Blog de literatura fantástica

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    Ige es diferente. Su mejor amigo ha muerto por ser diferente. ¿Conseguirá encontrar un hogar al otro lado del mar? ¿Podrá convivir con Olu, la inteligencia artificial que odia y siempre la acompaña?

lunes, 10 de agosto de 2020

~Reseña~ Los hombres me explican cosas, o la deconstrucción del silenciamiento

 

Portada Los hombres me explican cosas

Los hombres me explican cosas es un libro que engaña. Aunque en la sinopsis resalte que es un conjunto de ensayos de Rebecca Solnit sobre la desigualdad entre mujeres y hombres, muchos de los artículos que se incluyen pasan esta temática un poco de refilón. Lo cual no es malo, ni mucho menos, pero da a priori una idea equivocada de lo que nos vamos a encontrar.

El primer ensayo, «Los hombres me explican cosas», el que le da el nombre a la recopilación, ejemplifica con varias vivencias de la autora en qué consiste el mansplaining y cómo nos afecta. Solnit habla de confianza y silenciamiento, las dos bases para que estas situaciones tengan lugar: la total confianza en sí mismos que tienen algunos hombres y que se transforma en arrogancia cuando la exhibe una mujer, lo que invita al silencio. El mansplaining es una manera de perpetuar esta dinámica, de mantener la inseguridad y la autolimitación que nos imponemos las mujeres para encajar en un sistema en el que siempre tenemos las de perder.

La autora, no solo en este artículo sino también en otros, se permite matizar. Algunos hombres. Algunas mujeres. Deja claro en todo momento que sí, hay excepciones, pero eso no debería distraernos de ciertas conductas estructurales y normalizadas en la sociedad. Del mismo modo que denunciamos que la heterosexualidad es normativa y no debería serlo porque existen otras realidades, denunciar que el machismo también es sistémico y no debería serlo porque perjudica tanto a mujeres como a hombres, y que por ello se hace necesario crear una realidad diferente, no significa que estas realidades no existan ya en algunos entornos y ámbitos.

Rebecca Solnit. Foto: Adrían Mendoza

En «La guerra más larga» profundiza más en estos patrones, en concreto en el de la violencia contra las mujeres, «un patrón de profundas y extensas raíces que es incesante y terriblemente obviado». Si bien estoy de acuerdo en que, hablando de violencia machista, esta existe independientemente de la raza, la clase, la religión o la nacionalidad, expresarlo con una frase como «la violencia no tiene raza» puede dar lugar a una idea errónea sobre otros tipos de discriminación y represión. Si se puede matizar que «esto no quiere decir que todos los hombres sean violentos» o «Las mujeres pueden, y lo hacen, cometer actos de violencia contra su pareja», esto también debería matizarse. Para mí es lo que más le falta al compendio, un rastro de interseccionalidad.

Hay un espejismo de ello en «Mundos que colisionan en una suite de lujo», donde se expone al exdirector del FMI Strauss-Kahn por una situación de agresión sexual, lo que le sirve para hablar de las condiciones económicas que creó el Fondo Monetario Internacional para expoliar África. Pero trata la agresión separadamente del asunto económico, como si el único aspecto en tuvieran en común fuera una persona despreciable. También se habla de racismo en otros artículos, pero se trata como algo externo y que compara con la misoginia, pero no hay un acercamiento al feminismo negro. Y oportunidades tiene.

Otros ensayos aportan ideas muy sencillas pero efectivas, como ocurre con «Elogio de la amenaza», donde expresa la contraposición entre matrimonio igualitario y matrimonio tradicional, no en base a la orientación sexual de los contrayentes, sino a su posición relativa en la relación. Un artículo breve pero muy certero, que está entre mis favoritos de Los hombres me explican cosas.

Pero, sin duda, los mejores artículos son los más íntimos, los más poéticos. Ahí se desata la prosa de Solnit, la relación de ideas, la construcción del discurso. «Abuela araña» y «La oscuridad de Woolf» entrarían en este apartado. En el primero se basa en un cuadro de Ana Teresa Fernández para hablar de obliteración, de las mujeres olvidadas, ocultas, y también de arte. En el de Woolf, además de mostrar una vez más la influencia de la pensadora británica en el feminismo actual, me ha gustado sobre todo las referencias a la creatividad y la identidad.

