Blog de literatura fantástica

  • Cazadora de sueños

    En Libros Prohibidos podéis leer este relato corto de fantasía oscura. ¡Felices sueños!

  • El pasado es un cazador paciente

    A caballo entre lo onírico y lo distópico El pasado es un cazador paciente es una historia inquietante y evocadora a partes iguales.

  • Días en reflejo

    Un relato corto sobre los pequeños lastres que vivimos las mujeres a diario. Se lee en 10 minutos.

  • Izahi, a tus hijas

    Las izahikaris viven en comunión con la tierra, pero Saha anhela ir más allá, al mundo prohibido bajo las olas. Atrapada entre sus deseos y sus obligaciones, el miedo le impide encontrar la salida. Izahi, a tus hijas, habla de la amistad y del camino para encontrarse a una misma. ¿Será capaz Saha de desafiar las normas para conseguirlo?

  • "El Mar del Sepulcro"

    Ige es diferente. Su mejor amigo ha muerto por ser diferente. ¿Conseguirá encontrar un hogar al otro lado del mar? ¿Podrá convivir con Olu, la inteligencia artificial que odia y siempre la acompaña?

martes, 24 de julio de 2018

~Reseña~ Micosis, o la realidad de una enfermedad ficticia




Hace unos meses tuve el enorme placer de betear Micosis, de Enerio Dima, y saber que se agotaron los ejemplares en el Festival Celsius y que tanta gente está interesada en descubrir la historia de Marga me llena de orgullo de amiga y de gran expectación, porque esta historia es necesaria por muchos motivos.

Lo advierto: no voy a analizar esta novela corta a los niveles que hago con otras obras porque la leí hace meses. Vamos a suponer que si le devolví el manuscrito a Enerio y apenas le marqué un par de errores tipográficos es porque bien escrita estaba. Y la historia está tan bien hilada que poco más podía hacer con ello. Pero lo importante es el mensaje que transmite, y de eso es de lo que quiero hablar.

Micosis es una historia de terror. No hay que buscar la colección en la que se ubica dentro de la Editorial Cerbero, el nombre ya habla de enfermedad. Un hongo está provocando una epidemia que hace que la gente se autolesione hasta suicidarse. Sin embargo, el terror no se esconde entre las páginas de la novela, sino en nuestra realidad. Lo que da verdadero miedo de esta historia es que no habla de una enfermedad ficticia, sino de una real reconvertida a la ficción. Y es capaz de abordarla tanto desde el punto de vista del que la padece como del que no.

Estamos hablando de enfermedades mentales. De depresión, sobre todo. De sentirte superado por todo, insuficiente, inútil. De que la vida duela tanto que el único alivio que encuentres sea provocarte dolor físico. Y cuanto más punzante, cuanto más dure, más alejada estarás y durante más tiempo de todo el peso que cargas sobre ti. Lo malo es que luego tienes que esconderlo porque, si no, vendrán las miradas acusatorias y, donde antes no eras nadie, tendrás una marca, serás una loca, la gente se alejará de tu lado. Y eso es mucho peor que ser invisible.

Micosis transforma esta realidad mental en algo tangible: ¡hongos! Eso tiene que tener cura. Pero entre sus páginas se muestra que a la gente lo que le interesa es no verse salpicada. Dima se atreve incluso a jugar con una voz en off que los que hemos pasado por una enfermedad mental conocemos bien: la de quienes juzgan desde su asiento, por cercanos que sean; nuestra propia voz interior que nos recuerda a cada rato lo insignificantes y estúpidos que somos por cada decisión que tomamos; la que nos muestra a cada rato todo lo que está mal en nosotras. Es una interpelación al lector, porque si esa voz en off es un eco de la tuya… es para detenerse a pensar un buen rato.

Por todo esto, nos hallamos ante una historia dura. Tanto para quienes hemos estado en el pozo como para quienes han tenido a alguien cerca. Y seguramente todos hayamos tenido a alguien cerca, pero los enfermos lo sufrimos en silencio, como nuestra protagonista, porque lo normalizamos y lo negamos todo lo que podemos. Porque no podemos estar enfermos, porque a nosotros no nos pasa. Porque solo es una vez, una crisis, y no volverá a ocurrir.

¿Qué opináis del brutalismo?

Es jodido leerlo, de hecho hay una escena que me produjo mucha aprensión, pero es necesario. Primero, porque creo que nos hace entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Y segundo, porque dentro de toda esta opresión, Dima pone un punto positivo, y es que no tienes por qué pasarlo solo. Es la sensación de comunidad, de que no es algo tan extraño ni excepcional, de que juntos se pueden paliar los efectos o aprender a convivir mejor con ellos. Quizá no haya cura a la micosis, pero en la realidad estamos mucho más preparados: buscad ayuda. No estáis soles.

