no he empezado… ¿cómo me va
a pillar trabajando?».
Pues ahí es donde entra mi
recomendación, una de las tantas que puedes seguir (te aconsejo buscar consejos
sobre creatividad, por ejemplo, algunos son verdaderamente útiles): participa
en concursos literarios. O, al menos, ponte ese objetivo.
«Pero si no…».
¿Te das cuenta de que no paras
de poner «peros»? Deja de hacerlo, no te va a ayudar. No se trata de
que tu ego se convierta en una bomba atómica, solo de que tu inseguridad y la
continua comparación con otros no te impida conseguir lo que quieres, que es
escribir, ¿no?
«Está bien… ¿y por qué crees que los concursos
literarios me van a ayudar a ponerme a escribir?».
Pues aquí te explico unos
cuantos motivos que a mí me han servido para darme el empujoncito que
necesitaba (entre otros):
MOTIVOS PARA PRESENTARSE A
CONCURSOS LITERARIOS (ADEMÁS DE LOS PREMIOS, CLARO)
Muchas veces los concursos te
dan un tema, por no decir casi siempre
Acotan el género, te proponen
una frase, unas palabras o un tema en específico. Incluso los que tienen tema
libre buscan algo en particular. Cuando quieras presentarte a un concurso
intenta buscar los ganadores de ediciones anteriores y verás si siguen algún
patrón (por ejemplo, cómico, así sabrás que si escribes un dramón tendrás menos
posibilidades de conseguir algo).
¿No sabes sobre qué escribir? El
tema que te dan los concursos puede ser esa chispa. Aprovéchala y deja que
prenda.
Consejo: a no ser que quieras
experimentar o tengas muy clara una idea, intenta llevarte el tema a tu género.
Te sentirás más cómodo al tener más experiencia en esa tesitura, con lo que es
más probable que te motives y seguramente el resultado sea de mayor calidad.
Te dan un límite de palabras
Esto también es muy importante
porque te ayuda a plantearte la complejidad de tu historia. No es lo mismo
escribir un relato corto de 500 palabras que uno de 5000. Incluso el de 500
puede tener más complejidad que el largo. Pero este límite hará que no te vayas
por las ramas y elucubres una historia fantástica que da para tres novelas y
dos spin-offs y cuando la acabes te des cuenta de que te has pasado del límite
y se te ha acabado el plazo (que si se te ocurre, adelante, pero con el
conocimiento de que no va a servir para ese concurso).
Te dan un plazo de entrega
¡Como en el
colegio/instituto/universidad/trabajo! Todos recordamos esos fantásticos días
antes de un examen crucial cuando maldices por no haber estado estudiando
durante todo el trimestre y tienes que hacerlo en pocos días. ¡Porque TIENES
que hacerlo! Pues con los concursos literarios pasa igual. Si te propones
presentarte a un concurso, vas a escribir, aunque sea poniéndote el día de
antes y enviándolo a la hora límite (aunque de eso hablaremos más adelante).
Porque lo has convertido en una prioridad. Sí, el cerebro es así de
maravillosamente retorcido. Si no, ¿por qué crees que también se te ocurrían
ideas para escribir cuando estabas de exámenes?
Consejo: No hagas como entonces,
no lo dejes para el último día. Recuerda que esto no va solo de empezar a
escribir, sino de crear el hábito de escribir todos los días. Utiliza esa
fuerza de voluntad que te has señalado con un post-it y oblígate a ponerte
todos los días aunque sea media horita. Si no, cuando acabes el concurso
estarás como antes de empezarlo.
Además, has de recordar una
cosa: escribir, entendido como un proceso completo en el que el resultado es
una obra literaria, no consiste solo en teclear caracteres hasta conformar
palabras y oraciones y párrafos. También hay que incluir la corrección,
reescritura y revisión del manuscrito. Así que si vas a presentarte a un
concurso, planifícate para que lo que entregues en las mejores condiciones.
Y eso nos lleva al siguiente apartado de este artículo.
RECOMENDACIONES SI VAS A PRESENTARTE A UN CONCURSO LITERARIO
1. No te precipites
Como he explicado brevemente
antes, escribir es más que contar una historia: es contarla de la mejor manera
posible. Y para ello necesitas un tiempo, que la obra repose para poder
corregirla de la manera más objetiva. Si envías a un concurso algo que has
terminado de escribir un par de horas antes lo más seguro es que no tenga toda
la calidad exigible, incluso puede haber fallos ortográficos y gramaticales que
no has visto porque no lo has corregido. Por ello es importante que hagas una
buena planificación para que sigas todos los pasos y lo que presentes esté en
las mejores condiciones.