Edinburgh nightclub meme: What was being said - BBC News

Solnit utiliza en todo momento un tono calmado, para nada violento, que invita a reflexionar pero que no deja de ser firme y contundente en sus afirmaciones.

En «El síndrome de Casandra» se regresa al tema con el que se iniciaba el libro, y también sucederá con los ensayos siguientes. No al mansplaining en sí, sino al silenciamiento de las mujeres. Las estrategias que se siguen en redes sociales, las campañas de acoso, las acusaciones de «supuesta victimización» para evitar que denunciemos que, efectivamente, somos víctimas. Acusarnos de victimización también es silenciarnos.

Reactivar este tema le da un sentido a la recopilación y la convierte en algo más que una serie de artículos independientes. Construye un relato cohesionado de cómo el feminismo ha hecho cambiar leyes y que se reconozcan la violación o la agresión sexual como un delito, cosa que antes de los años 60 no ocurría. Habla de cómo pequeñas acciones han hecho caer imperios, aunque sea de una forma metafórica, a pesar de que sus protagonistas no fueron tratadas como heroínas, todo lo contrario.

Aunque hay ensayos que pueden interesar más o menos por su contenido, Los hombres me explican cosas te deja con un rayo de esperanza muy propio de la autora. La sensación de que, aunque con lentitud, se pueden cambiar cosas, aunque a veces haya que pagar un alto precio. Entre otras cosas, porque libros como este me siguen pareciendo predicaciones para crédulos, pero siempre me pregunto ¿cómo podría romperse esa dinámica? Sigo sin tener respuesta. Aun así, para quienes se estén iniciando en el feminismo, es una gran aportación. Para quienes no, aún encontrarán información e ideas de valor, además de una buena traducción de Paula Martín.

Al final, me quedo sobre todo con la afirmación de que las ideas no pueden volver a encerrarse, y con este párrafo hacia el final:

«La misoginia nunca será abordada adecuadamente si se hace solo desde las víctimas. Los hombres que lo asumen también entienden que el feminismo no es un intento de despojar a los hombres de sus derechos, sino una campaña para liberarnos a todos».


 

Título: Los hombres me explican cosas
Autora: Rebecca Solnit
Traductor: Paula Martín
Editorial: Capitán Swing
Encuadernación: Tapa blanda
Año de publicación: 2017
Nº páginas: 152
Precio: 16€ / 3,99€ (ebook)






Laura S. Maquilón
Diseñadora, correctora y escritora. Navego en La Nave Invisible. Autora de El pasado es un cazador paciente e Izahi, a tus hijas.

lunes, 3 de agosto de 2020

~Reseña~ La última luz de Tralia, o la madurez de las relaciones complejas

 
«Y entonces, el silencio.
No un silencio normal, lleno de pequeños susurros inertes. Era un silencio absoluto, que solo podía escucharse en el espacio: la inmensidad del infinito entrando por sus oídos, llenando su cabeza de vacío, de una nada insonora».

Así empieza la primera publicación de Isa J. González, La última luz de Tralia, una novela corta de space opera con una fuerte carga emocional. En ella se narra la lucha por la supervivencia de un joven cuya nave ha sufrido un choque con una nube de asteroides y ha visto cómo el resto de sus compañeros fallecían a causa del accidente.

Este joven, Kenichi, procede de un planeta que está muriendo. Su nave solo es una de las más de mil que salieron de Tralia para buscar un nuevo hogar, un planeta habitable donde poder instalarse y que su pueblo siga viviendo. Sin embargo, las posibilidades son cada vez más escasas. Cuando se encuentra solo en medio del espacio, envía una señal de socorro, sabiendo que lo más probable es que acabe muriendo y compartiendo tumba con sus amigos.


Bosque en Tralia

Sin embargo, alguien acude a su llamada. Otra nodriza que también tiene serios problemas, pero que está tripulada por unos tralianos bastante diferentes: los zestianos son, por decirlo de alguna forma, humanoides adaptados al hábitat marino. Tienen agallas, la piel azulada y el pelo blanco. Su cultura también es diferente. Y, por si eso fuera poco, son dos razas que estuvieron enfrentadas hace tiempo y la desconfianza aún permanece.