No obstante, hay algo que hizo que esta novela corta me gustara mucho más, y es que no solo habla de enfermedades mentales. Hay más temas ahí, quizá de menor importancia en el transcurso de la historia, pero que nos siguen tocando de cerca. Que la protagonista sea la limpiadora de un edificio de oficinas (como arquitecta el inicio me ha encantado, por cierto) no es una casualidad. Que esté separada y a cargo de dos niños, tampoco. Nada está dejado al azar. Hay crítica de clase, a esa conciencia social que se ha creado en torno a la titulitis que jerarquiza la validez de las personas. Marga se cuestiona todo el rato si su vida habría sido diferente o más feliz de no haber abandonado los estudios, y su jefe se cree superior simplemente por haber comenzado (que no acabado) una carrera universitaria. Ni él, ni su madre, ni su exmarido la tratan como si fuera una persona, sino como un proyecto que se quedó a medias, defectuoso. Deshumanización. Si lo unimos a la micosis, tenemos el monstruo perfecto. ¿Pero quién es el monstruo realmente? ¿Qué es lo que está podrido de verdad?

El final, por cierto, quizá sea previsible desde el punto de vista argumental, pero desde el punto de vista narrativo me encantó. Y eso termina de redondear una novela compleja, con muchas capas y que, en definitiva, nos está hablando de la realidad que nos rodea. Eso es lo que hacen las historias que se quedan con nosotros, las que perduran en la memoria. De no haber sido así, no podría haber escrito casi mil palabras sobre Micosis después de tantos meses. Es un mal rato, pero merece la pena. Sobre todo porque fuera de sus páginas podemos hacerlo mejor.


Título: Micosis
Autora: Enerio Dima
Editorial: Cerbero
Encuadernación: Tapa blanda / bolsilibro
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 262
Precio: 5€ / 2€ (ebook)

Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 4 de julio de 2018

Pasar el muro, surcar las olas



El primer salto. Ahora estoy dentro. Aunque siga viéndome fuera. ¿Cuánto tarda uno en creer que ha publicado algo de forma profesional? ¿Cuando tiene el libro en sus manos, cuando los lectores que leen contigo empiezan a leerte A TI? Hace tiempo que se me quitó la vergüenza de llamarme escritora, que dejé de ver el ego y la posición que implicaba para otros. Escribo, leo con ojos de escritora, intento desentrañar los recursos y las estructuras de otras, encontrar sus intenciones, cómo las plasman, si son o no efectivas, qué es lo que me gusta a mí. Ni soy famosa, ni preveo ganarme la vida con esto (la mayoría no lo hacen, de todas formas), ni tengo mucho público (aunque el que tengo es maravilloso). No soy mejor que muchas (muchísimas) compañeras ni pretendo venderme como tal. Tampoco soy una bohemia en un ático vintage con una máquina de escribir y un vaso de vino en la mano. Solo escribo. Soy escritora. Fin.

Pero ahora estoy al otro lado, como dice Hurley en La revolución feminista geek. Ahora me van a publicar y parece que la perspectiva cambia. No me siento mejor ni más importante, solo más responsable. Por mis relatos, tan diferentes entre sí, y por las que se sienten como yo me sentía hace apenas unos meses. Y como seguramente vuelva a sentirme en unos pocos. Porque aquí… la cosa es diferente, o al menos yo la veo así. El muro no es sólido ni opaco, una vez entras no te quedas para siempre. Es una fina lámina de agua que te engulle y te expulsa como un mar embravecido, estás dentro y a nada estás fuera. Solo algunas afortunadas consiguen permanecer en el interior de forma constante, pero no sin mucho trabajo y esfuerzo.

Sin embargo, el trabajo y el esfuerzo no te aseguran que las olas te reciban. También se necesita suerte. Por eso escribo este artículo. Porque sentí la humedad asfixiante y muchas veces quise abandonar, ahogada por la pesadez del ambiente y el rechazo del océano. Pero nunca tiré la toalla del todo. Y al final, en el momento oportuno, los sueños se cumplen (que diría Miriam). Lo desesperante es no saber cuándo será ese momento. Siempre he dicho que la incertidumbre es mucho peor que la negación. Pero eso deja clara una cosa: publicar, que alguien elija tu obra para que vea la luz, no te da la excelencia. No hay una diferencia real entre permanecer en la orilla y estar en medio del oleaje; no en cuanto a calidad, me refiero. Si no, ¿qué pasaría con las autoeditadas? (Estoy utilizando el femenino genérico a propósito, porque puedo, básicamente). ¿Son menos porque "nadie las ha elegido"? Nada más lejos.

¿Qué es la excelencia, de todas formas? ¿Ser reconocida, vender mucho, tener más de 4 estrellas de media en GR, que te premien con una piedra? Todas estas cualidades pueden formar parte de la excelencia, pero lo cierto es que va a depender de a quién le preguntes. Considero que en cualquier arte siempre hay un componente subjetivo. He leído textos impecables que me han dejado fría y otros mediocres que me han provocado emociones muy intensas. Todas conocemos libros que parecen escritos por un generador de sinopsis y se venden como churros. Así que, ¿por qué somos tan jodidamente duras con nosotras mismas, por qué nos fustigamos tanto al compararnos con otras? Por supuesto que tenemos que aspirar a la excelencia, debemos trabajar en mejorar cada día, pero eso no nos puede bloquear.

Además, ¿por qué hoy se me considera mejor que hace un año? ¿Porque me van a publicar? Solo uno de los cuatro relatos que verán (o han visto) la luz este año ha sido escrito en 2018. Solo uno. Esta es la breve historia de todos ellos, porque quizá ahora me haya engullido el mar, pero he estado en la orilla y volveré a ella, lo sé. Regreso con cada convocatoria, a cada momento me cuestiono mi capacidad. ¿Se puede estar en dos sitios a la vez? Quizá en este lugar de locura e imaginación. Escribir es una vorágine, al fin y al cabo.