Además, en muchos certámenes empiezan a leer
por orden de recepción, así que cuanto más te separes de la fecha límite menos
cansados pillarás a los encargados de leer las obras presentadas a concurso.
2. Quien mucho abarca, poco aprieta
Es posible que te motives
enormemente con un concurso, la inspiración
te llegue trabajando y tengas mil ideas que puedes presentar a mil concursos y
así exponencialmente hasta que tu cabeza explote y hayas olvidado la mitad de
lo que tenías pensado. No merece la pena. Céntrate en unos pocos concursos,
recuerda que necesitas un tiempo para acabar tu obra, y apúntate todas las
ideas que se te ocurran. Así las tendrás para más adelante sin necesidad de
escribirlas inmediatamente.
Elegir bien a qué concursos te presentas suele ser más complicado
sobre todo si no tienes experiencia, así que espero que las siguientes pautas
te ayuden.
Estás utilizando los concursos
literarios como excusa para darle a tu cerebro ese pequeño empujoncito que
necesita para dejar las Magic a un lado (o GHVip, en su defecto), pero los
concursos sirven para algo más: labrarte un currículum de escritor. Si esto es
lo que quieres conseguir, céntrate en los concursos que tengan varios
finalistas, que vayan a publicar una selección de las mejores obras ya sea en
papel o en formato digital. Lo importante es que publiquen algo tuyo. A mayor
número de seleccionados más posibilidades de que tu obra esté entre ellos. Si
lo que quieres es ganar dinero, también hay concursos para ti, pero ten en
cuenta que las posibilidades de ganar son más pequeñas.
Advertencia: muchos
concursos exigen ceder tus derechos sobre tu obra. Así que es importante que
leas muy bien ese apartado.
Investiga a los organizadores
del concurso. Consulta su página web y si en certámenes anteriores ha habido
algún problema. Si no te gusta la maquetación de la web, las ilustraciones de
las portadas de las publicaciones te parecen horrendas y encuentras faltas de
ortografía, etc., quizá no quieras mandar una obra a esa gente.
4. Lee muy bien las bases del concurso y acógete a ellas
Que sea el punto 4 no quiere decir que sea menos importante. De hecho, en cuanto al concurso en sí se refiere, es el más importante de todos.
El tema, el límite de palabras…
no están ahí para obligarte a escribir. Recuerda que es un concurso, hay unas
normas a las que tienes que restringirte. Si por lo que sea te sales de ellas…
guarda tu obra para otra ocasión. No intentes enviarla por si cuela. No
transformes una escena en Nueva York en otra que sucede en Santillana del Mar, porque se notará. Si te obligan a enviar tu historia en Times New Roman 12 con interlineado
sencillo, escríbela con la tipografía que quieras pero cámbiala antes de
enviarla. Hay concursos que reciben cientos de manuscritos: estarán encantados
de quitarse algunos de encima sin tener que leérselos porque no cumplen las
bases.
5. Cuida la presentación
Justifica, pon sangrías, haz que tu texto sea legible y que dé buena impresión. Recuerda también que no todos
los concursos permiten el envío por correo electrónico. En algunos aún exigen
correo ordinario y con varios ejemplares del manuscrito, así que asegúrate de
que haces todas las copias necesarias y las encuadernas correctamente. Nada de
papel arrugado o manchado. La imagen que das como escritor no solo está en el
cuidado de la ortografía. Eso también tienes que tenerlo en cuenta si…
6. Te piden una biografía o historial de autor
Limítate a contar todo lo que
hayas hecho relacionado con el mundo literario: publicaciones, colaboraciones,
proyectos (serios, se entiende), si tienes un blog o has ganado o sido
finalista en un concurso antes. Puedes dar algunos datos de tu vida personal si
quieres (tu edad, estudios o profesión), pero no escribas una telenovela sobre
tu existencia intentando dar lástima ni haciéndote pasar por el nuevo Cervantes.
Céntrate en lo que te están pidiendo, nárralo si quieres para que no parezca
una enumeración (en eso te puede ayudar este artículo de Gabriella Campbell),
pero no te vayas por las ramas.