La novela va planteando y resolviendo conforme se desarrolla varias cuestiones. ¿Qué problema tiene la nodriza de los zestianos? ¿Por qué acudieron en auxilio de Ken? ¿Encontrarán un planeta donde instalarse? González sabe dosificar la información para mantener en vilo al lector mientras se centra en la relación entre Ken y Rune, uno de los zestianos. El ritmo de la obra se mantiene constante y la autora controla muy bien los silencios y el cambio entre las escenas. El final, sin embargo, me ha parecido precipitado en comparación con el desarrollo del resto, que se había caracterizado por una narración pausada y más sosegada, con pasajes muy bien conseguidos. Es otra de las cosas que me ha encantado de la novela, el equilibrio entre la acción y la descripción/introspección, que siempre aportaba algo nuevo.
«Quería volver a ser aquel Ken que no conocía ese dolor. Que no conocía la pérdida como algo definitivo y descorazonador. La muerte en Guin era dulce, normalmente indolora. Y siempre quedaba el consuelo de que no era definitiva, estéril, de que la energía se mantenía en los árboles que crecían en los bosques de vida. Ken no tenía aquel consuelo para sus compañeros, que habían fallecido en un sitio yermo, donde nunca podría crecer nada más que la escarcha. No había podido enterrar a Trish, ni a Began ni a Mirana. Sus cadáveres nunca alimentarían la tierra de ningún planeta. Sus almas nunca descansarían entre las raíces de la naturaleza. Esa idea le dolía casi más que la muerte en sí.»
Los acontecimientos parecen supeditados a la relación entre Ken y Rune, que cobra gran relevancia una vez se encuentran y que va sufriendo altibajos a lo largo de la novela. Una relación imperfecta, con diferencias entre sus protagonistas que demuestran que nada puede ser insalvable, pero que se necesita paciencia y voluntad. También se ahonda en la importancia del consentimiento, un tema que la autora trata con cuidado y que contribuye a la evolución de los personajes.

Para ser sincera, me habría gustado que hubiera más slowburn entre Ken y Rune. No creo que la obra necesite alargarse, pero el foco en las primeras escenas ya dejaba claro cómo se iba a desarrollar todo. No era un instalove, pero se le acercaba lo suficiente.


Esa cierta prisa en la revelación de un pilar de la historia también acontece en el tramo final. Las pistas están muy bien colocadas y el descubrimiento no sorprenderá a les lectores que hayan prestado atención, pero ahí sí que me hubiera gustado más desarrollo. Sobre todo, porque La última luz de Tralia es una obra muy introspectiva y es algo que no debería perderse. No es fácil hacerlo, y menos cuando se trata de una ópera prima, pero no está de más señalarlo, porque González ha demostrado tener habilidades de sobra para solventarlo.

De hecho, más allá de la narración y la construcción del nexo entre los protagonistas, La última luz de Tralia destaca por muchos otros temas. Como habréis podido deducir, hay espacio para hablar de racismo y ecología, aunque no se ahonde demasiado (es una novela corta, no lo olvidemos), pero también de libertad sexual, de autoconocimiento, de asexualidad, de perdón, de tradición. A través de los personajes secundarios, Tyra, Daven, Sigrid y Eyra, se exponen una serie de circunstancias que influyen en su manera de relacionarse. La autora les da su espacio, los dibuja con mimo en pocas palabras y los hacen partícipes de una historia que les sobrepasa. Se equivocan, tienen miedo, son valientes, se arrepienten. González hace que la Nodriza 2 sea algo vivo y muy real. A eso también contribuyen las pinceladas de ciencia, suficientes para que la obra tenga unos cimientos fuertes pero que no perderán a les lectores que no tengan conocimientos sobre virus y composición sanguínea.

Otro de los aspectos positivos, y esto es algo que suelen dar más las novelas cortas, es que el universo que ha construido la autora se dibuja con pinceladas aquí y allí, pero no hay un tapiz completo. Eso podría permitir a González bucear en esos huecos en un futuro, pero no es algo que la historia necesite para cerrarse. Es cierto que La última luz de Tralia se lee en unas pocas horas y que simpatizamos lo suficiente con los personajes como para querer saber qué ocurre a continuación, pero no es algo que le haga falta a la novela. La historia ya se ha contado. Lo que queremos (lo que yo quiero, al menos), es que González siga narrando aventuras galácticas (o no tan galácticas) con esta sensibilidad y buen hacer. El resto es cuestión de tiempo.




