miércoles, 5 de julio de 2017

~Reseña~ La Armadura de la Luz, o el descubrimiento de lo maravilloso


La Armadura de la Luz es una vuelta a la fantasía más rolera, con aventuras, toques de humor y dosis bien dispuestas de epicidad. Un exmercenario y una excircense llegan a una importante ciudad costera para acudir a un torneo de Jhassai. Lo que ignoran es que no son los únicos interesados en dicho torneo y su premio, y se verán envueltos en una peculiar investigación a merced de múltiples bandos que solo buscarán sacar provecho de la situación. Mientras tanto, un aristócrata con aires de grandeza los ha seguido para recuperar su espada robada y, sin saberlo, les dará más problemas de los que podrían imaginar.

La novela consta de cinco partes y un prólogo muy bien diferenciados, ya no solo por la parte de la historia a la que están dedicados sino por cómo están escritas. Además, siguen una estructura muy clara: el prólogo es una leyenda sobre el origen de la Armadura, con un tono muy apropiado y acorde a lo que está narrando; la primera parte se correspondería con la introducción; la segunda, con la misión; la tercera, con la mazmorra; la cuarta es una interesante aunque esperada vuelta de tuerca y la quinta y última es el cierre y final. Me ha extrañado hallar una novela tan desnuda, sin mapa o índice (aunque lo del mapa en este caso es un punto bastante positivo, porque ayuda a conformar el sentido de la maravilla que requiere la obra).

Pero más allá de las diferencias temáticas, de lo que me interesa hablar es de la evolución muy clara que he notado conforme avanzaba en la lectura. La introducción es lenta, excesiva en detalles y con algunos momentos de descarga de información, pero también es una presentación muy buena de los personajes: la inquieta Iviqi, el paciente Jax, la mansa Adaveia o el soberbio Haslor. Todos van definiendo sus actos de acuerdo a sus acciones (y reacciones), añadiendo nuevos matices a su personalidad con cada aparición.

Las amazonas de Umheim te pueden dar hasta tundas verbales si quieren

Sin embargo, no he acabado de engancharme realmente hasta llegar a la segunda parte, cuando entran en acción otros personajes secundarios como Daleid o Aezhel y comenzamos a ser conscientes de lo gordo que se va a liar. Secretos velados, sociedades secretas, semidioses, magia, telepatía. En esta parte es cuando se nos ofrece el verdadero despliegue de imaginación del autor y que nos empuja a leer y leer para ver cómo saldrán los personajes de ello (para bien y para mal) y cómo evolucionarán por el camino.

El problema llega cuando esa evolución no termina de fraguarse y nos deja la miel un tanto en los labios.

Iviqi es una chica locuaz, avispada e independiente que intenta jugar con sus conversadores para no dejarse mangonear. Sin embargo, una y otra vez se ve atrapada por las circunstancias y tiene que dejarse llevar, con lo que apenas conseguimos verla en todo su esplendor en unas pocas ocasiones, la mayoría de ellas junto a Jax. Y es que, como bien dice él, de tan bueno es tonto. Es un tipo que de tanto que ha vivido se ha vuelto tranquilo y reflexivo, con pocas ganas de meterse en follones. Pero eso también le da un cierto aire condescendiente y paternalista. Eso apenas cambia a lo largo de la novela, si bien acaba asumiendo (aunque se niegue a aceptarlo) que la que lleva las riendas en aquella extraña sociedad es su compañera. Sin duda son una pareja que funciona muy bien y dan el componente más humorístico a la novela, y se echa de menos cuando el grandullón no aparece en escena para soltar alguno de sus pensamientos frustrados.

El otro par (o cuarteto, más bien) que da para extenderse es el formado por Haslor y Adaveia (y Otuo y Reshef). Son el estereotipo llevado a tal extremo que resultan histriónicos, una parodia de la fantasía más recalcitrante, pero que no terminan de romper el molde (al menos no como yo esperaba). Haslor es un tipejo repugnante y con cada escena en que aparece, ya tenga punto de vista o no, al lector le va quedando más y más claro el tipo de persona que es. Orgulloso, irascible, envidioso, lujurioso, prepotente, avaricioso, y creo que no tiene gula porque necesita mantener la figura. Narcisista, creído y altanero, se cree por encima de todo y todos por ser el heredero de un marquesado arruinado en la otra punta del mundo. Adaveia, por el contrario, es la figura típica de damisela en apuros que ni siquiera pertenece a la nobleza y se ve bendecida porque un aristócrata le haya pedido matrimonio. Lo sigue a todas partes y hace lo que le ordena por el gusto de agradarlo, dar una buena imagen y ser una buena esposa. Hasta que llega un punto (y qué punto) en que las vejaciones son tan grandes que la imagen idealizada que tenía Adaveia de Haslor se rompe. Aunque no como uno desearía.

Iviqi me recuerda mucho a Kayley, solo que con menos decoro.

