viernes, 4 de marzo de 2016

Querida abuela

Querida abuela:

No sé si volverás a decirme hola con tu sonrisa desdentada, pero sé que yo no te voy a decir adiós.

No se puede decir adiós a tantos recuerdos. A los viernes que pasamos viendo Cruz y Raya y los sábados en el corral. A las películas de Cantinflas. A las tartas de chocolate que aún te pedimos que hagas. A los mantecaos y los rollos. A los monigotes de los pasteles sin cabello. A ti riñéndome por comerme la torta de carbonato cruda. A ti haciéndonos bocadillos porque los nuestros tienen siempre mucha harina.

Tampoco diré adiós a tu pelo blanco alborotado cuando te levantas. A los cuatro mejillones que te comes sin falta. A las pullas de todas las comidas. Porque por mucho que digan de los Soriano, unos tienen la fama y otros cardan la lana, y todos sabemos la mala leche de qué rama nos viene.

Abuela, solo han pasado veinte años, pero ya puedes estar contenta. Ve con cuidaico, ojo con las subías y las bajás de los sitios, no corras mucho que despacico también se llega y cuando llegues, dile al abuelo que a él tampoco le hemos dicho adiós y que os queremos.


Con todo mi cariño,

Tu nieta.


PD: Llama cuando llegues

4 comentarios:

  1. Es una de las cartas más bonitas, más simples y más llenas de significado que he leído nunca.
    Espero que todo lo bonito y lo no tan bonito se guarde en tu mente como recuerdos indelebles y que disfrutes de ellos cada vez que salgan de su escondite para que les limpies el polvo.

    Besos.

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    1. :) ¿Al final qué somos, sino recuerdos? Todos atesoramos nuestra vida en algún rincón de la mente, pero a veces no somos conscientes hasta que un trozo de ella sólo se puede vivir ahí. Quizá si lo fuéramos viviríamos de otra manera.

      Gracias por leer ^^

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  2. Dalayn, creo que has escrito el texto más triste y hermoso que he podido leer en mucho tiempo. Tienes razón, ¿qué somos, sino recuerdos? Estoy segura que los recuerdos de los que hablas serán imborrables para ti, y que aún tendrán vida en otras mentes cuando los cuentes, como has hecho en esa carta.
    Tal vez si quisiéramos darnos cuenta de estas cosas viviríamos de otro modo, pero el ser humano vive en la inopia, con escasos momentos de lucidez y consciencia.
    Gracias por haber querido compartir con quienes te leen estas palabras.

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