Título: La última luz de Tralia
Autores: Isa J. González
Editorial: Crononauta
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Año de publicación: 2020
Nº páginas: 164
Precio: 15€ / 5€ (ebook)





Laura S. Maquilón
Diseñadora, correctora y escritora. Navego en La Nave Invisible. Autora de El pasado es un cazador paciente e Izahi, a tus hijas.

domingo, 17 de mayo de 2020

Emilia Pardo Bazán, 100 años después

Emilia Pardo Bazán


El próximo año se cumplirá el primer centenario del fallecimiento de doña Emilia Pardo Bazán, destacada escritora española, sobre todo en el movimiento del naturalismo, feminista y avanzada a su tiempo. Bien por la aproximación de esta fecha, bien por la recuperación que se está realizando de figuras relevantes en el ámbito de la cultura que han sido históricamente relegadas a un segundo plano, lo cierto es que en los últimos años se ha hablado mucho de Pardo Bazán, de su producción y de su implicación como feminista.

Tal ha sido el creciente interés, y al estar ya sus obras exentas de derechos de autor, varias editoriales han publicado cuentos y novelas menos conocidas, hasta tal punto que se me hace complicado seguirles la pista y saber qué títulos se repiten en las diversas colecciones. Así pues, sirva este artículo no solo para saciar vuestra curiosidad, sino también la mía.

Después de mencionarla de pasada en el instituto, mi primer acercamiento a la autora fue a través de una pequeña publicación gratuita que reseñé en La Nave Invisible. A raíz de esa reseña, investigué para publicar su bibliografía y encontré un jugoso artículo académico sobre la inclusión de lo fantástico en la producción breve de doña Emilia. Más adelante, Laura Huelin se adentró aún más en la figura de Pardo Bazán, y una chica llamada Emma le dedicó varias entradas por la iniciativa Adopta Una Autora, que luego pasó al blog #DoñaEmiliaRocks

Y ahora que estamos en sintonía, pasemos sin más demora a enumerar estas últimas publicaciones que comentaba más arriba. Advierto, eso sí, que no todas son de temática fantástica.

La sirena negra (uvebooks)



La sirena negra es una novela corta publicada por primera vez en 1908 y que forma parte, junto con La quimera (1905) y Dulce sueño (1911), de las novelas negras de Emilia Pardo Bazán.

El corazón perdido (uvebooks)



Esta edición de arte, está inspirada en el relato corto de El corazón perdido de Emilia Pardo Bazán. Consta de una caja contenedor de 27 x 27 cm, en su interior, figuran: un plegado realizado en papel italiano Rembrandt, 300 grms,  que contiene el relato con ilustraciones de Alisa Mikibith, Andrea Vesalius y Sandra Márquez, tres obras originales de pequeño formato de la artista Sandra Márquez, firmadas, dos tarjetones impresos en papel italiano Rembrandt, 300 grms, del proyecto y un sobre impreso con el certificado de autenticidad.
Al ser una edición tan especial, en la actualidad está agotada.


La quimera (uvebooks)



Es la novela más autobiográfica de Emilia Pardo Bazán y esta edición es de enero de 2020.


Cuentos góticos (uvebooks)



Contiene los siguientes cuentos:
  • Vampiro
  • El conjuro
  • Un destripador de antaño
  • Mi suicidio
  • La resucitada
  • El antepasado
  • El espectro
  • El mausoleo
  • Las espinas
  • La cana
  • El fantasma

Cuentos trágicos (Cazador de ratas)