 

Empecemos por el principio, por Cazadora de sueños. Publicado en Libros Prohibidos hace poco más de un mes. Un pequeño aperitivo para El pasado es un cazador paciente, la novela corta que publicaré próximamente con Sportula. No fue intencionado, pero cuando me pidieron un relato yo estaba inmersa en las últimas revisiones de la historia de Marina antes de enviarla a editoriales, y había un pequeño aspecto de este personaje en el que quería profundizar. Así que la historia surgió sola, Marina volvió a contarme su pasado y algunos aspectos del mundo en el que vive que no había podido tocar en la novela. Si Javier Miró (La armadura de la luz, 2017) no me hubiera hecho la oferta, quizá este relato no existiría. Y por eso le estoy inmensamente agradecida. Porque, os guste más o menos, Cazadora de sueños cuenta algo muy importante: el derecho que tenemos a elegir sobre nuestro cuerpo y nuestros sueños.


Unas semanas después, La Maldición del Escritor hacía público el fallo de la convocatoria de Iridiscencia, una antología con relatos de fantasía, ciencia ficción y terror con personajes LGTBIA. Oh, sí, añado la A con toda la intención, porque "Desconexión" fue seleccionado y sus protagonistas están en el espectro ace. Me hace muchísima ilusión que haya entrado y con unas compañeras tan maravillosas. Ojalá no hubiera que demostrar que los personajes no heteronormativos pueden protagonizar una historia sin que esta gire en torno a su sexualidad, pero ya que es una lucha que sigue en pie hoy en día, para mí es un placer poder participar en ella. Sin embargo, "Desconexión" no es un relato que escribiera expresamente para esta convocatoria. Lo escribí el pasado noviembre con la vista puesta en Alucinadas IV y, como podéis deducir, no fue seleccionado. Y, además, es una historia que no hubiera nacido tal y como es de no haber leído antes La mirada extraña, de Felicidad Martínez, y El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers.


Sigamos con "Vienen con el frío", que aparecerá en el nº 11 de SuperSonic (en papel y digital). Este cuento tiene historia. Es un relato de terror que escribí hace dos años y medio para una convocatoria sobre casas encantadas. No fue seleccionado. Reescribí algunas partes que habían quedado flojas y el final. Lo mandé a otra convocatoria similar, tampoco fue seleccionado. Al cabo de unos meses lo volví a revisar y así se quedó en el cajón cogiendo polvo hasta que Cristina Jurado le dio la oportunidad. Para entonces yo ya le había cogido un poco de manía y, si le sumamos mi inseguridad, es la historia por la que más nerviosa estoy. ¡Pero si le ha gustado a Cristina Jurado, con lo que la admiras y toda la experiencia que tiene a sus espaldas! Pues eso es precisamente lo que hace que no me esconda debajo de una piedra, así que mil gracias a Cristina por su confianza y por todo el trabajo que realiza por y para el género en España.


Finalmente, os hablaré de "Por la colectividad", que aparecerá gracias a la Asociación Heroik en Damas verdes (y también algún caballero). Este es mi intento de dinoporno que no seleccionaron en el Visiones del año pasado y que seguramente quede sepultado por el de Rafa de la Rosa. Pero son mis ranitas espaciales y las quiero. Y Begoña Pérez Ruiz también las quiso y las ha cuidado con mimo y ha puesto a mi gran amigo Mangrii a prologar. Y sé que lo único que puedo hacer para agradecer a Begoña esta apuesta es seguir escribiendo, como hace ella, todos los días y sin perder la esperanza.

Como podéis ver, menos Cazadora de sueños, el resto de relatos fueron escritos en 2017 o incluso antes, y todos fueron rechazados en primer lugar. ¿Rechazados? Bueno, quizá sea mejor decir "no elegidos". Porque no es lo mismo coger un montón de relatos y decir "tú no y tú tampoco" que decir "tu sí y tú también", y que el tuyo se quede fuera. Me parece una diferencia bastante grande. Y no porque yo quiera venderos que mis relatos son la leche (que también, claro, que de algo hay que comer) aunque no los cogieran en primera instancia, sino porque es así como funciona. Fui parte del jurado con La Nave Invisible del I Premio Ripley y hubo bastantes relatos que no entraron en la selección final que eran muy buenos (cosa que al parecer se ha repetido con la segunda edición). Uno de ellos ganó un premio en un certamen posterior. También participé como seleccionadora en la III convocatoria de Windumanoth y varios relatos que me encantaron se quedaron fuera y han sido publicados en otras plataformas.