7. Sobre todo, no te desanimes
No vas a ganar todos los concursos a los que te presentes. Lo más seguro es que al principio ni siquiera te seleccionen. O sí. Igualmente, pase lo que pase, no te desmotives. Recuerda que lo haces para
escribir y hacer hábito. Engrosar tu currículum literario viene después. Y
muchas veces el premio no depende de la calidad de las obras sino de los gustos
de los jueces (si les gusta la novela negra, probablemente tu relato sobre
hadas pasará sin pena ni gloria). O de que de 200 obras presentadas, hay 10
mejores que la tuya. O más comerciales (a veces es eso lo que se busca). Si
estás contento con lo que has escrito porque es la historia que querías contar,
la has corregido, ha pasado por lectores 0 y la has vuelto a corregir y crees
que es lo mejor que has podido escribir en ese momento, no te desanimes. A lo
mejor tienes que darle otro enfoque o volver a corregir. O quizá no tenga que
ver contigo (ojo, no digo que no tengas que hacer autocrítica, solamente que no
tires la pluma).
«Vale, creo que hasta me he motivado sin mirar ningún
concurso. Pero si quisiera presentarme a alguno, ¿dónde los encuentro?»
Pues verás, hay editoriales y
revistas literarias que hacen concursos, y también existen páginas donde
recopilan muchos certámenes literarios. Aquí te dejo unas cuantas para que les
eches un vistazo.
PD1: Si quieres más consejos
sobre concursos literarios puedes visitar estas páginas:
* Falsaria
PD2: El NaNoWriMo, aunque no es un concurso, es un gran reto para darte ese empujón que necesitabas. Y lo mejor, sirve para crear hábito. Aunque se realiza en noviembre, se hacen varios "camps", uno de ellos en abril (el otro creo que en julio). ¡Así no tienes excusas para no ponerte a escribir!
Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
sábado, 9 de enero de 2016
Consejos para escribir de Patrick Rothfuss
Como algunos sabréis (y si no,
lo explico brevemente), hasta prácticamente Navidad, Patrick Rothfuss estuvo
ofreciendo tres horas diarias de su tiempo libre para colaborar con su
iniciativa en Worldbuilders (si queréis saber de qué va esta iniciativa, los
amigos de La Historia de Kvothe lo explican fenomenal), retransmitiendo por su canal de twitch cómo jugaba al Fallout 4 o (en un principio) su proceso de
revisión de la última entrega de la Crónica del Asesino de Reyes.
A mediados de noviembre hizo una
"sesión especial" de Q&A
(questions and answers) sobre escritura en
honor al Nanowrimo. Servidora llegó un poco tarde y pilló algunas cosillas
bastante interesantes, que quizá os sirvan de ayuda. A mí, como mínimo, me
motivaron. Ya veréis por qué.
Sobre el éxito del escritor.
Según Rothfuss, de 250 personas que dicen que van a empezar a escribir
una novela, solo una lo hace. De 250 personas que empiezan a escribir una
novela, solo una la acaba. De 250 personas que acaban de escribir una novela,
solo 1 es publicado (es posible que me haya saltado algún paso, pero os podéis
imaginar la progresión).
En resumen, para un autor, ser publicado ya debería ser un éxito.
Es prácticamente una persona entre un millón (muy a grandes rasgos) y con eso
ya deberíamos estar bastante contentos. Sobre todo por la necesidad de ser
realistas. Escribir una novela depende de uno mismo, pero publicarla (si no
tenemos en cuenta la autopublicación, claro), depende de factores que no
podemos controlar (calidad de la obra, editorial, rentabilidad que se calcula
se puede obtener con su venta, etc). Y por supuesto, el número de ventas y aún
más, las ganancias obtenidas, son aún menos controlables. Por tanto, ponernos
un objetivo que escape de nuestro control puede frustrarnos más que otra
cosa, porque nunca llegaremos a conformarnos.
Hay que tener en cuenta que en
España en 2014 se publicaban de media casi 250 libros al día. Pretender vivir
de ello es una utopía (aunque si alguno llega a ello tampoco debería quejarse,
vamos). Visto así, que nuestra obra se sitúe entre las 90000 publicadas en un
año debería ser todo un éxito.
Hay autores para los que vender 1000 ejemplares en todo un logro; hay
otros para los que vender 4000 es una mediocridad y no se dan cuenta de que hay
muchos, muchísimos otros autores que se han quedado bastante más atrás.