Adaveia y su pasividad suponen el contraste con Iviqi y su inercia proactiva. Pero no puede escapar de su educación y su forma de ver el mundo. Eso hace que aún con todo siga realizando concesiones o su evolución se quede a medio camino. Porque, en realidad, a las personas les cuesta cambiar. Aunque me habría gustado que apareciera más hacia el final, donde creo que tendría mucho más que decir, es un personaje consecuente consigo mismo, aunque eso limite y en ocasiones contradiga el mensaje que se quiere enviar. Ahí quizá también me han jugado una mala pasada las expectativas que tenía para con ella, pues es cierto que por mucha situación traumática que una persona pase, no todas reaccionan de la misma manera, y quizá no habría sido del todo verosímil que la damisela se convirtiera de pronto en un adalid del feminismo en un entorno como aquel y sin haber tenido contacto con otro personaje femenino en toda la novela.

Que esté siendo dura con esta situación no significa que esté todo mal ni mucho menos. Como he dicho antes, me parece que hay una voluntad muy positiva de denunciar tanto la pasividad de una como la «machulería» del otro, si bien me habría gustado un gesto más transgresor (y con ello no me refiero a evidente o a montar un panfleto en medio de la novela). Además, que hay que valorar las cosas en su conjunto. Porque por otro lado tenemos un montón de personajes secundarios y principales que interactúan entre sí y se valoran por sus capacidades y aptitudes, no por su género. Y eso está presente todo el rato. Incluso esa condescendencia con la que Jax se dirige a Iviqi a veces es más por la suma de la visión de «chica joven e ingenua» que por su género en exclusiva. Esto demuestra que aunque estemos en un mundo machista hay mucho margen de maniobra, y agradezco al autor esa decisión.

Abinnayar, la primera ballena. ©Artem Chebokha

En cuanto a la construcción del mundo, tengo algunos sentimientos encontrados. Por una vez, creo que el hecho de no tener un mapa aumenta la sensación de estar ante un gran universo, con países, historia, lenguas y culturas muy diversos. Desertores, mentalistas, amazonas, dioses desaparecidos, libros de magia, artes ocultas. Todo conforma una red compleja de la que se nos van dando pequeños detalles para que entendamos su contexto pero no terminemos de comprender cómo funciona cada una de las partes. Hasta aquí me parece un tratamiento muy acertado para el tono de la novela, que busca el sentido de la maravilla en todo momento. Pero también me ha dejado con la sensación que tienen los personajes principales durante la historia: que en realidad no sabemos nada, mientras que hay mucha gente en la novela que sí lo sabe y elude adentrarse en más consideraciones. Esto es, por supuesto, premeditado, ya que La Armadura de la Luz no es una novela independiente por completo, sino que da pie a pensar que habrá más aventuras de Jax e Iviqi (y espero que de Adaveia también); con ellas iremos descubriendo más partes de Umheim y de las artes Jhassai y la rotura de los sellos.

Con todo, esta segunda novela de Javier Miró es una obra disfrutable tanto por un público juvenil como adulto. Yo me he reído mucho con ella, sobre todo con los dos protagonistas, así como con el choque continuo de Jax con la magia o con Iviqi y las amazonas. Creo que el autor ha sabido explotar bien los puntos fuertes para guiar al lector en una aventura donde me quedo ante todo con las ganas de superación y de conocimiento de uno mismo que transmite y ese aura de fascinación que impregna la narración. A pesar de algunas incoherencias, es una historia entretenida, con figuras carismáticas y bien construidas. Y con una lista impagable de insultos no machistas que Paquita la del Barrio hubiera estado encantada de conocer y que yo me he apuntado sin dudarlo. ¿Tendremos nueva dosis en la siguiente parte de La Armadura de la Luz?


Título: La Armadura de la Luz
Autor: Javier Miró
Editorial: Minotauro (Planeta)
Encuadernación: Tapa blanda
Año de publicación: 2017
Nº páginas: 480
Precio: 21€ / 11,99€ (ebook)


Gracias a Minotauro por el ejemplar




Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

4 comentarios:

  1. Hola :) Yo me la he dejado para la pila veraniega en alguna semana de estas que sean top de estrés y necesite algo entretenido, o que me apetezca un poco de fantasía de este tipo. Lo de la lista de insultos me ha hecho gracia. Gracias por la reseña. Nos vemos en una semana y pico :)

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    1. Eh, lo de la lista de insultos no es coña, tengo la lista. Ya te la enseñaré XD Creo que es un libro genial para leer con relax, sin prisas y quizá alternando con relatos si se te alarga el principio. ¡Nos vemos en nada WAAA!

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  2. Hola!!!
    aun no lo he leído, pero tengo muchas ganas, espero poder hacerlo pronto y disfrutar tanto como tu!!
    Un saludo cielo

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    1. Espero que te guste, es muy entretenido. ¡Saludos! ^^

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