¿Con esto qué quiero decir? Que no soy mejor ahora que hace un año. Y vosotras tampoco. En esto de publicar entra en juego más gente. Ahora llevo tres meses sin escribir nada de ficción y me está costando mucho ponerme con ello. ¿Seré peor el año que viene si no consigo publicar nada? Hace unos días Guillem López hablaba en esta entrevista sobre estos tiempos locos editoriales, en los que necesitas estar continuamente surcando las olas, porque si vuelves a la orilla es posible que no vuelvas a bañarte. Y lo triste ya no es que sea una estrategia fatal para la producción literaria de calidad, sino que nosotras mismas, desde que empezamos, contribuimos a esto. Porque parece que si el agua deja de mojarte los pies ya no eres digna, si tu obra no supera la anterior eres una decepción. La búsqueda de la excelencia, en vez de empujarnos, nos bloquea. Y eso es lo que ha cambiado verdaderamente en mí una vez he podido chapotear. Que me siento responsable porque todas las obras de las que os he hablado hoy son muy diferentes entre sí. Hay ciencia ficción, fantasía y terror, unas son más profundas y otras son puro entretenimiento. ¿Decepcionarán unas por las expectativas que han generado las otras? ¿Decepcionaré yo si dejo de producir? Hurley tiene razón cuando habla de que lo complicado no es llegar, sino mantenerse. Y añado: lo complicado es mantenerse sin obsesionarse en esta dinámica que se ha creado en el sector.

Así pues, con este artículo lo que quiero transmitir es lo siguiente: se puede; la tenacidad y el esfuerzo son importantes pero la suerte es un factor a tener en cuenta; las obras no se rechazan, no son elegidas; disfrutad mientras podáis con lo que escribís. Espero que los ejemplos personales que os he puesto os hayan servido. No os rindáis nunca.

PD: Estaré en el Celsius 232, y las tres revistas/antologías que os he comentado hoy parece que también, por si queréis comentar algo. Con una birra en la mano se hace mejor ^^

viernes, 29 de junio de 2018

~Reseña~ Cuéntamelo otra vez, o un redescubrimiento de los cuentos clásicos




En medio de la vorágine por las reescrituras de cuentos de hadas, la editorial Pulpture se subió al carro hace un año e hizo la convocatoria para la antología Cuéntamelo otra vez. El resultado ha sido una recopilación de versiones de cuentos clásicos muy variadas, que caminan por lo humorístico, lo sangriento, lo terrorífico, lo distópico y lo nostálgico. No obstante, como ocurre con gran parte de las antologías, también es un tanto irregular.

El acercamiento a las referencias originales ha sido bastante diverso, aunque la mayoría se mueven entre la versión actualizada y el rescate de elementos o nombres.

En el primer caso nos encontraríamos "Cerillas", de Anna Roldós, "Hasta la medianoche", de Elein o "Hola Caperucita", de Toni Sicilia. La de Roldós es una adaptación preciosa del cuento de "La Cerillera" en una ambientación de ciencia ficción. La autora ha sido capaz de transmitir la desesperación de la protagonista, además de su necesidad de recuperar a su familia en unos momentos tan duros. El final, aunque esperado, sigue siendo un golpe. Para mí es uno de los mejores relatos de la antología. Por otro lado, "Hasta la medianoche" es una versión muy curiosa de "La Cenicienta" ambientada en la Tierra Media, en el mundo de Erebor, con Bilbo como Cenicienta y Thorin como príncipe. Los crossovers suelen sacarme bastante de las historias, pero la autora consigue con un estilo cuidado y que recuerda en gran parte a los cuentos clásicos transformar estas dos historias para dar un resultado único, entretenido y simpático. El caso de "Hola Caperucita" es bastante similar, con una tertulia muy graciosa entre la Bruja y el Lobo planeando comerse a Hansel y Gretel y la inclusión de referencias muy divertidas.

Nombres toman casi todos los demás, pero algunos se alejan más que otros del original. Por ejemplo, "Roja", de Diego Capalvo, utiliza los nombres de Caperucita, Lobo, la Abuela, etc, pero la historia recuerda a un Mad Max con un trasfondo que no acaba de explicarse y poco tiene que ver con la "Caperucita roja" que todos conocemos. El autor sabe llevar muy bien la acción, aunque le falta un pulido de estilo para que las escenas sean más claras y no sature tanto al lector. "El planeta de los niños perdidos", de Luis Carbajales, tampoco tiene mucho que ver con Peter Pan, a excepción de Wendy "Garfio", su protagonista, una pirata espacial que regresa a un planeta para reencontrarse con su pasado. Más parecido encontramos en "La verdad sobre Maravilla", de Luis Alberto Martín, la crónica de una isla perdida en el Mar Negro que se acerca a la historia de Lewis Carroll de una forma muy original, con espías y enredos políticos.

Subapartado de Hamelín dentro de la antología

También abundan los relatos de humor, como "Desventura en Hamelin", de Ander Mombiela, "El detective de Hamelín", de Alberto Berjón, u "Hola Caperucita". El de Mombiela es sin duda también otro de los destacados de la antología, con una historia muy simpática, ayudada por los guiños metaliterarios y una mezcla con "El gato con botas" de lo más divertida. En "El detective de Hamelín", Odón Pérez le roba todo el protagonismo al detective; para mí tenía mucho más interés que el misterio de las ratas desaparecidas.

Como podéis ver, hay muchos criterios que aglomeran algunos de los relatos, por eso no entiendo cuáles se han seguido para decidir el orden de los relatos. Hay cuatro dedicados a "El flautista de Hamelín" agrupados en medio de la antología, pero también hay un par sobre Peter Pan o sobre Caperucita que aparecen separados, y mezclados tonos muy diferentes.