Si queremos disfrutar verdaderamente de un éxito en este mundillo (y en
la vida en general) tenemos que marcarnos metas reales que podamos alcanzar.
Sobre el bloqueo del escritor.
En primer lugar, Pat comentó algo que aunque puede resultar bastante
obvio, muchas veces se nos olvida en nuestro ansia por cumplir un objetivo.
"Si para ti escribir es un hobby, no lo fuerces".
Es decir, si no tenemos compromisos profesionales, sino que escribimos
por diversión, por expresarnos, porque nos gusta, porque hemos tenido una idea
genial y queremos plasmarla pero en realidad no tenemos una obligación más allá
del compromiso que hacemos con nosotros mismos, no debemos forzarnos a escribir
si no es nuestro día. Si es un hobby debemos disfrutar de él y no agobiarnos o
incluso llegar a hartarnos de ello.
Si eres un profesional está claro que vas a tener cierta presión,
fechas límite y se te va a exigir un mínimo de calidad. Incluso puede que mucha
gente tenga puestas en ti sus expectativas. Pero aun así, los escritores
profesionales siguen siendo personas. Tienen bajones, momentos difíciles,
depresión. Al fin y al cabo, lo que escribimos sale de nuestra mente, y si hay
algo en nuestra mente que está roto, escribir es prácticamente un acto heroico.
Y ya que estamos en este tema,
no puedo dejar de hacer una reflexión sobre las últimas declaraciones de George
R.R. Martin sobre Vientos de Invierno. Hay mucha decepción en los lectores, y
no es para menos, pero en mi opinión no debería ser tanto por el hecho de que
no haya cumplido los tiempos que le ha marcado la editorial sino por el hecho
de que la serie vaya a adelantar a la trama de los libros (cosa que ya medio
pasó con la temporada anterior). Aun así me gustaría romper una lanza por él;
en la entrada de su livejournal se le notaba bastante deprimido y decepcionado
consigo mismo, y no hay nada peor que eso para escribir. Creo que el error
fatídico ha sido el de la serie, no el tomarse el tiempo que necesite para
acabar una saga tan compleja y con tantos seguidores.
Consejos varios para el escritor novel (y no tanto).
Aunque no se define como un
ejemplo a seguir en cuanto a la rutina del escritor, Rothfuss habló de la
importancia de la continuidad, de escribir todos los días o al menos hacer
algo relacionado con ello (estructurar una historia, documentarse, etc). Y
si no, mirad a Sanderson, que publica una cantidad alucinante de libros por
año. Escribir todos los días y cuanto más
mejor nos ayuda a mejorar como escritores (también leer, que no se nos olvide).
Otro de los comentarios que hizo es sobre la famosa frase de "escribe
para ti". A Patrick le parece un consejo basura, o al menos mal
formulado. La mayoría escribimos para que al menos otra persona lo lea. No se
trata de escribir para todo el mundo (puesto que gustarle a todo el mundo es
una tarea prácticamente imposible y seguramente el resultado del intento sea
poco más que una patata), sino de escribir lo que queramos, lo que nos
guste, lo que nos emocione. Que estemos contentos con lo que escribimos. Y el
resto, si tiene que venir, vendrá.
Por último, alguien le pidió un consejo para escribir un buen principio
para una historia. Rothfuss no se anduvo con muchos rodeos: "haz que pase
algo". Si habéis mirado blogs de escritura habréis comprobado que
un consejo que siempre os encontráis es que siempre tienen que estar pasando
cosas para enganchar al lector. Desde el momento uno. En el principio también.
No sirve de nada una introducción larga y descriptiva, porque el lector se
aburrirá y abandonará antes de que ocurra algo interesante.
Y eso es todo (lo que recuerdo).
Dijo algunas cosillas más, pero entre que estaba en inglés y llegué un poco
tarde, esto es todo lo que pude pillar. Sobre todo encontré muy interesante
todo lo referente a la motivación a la hora de escribir y seguir escribiendo,
la importancia de ponernos metas factibles y de estar contentos con nuestras
creaciones más allá de lo que pase después (aunque siempre hay que ser
receptivos con las críticas, positivas y negativas, para seguir creciendo y
mejorando).


