Si salimos de la forma en que los autores se han acercado a las reescrituras y nos centramos en su calidad, para mí los más destacados son, como he dicho, "Cerillas", "Desventura en Hamelín", "Tres veces", de Laura Arenas Manzanares y Bailan los niños, bailan las ratas, de Ferran Varela. El de Arenas es un cuento oscuro y lleno de poética que bebe de "Los tres cabritos Billy". Quizá le ha faltado más equilibrio entre la acción y la descripción, pero la cadencia de los estribillos y la musicalidad están muy bien conseguidas, generando un ambiente tenso y siniestro muy acorde al relato. El cuento de Varela se aleja de la aureola de cuento de hadas y recurre a un ambiente de terror con una gran reflexión religiosa. Ni eso ni la figura del "cuentacuentos" son tácticas muy originales, pero está muy bien escrito y conseguida la desesperación del protagonista.

Después los hay con una premisa o una vuelta de tuerca bastantes originales, como los de "Hasta la medianoche", "La banda de los siete", de Miguel Martín Cruz, "Roja", "Notas discordantes", de Fernando D. Umpiérrez,  "El planeta de los niños perdidos", "La verdad sobre maravilla" o "Volar bajo las olas", de Daniel Garrido.


Martín Cruz monta una banda de mafiosos con los "enanitos" y transforma a Blancanieves en una heroinómana. La idea me ha llamado mucho la atención, pero creo que el relato se queda corto para desarrollarla como debe. También me ha gustado la voz del protagonista, muy bien conseguida, si bien las escenas quedan muy fragmentadas y se pasa muy por encima de cada tramo, no hay apenas profundidad. Lo peor es que, quitando a Sabio y Número 2, que supongo que sería Gruñón, el resto de "enanos" me han parecido indistinguibles y la necrofilia gratuita ha echado mucho para atrás mi sensación general del relato.

Umpiérrez plantea una distopía de la que desconocemos poco y cuya relación con el relato de Hamelín se descubre poco a poco. Sin embargo, el estribillo no acaba de funcionarme demasiado bien y el hecho de que la pregunta que inicia el relato no llegue a responderse me ha dejado un poco a medias.

"Volar bajo las olas" es una versión de "La Sirenita" en que la protagonista tiene una deformidad y por ello es convertida en atracción de feria. Es una historia que tiene mucho de melancolía y tristeza, como la de Andersen. Al igual que en "Bailan los niños, bailan las ratas", el autor acude al "cuentacuentos" para terminar de redondear el relato.

El resto de relatos no han acabado de convencerme y hay varios a los que les falta una corrección de estilo. Hay exceso de repeticiones y cuentos muy recargados a los que les habría venido bien un pulido, o quizá otra forma de distribuirlos les habría sentado mejor.

En cualquier caso, ha sido una lectura bastante entretenida, sin grandes pretensiones pero con visiones y voces muy interesantes. Ha habido también algunos ejemplos de subversión, como ocurre con la vengadora de "Roja", la alcaldesa de "Desventura en Hamelín", la pirata de "El planeta de los niños perdidos". Teniendo en consideración los cuentos de los que proceden, es agradable ver este interés en plasmar personajes femeninos más activos y que se salgan del molde tradicional. Lo más destacado de la antología es, además del cuidado que le han puesto a la portada y los detalles interiores, hallar estas versiones tan diferentes, plasmadas sobre todo en el apartado de Hamelín. Esto demuestra que se pueden crear nuevas historias a partir de otras con nuevos valores y sin renunciar a la originalidad. Si os gustan los cuentos de hadas, os animo a redescubrirlos con Cuéntamelo otra vez.

Otras reseñas:


Título: Cuéntamelo otra vez
Autores: VVAA
Editorial: Pulpture
Encuadernación: Rústica
Año de publicación: 2017
Nº páginas: 290
Precio: 14




Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

martes, 19 de junio de 2018

~Ficción corta~ Capítulo #5


Marchando otra sesión de ficción corta! Porque lo bueno, si breve, dos veces bueno. Esta vez, 100% mujeres.


Tejedora, de Nina Allan

Cuando leí La carrera ya me llamó mucho la atención la prosa de Nina Allan y la forma que tenía de abordar las temáticas en su narración. Si a eso le sumamos lo que me gusta la mitología y los diferentes acercamientos que se hacen a ella desde diversas perspectivas, tarde o temprano esta novela corta que publicó hace un tiempo Fata Libelli debía caer en mis manos.

Allan nos traslada a una Grecia a caballo entre los antiguos gremios y un futuro no demasiado lejano. Es un ambiente un tanto difícil de identificar, pero sin duda muy apropiado para esta historia, en la que la realidad y la magia se entremezclan de modo que no sabemos dónde acaba una y empieza la otra. Hay múltiples metáforas encerradas en el pasado de Layla, la protagonista, en las apariciones de una misteriosa anciana, en la araña a la que dedica una escena. La autora no oculta que esta historia hunde sus raíces en el mito de Aracne, pero lo que nace a partir de él es mucho más complejo.

Hay una reflexión esencial sobre el equilibrio entre arte, talento y esfuerzo, que se revela de muchas formas a lo largo de la obra. El prólogo de las editoras ayuda a contextualizar este tema, pero aun así es de esas obras a las que hay que volver para estudiar, leer entre líneas y extraerles todo el jugo. Comentarios como este de Carmen Romero también son muy interesantes. Disfruto mucho de las historias que merecen esta atención, este intercambio de lecturas y análisis. Si además añadimos su brevedad, la magia de la que la envuelve Allan, su prosa tan particular, la excelente traducción de Silvia Schettin y la edición de Susana Arroyo, no puedo por menos que recomendarla.



Brebaje, de Tamara Romero

Si nunca has leído a Tamara Romero:

2. Lee Brebaje.

Puede que no sea su obra más sobresaliente, pero deja con ganas de leer mucho más de la autora. Me ha parecido una buena forma de conocerla. Directa, entretenida, divertida en su punto justo, con una mezcla entre fantasía y ciencia ficción, una protagonista carismática y algún misterio que resolver.

Balbina Vital es una maga del espectáculo que encuentra trabajo en un resort de vacaciones bastante particular, pero el primero de sus shows no acaba muy bien. Esto lleva, entre otras cosas, a una reflexión bastante interesante (y metaliteraria) sobre la mediocridad, el talento y el esfuerzo, también sobre la seguridad que nos da creernos invencibles. Este mensaje es muy importante para aposentar una realidad algo estrambótica, puesto que todo lo que envuelve a Balbina puede resultar ajeno, pero ella es muy cercana.

Me ha gustado cómo se van desvelando poco a poco los detalles sobre el lugar y el misterio que lo envuelve; la estructura en cierto modo circular que tiene la narración. Sin embargo, esa ligereza que en ocasiones tanto se agradece en la narración, aquí ha hecho que me sepa a poco, que las páginas pasen en un suspiro y que necesite algo más. Quizá empezarlo de nuevo, analizar con más atención alguno de los aspectos más interesantes de la obra, si la certificación de que el karma existe tiene una influencia real en los acontecimientos o solo es un ruido de fondo que contribuye a la sensación de ilusión. Creo que será una obra interesante de comentar con Tres marcianos y medio, así que os invito a acompañarnos en nuestra disertación.



Binti, de Nnedi Okorafor

Esta es la primera novela corta de una trilogía que espero que dé tanto que hablar en España como lo dio hace cuatro años en EEUU. Es una lectura corta, fluida, amena y no por ello exenta de profundidad. Binti es una joven de dieciséis años que se escapa de casa para ir a la Universidad… a varias semanas de viaje desde la Tierra. Eso la hará enfrentarse a tres cuestiones que también son fundamentales para entender y disfrutar esta obra:

-El racismo. Binti es himba, una comunidad nativa de Namibia con una cultura propia asentada desde hace siglos que Okorafor dibuja con algunas pinceladas en esta obra. Los himba se cubren con otjize, una mezcla de arcilla con flores. Tanto por su aspecto como por sus costumbres son señalados por los khoush (una etnia inventada inspirada en los árabes). Binti vivirá varias situaciones en las que será tratada de forma diferente solamente por su aspecto.

-El trauma. En este caso será doble, pues la golpearán tanto la nostalgia por su familia y su pueblo como la terrible situación que deberá afrontar durante su viaje. Quizá podría haberlo hecho notar más, pero la autora también espera que el lector ponga de su parte y entienda las reacciones de Binti a partir de lo que le sucede.

-El pacifismo. Hay muchas historias donde llega un punto en que hay que elegir entre la vía diplomática y la violenta, y en los últimos años ha habido una profusión de elecciones por la segunda, como si sin violencia no pudiera haber conflicto. Lo cierto es que el conflicto sigue existiendo, pero la vía diplomática es más lenta y tiene menos acción y requiere más confianza en las personas. Una de las cosas que enseña Binti es que podemos ser mejores.

Sin entender cómo trata Okorafor estos tres aspectos es difícil comprender cómo evoluciona la trama. A mí me ha ganado por las tres cosas. Aunque he echado de menos más desarrollo del mundo que crea, se nota que no es ni de lejos la intención de la autora centrarse en ello, sino en la experiencia de Binti, en qué es lo que cambia su vida. Y eso lo plasma muy bien.

Es de agradecer la traducción de Carla Bataller, que hace que esta obra se lea en un abrir y cerrar de ojos. Por suerte no tardaremos mucho en tener la segunda parte, porque me da la impresión de que ayudará a entender mucho mejor esta primera entrega.


Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

lunes, 28 de mayo de 2018

Revolucionaria, feminista y geek



Esta es la historia de cómo comentar un libro que te ha tocado intelectual y emocionalmente a todos los niveles sin soltar grititos ni dar saltitos por doquier. Es una de las ventajas de escribir tu opinión en lugar de grabarla en vídeo y subirla a youtube, o quizá una de las desventajas, según se mire.

Siento devoción por las pasiones de la gente. No importa si hablan del tema más aburrido del mundo; si transmiten la pasión que sienten por él, me quedo embobada escuchando. Durante una parte de mi vida (y aún hoy me ocurre a veces), sentía que era incapaz de transmitir algo así por mi forma de pensar lógica y analítica. Quizá sea un poco vulcana. Pero lo cierto es que la gente cambia, yo he cambiado, y gran parte de lo que cuenta La revolución feminista geek es la historia de ese cambio. ¿Cómo no te va a apasionar que te cuente tu propia vida alguien que ni siquiera sabe que existes? Pues, precisamente por ello, es todavía más emocionante. Porque esta es la historia de Kameron Hurley, pero también la mía y la de muchas otras que un buen día encontramos unas gafas moradas por el camino. Saber que alguien que vive a miles de kilómetros, y que ha vivido experiencias tan diferentes, ha llegado a las mismas conclusiones que tú da una sensación de pertenencia a grupo que no consigue ninguna afirmación del tipo «No estás sola».

En esta serie de ensayos, Hurley relata algunos hechos de su vida para acercarnos a dos temas principales: la perspectiva de género en la literatura y la perseverancia en la escritura. Aunque pueden parecer bastante específicas para el oficio, creo que es fácil extrapolarlo a cualquier disciplina, ya sea o no artística.

Comentaré primero este segundo tema, más concreto, y que trata sobre todo en la primera parte de la colección: «Subir de nivel». La autora relata una verdadera carrera de esfuerzo y tenacidad a lo largo de los años, de rechazos acumulados y esperanzas frustradas, de cómo lo más difícil no es llegar, sino mantenerse. Dedica muchas líneas a hablar del engaño del talento, sin despreciarlo pero también sin vanagloriarlo, porque el oficio de escritor puede aprenderse y se mejora con la práctica.


Incide mucho en la perseverancia, en aprender de los fracasos, y me parece una buena enseñanza tanto para los que estamos empezando como para los que ya llevan años ahí. No importa que sea algo que ya sepas y te han repetido, quienes escribimos somos así de masocas y necesitamos oírlo y leerlo una y otra vez.

La perspectiva de género y el feminismo es un tema continuo, que aparece en casi todos los ensayos, de una forma u otra. En primer lugar, y enlazando con el tema de la escritura, Hurley no olvida el esfuerzo extra que supone para las mujeres llegar al mismo lugar que un hombre. No importa cómo seas, pienses o escribas, tanto editores como público tienen prejuicios en base a tu género y eso genera unas expectativas en torno a tu obra de las que no eres responsable. Es algo que sabemos de una forma u otra, aunque cuando no sabemos ponerle nombre es común que caigamos en el argumento misógino de sentirnos como hombres y que las mujeres sean «otras». También es común sentir como una victoria general la individual, pero la autora ya advierte que «Una sola victoria no significa nada» mientras el sistema patriarcal siga institucionalizado en todos los aspectos de nuestra vida.


Hurley persigue su propia evolución para lanzar un mensaje de sororidad continuo. Ya no solo en el premiado «Siempre hemos luchado», en muchos de los ensayos señala no solo que somos muchas, sino que ha habido otras antes que nosotras. Es un mensaje de esperanza y fortaleza, puesto que ahora estamos mucho más en contacto gracias a las redes sociales, «incluso si a menudo discutimos entre nosotras en Twitter, y nos criticamos nuestros argumentos de mierda, puntos muertos y gilipolleces». Porque no se trata de ser amigas, sino de construir algo mejor entre todas, cada una de la forma que mejor creamos, y dejar algo mejor a la próxima generación; derribar muros y ayudarles a superar los que quedan para que no se vean ante la titánica perspectiva de hacerlo todo desde el principio.

También hay muchas páginas dedicadas a la responsabilidad de las historias que contamos, del discurso que crean y tiene su eco en la realidad. Vivimos en un mundo diverso, aunque muchos hayamos crecido en la visión de que el defecto es el hombre blanco heterosexual y el resto somos excepciones, incluso cuando constituimos el 50% de la población. Hurley sigue acudiendo a sus propias experiencias para ilustrar estas afirmaciones y reivindicar la necesidad de una literatura más plural. Si ahora hay un hueco para ella es porque los lectores la exigimos, buscamos autoras, o historias con personajes no normativos, o sistemas socioculturales en los que no se imiten las mismas jerarquías que tenemos.

Además de ejemplos personales, el apartado «Geek» está dedicado a analizar elementos o construcciones en productos culturales como son series o películas. Habla de cómo ensalzamos a los monstruos e invisibilizamos a las mujeres, o reducimos sus circunstancias a las del propio cuerpo. Comenta lo perezoso que resulta que la acción de las mujeres provenga de un asalto sexual, y reinvindica que la solución es buscar otras alternativas, ya no solo para no perpetuar un estereotipo sino para enriquecer la historia.

Kameron Hurley

La tercera parte, «En lo personal», es la más dura, pero donde más he aprendido. Dependiendo de las razones de cada lector para leer este libro, puede que esto le resulte más o menos interesante. Para mí ha sido una clase sobre madurez y valoración de lo que poseemos, tanto a nivel personal como a nivel institucional. En un periodo en que cada año se reduce la inversión en la salud pública de nuestro país, leer las dificultades que acarrea un sistema como el estadounidense (al que quería, si no lo ha hecho ya, volver Trump) debería enseñarnos la suerte que tenemos y solidarizarnos todavía más con aquellos que ni siquiera disponen de eso.

No obstante, creo que la parte más importante es la relativa a la gestión de las redes sociales. No son clases de marketing, sino más bien qué supone cómo respondes a las críticas y cómo te comportas ante las movidas que hay todos los días en redes sociales.

El mote de sierpe me viene por algo, entre otras cosas porque cuando me enfado puedo soltar mucho veneno; no es nada nuevo, nunca me he escondido en este sentido, y lo cierto es que me ha ido mejor que intentando ser diplomática. Ya lo he dicho antes, soy medio vulcana, medio humana. Eso me permite entender razones y motivaciones de mucha gente y empatizar con ellas, aunque no esté de acuerdo al 100% en ningún discurso. Pero eso también hace que me lluevan críticas de todas partes, lo cual me ha generado bastante ansiedad, largas conversaciones y demasiadas situaciones incómodas.

Con el tiempo he aprendido a responsabilizarme solo de mis propias palabras y actos y a entrar cada vez menos en según qué discusiones que, preveía, solo me generarían disgustos. Intenté callarme, pero tampoco funcionó. «Era patético. No sirvió para nada. Aun así vinieron a por mí. Incluso fue más fácil despreciarme, ignorarme, dar por supuesto que no era más que alguien sobre la que todos podían pasar por encima y escupir basura sexista y racista sin que nadie les llevara la contraria». Vaya, parece que no soy la única que ha pasado por ahí. Eso sí, llevaba un tiempo en que no sabía gestionarlo. Porque tampoco sé dejar de generar discordia. Tengo mis opiniones, más o menos acertadas, y de vez en cuando la cago. Pero hay gente que sabe perdonarme y otra que no, o incluso a quienes directamente les caigo mal e ignoro por qué me leen. Solo merecen la pena las personas del primer grupo. El resto es humo, ni mis amigos ni mi público no están ahí. Ya pasé una época en la que intentaba ser otra persona para tener más amigos. Tenía trece años y sufría bullying. No funcionó. No funcionará ahora. No voy a dejar de ser yo para agradar a nadie. Voy a seguir siendo imperfectamente yo, y quien quiera aguantarme y leerme lo hará con conocimiento de causa. No voy a negar que leer a Hurley me ha ayudado a reafirmarme en esto, porque a veces solo necesitas una voz externa para animarte a seguir ese camino, aunque quizá no sea el mejor, eso el tiempo lo dirá.



Sin embargo, también tiene razón en otra cosa, y es que no merece la pena enclaustrarse en un tema o persona en particular. En primer lugar, porque te roba tiempo y energías; en segundo, porque centrarse en una situación tóxica y convertirla en un tema asiduo es una forma más de silenciarte; y, por último, porque las olas de odio solo generan más odio, luego tenemos que vernos las caras y pueden volverse en tu contra. Es mucho mejor bloquear, silenciar y cortar todo contacto. «¡Totalmente justo y saludable, incluso deseable!».

Tampoco es que esté de acuerdo con toda su visión. Hurley es muy amiga de las mujeres brutales y desagradables, y, aunque me gusta mucho ese tipo de personajes, creo que no es la única manera de reflejar a una mujer fuerte. No obstante, es la propia autora quien da la solución: «Es lo que calificamos de "blando" o "femenino" lo que hace posible la civilización. […] No lastraba a mis personajes con estereotipos forzados, conflictos predecibles y fracasos imaginativos. Buscaba las distintas formas en que expresamos nuestra humanidad. Escribía sobre personas. No caricaturas». Para mí, la clave está en crear mujeres diversas, que hagan cosas, no solo que les pasen cosas. Lo comenté, por ejemplo, al hablar de La armadura de la luz (Minotauro, 2017): Iviqui tiene pequeños momentos de esplendor en los que elige su propio camino, pero la mayoría del tiempo se ve arrastrada por las circunstancias. Tiene un papel activo, sí, pero el peso de la narración no recae sobre ella. No digo que eso esté mal, es un modo de enfocar el relato que depende mucho de cada historia. Solo digo que personajes como Akko (Little Witch Academia), a pesar de estar llenos de estereotipos más que discutibles, son mujeres fuertes sin ser violentas o guerreras. Su fortaleza reside en su tenacidad, en la persecución de su sueño a pesar de las dificultades. Podemos crear narraciones desde ahí y desde muchos otros ángulos para no llenar las estanterías de un nuevo arquetipo.

Me parece que ya he hablado suficiente de muchas de las ideas que me ha transmitido este libro. Para mí ha sido un viaje apasionante, donde he aprendido a conocerme mejor a mí misma y analizar varios de mis comportamientos. Si tuviera que destacar las tres temáticas que más me han entusiasmado las resumiría en: sororidad, visibilización y empoderamiento. Quizá esto te haga pensar que es un libro dirigido en exclusiva a mujeres, pero no es así. Es cierto que cuando la autora interpela al lector se refiere a una mujer escritora, pero como ya he dicho antes, puede extrapolarse tanto a otros trabajos como a otros colectivos oprimidos. Incluso así, recomiendo su lectura a hombres que quieran entender cómo vivimos la opresión e invisibilización sistémica las mujeres, o cómo entendemos la literatura y su mensaje, siempre con un acercamiento abierto. Porque «podemos escoger el camino seguro. O podemos escoger tomar parte en la construcción de algo mejor». Y necesitamos a todo el mundo para construir un futuro mejor.


Título: La revolución feminista geek
Autora: Kameron Hurley
Traductor: Alexander Páez
Editorial: Alianza Runas
Encuadernación: Tapa dura
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 264
Precio: 18,50€ / 12,98€ (ebook)


Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
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