Dice Nieves Abarca en el prólogo: 
Doña Emilia escribió muchos y muy buenos libros, pero yo siempre he preferido sus cuentos oscuros, trágicos. En un país en el que estaba mal visto el Romanticismo y peor todavía el movimiento gótico (aquí solo Realismo y Naturalismo y poco más) la coruñesa hizo suyas la melancolía brumosa de Galicia y las corrientes inglesas y alemanas que amaban los vampiros y el terror y las reconvirtió en unas historias escritas como membrillo dulce del bueno y terribles como una tormenta en el Atlántico. No hay relato de este libro que escape al estremecimiento o al pavor.
Los cuentos que componen la colección son los siguientes:
  • El Pozo de la Vida
  • La mosca verde
  • El aljófar
  • La cana
  • La cita
  • Nube de paso
  • Drago
  • La tigresa
  • Durante el entreacto
  • La resucitada
  • El tesoro de los Lagidas
  • Dura Lex
  • El peligro del rostro
  • Recompensa
  • Dioses
  • Idilio
  • Por otro
  • La madrina
  • El pajarraco
  • La leyenda de la torre
  • La almohada
  • Hijo del alma
  • Arena
  • Argumento
  • «Santiago el Mudo»
  • La pasarela
  • Doradores

Un destripador de antaño y otros cuentos (Cazador de ratas)




Si bien no he logrado encontrar qué otros dos cuentos, además de «Un destripador de antaño», son los que aúna esta pequeña colección, he visto que Alianza tenía también una edición de 2015, también con tres relatos, el que da nombre al libro y estos dos: ­«El indulto» y «Por el arte». Supondré que el contenido es el mismo.

El saludo de las brujas (Cazador de ratas)


Aunque la portada tiene tintes góticos, lo único que he podido saber de esta novela, además de que fue publicada en 1898 y que tiene una prosa muy poética, es que encontraremos romance, intrigas y tragedia.

Cuentos fantásticos (Eolas ediciones)



Con edición y prólogo de Ana Abello Verano y Raquel de la Varga Llamazares, esta colección contiene los siguientes relatos:
  • El rizo del Nazareno
  • La Borgoñona
  • Un destripador de antaño
  • La santa de Karnar
  • El ruido
  • La calavera
  • El talismán
  • La máscara
  • Tiempo de ánimas
  • Vampiro
  • El oficio de difuntos
  • Eximente
  • Hijo del alma
  • La resucitada
  • La turquesa
  • El conjuro
  • La charca
  • Las espinas
  • El engendro
  • Lo que los Reyes traían

Como veis, sobre todo las antologías se han centrado en el cuento fantástico y gótico, con «Un destripador de antaño» como relato más repetido. Finalmente, debo añadir que ninguna de estas recopilaciones incluye el relato «La cabeza a componer», incluido en la antología Distópicas y poshumanas que reeditó hace poco Eolas ediciones, que tiene tintes de ciencia ficción.

La producción de doña Emilia en cuanto a relatos es inmensa (se dice que unos 600 relatos), y es difícil catalogarlos. Sin duda el artículo que mencionaba al principio sobre ello os resultará útil (los cuentos que allí se mencionan están listados en la bibliografía publicada en La Nave Invisible), y veréis que no todos ellos se incluyen en las obras que he mencionado aquí. Quién sabe si necesitaremos unos «Cuentos completos» estilo Philip K. Dick, con varios volúmenes, para reunirlos todos. Este centenario puede ser la mejor excusa para ello. Lo bueno es que, con paciencia, se pueden encontrar en la Biblioteca Virtual sin coste alguno (también hay algunos disponibles en Amazon de forma gratuita).

Espero que os haya servido esta pequeña lista y os animéis a descubrir (si no lo habéis hecho ya), a una de las grandes escritoras e intelectuales de nuestro país.



Laura S. Maquilón
Diseñadora, correctora y escritora. Autora de El pasado es un cazador paciente e Izahi, a tus hijas.

lunes, 30 de marzo de 2020

~Reseña~ Així es perd la guerra del temps, o la imaginación de un romance atemporal




Esta va a ser una reseña inusual. En primer lugar, porque hace meses que no reseño nada por aquí, pero eso empieza a entrar dentro de la normalidad (si queréis estar más al tanto de lo que voy leyendo, lo mejor es seguirme en Instagram). En segundo lugar, porque voy a reseñar un libro que no ha sido editado en castellano, y para eso sí es mi primerito día. This is how you lose the time war, escrito a cuatro manos por Amal El-Mohtar y Max Gladstone, ha sido editado en catalán por Mai Més, que llevan un año realizando una labor alucinante con los libros que publican. La novela, traducida por Lluís Delgado y Rosa Borràs como Així es perd la guerra del temps, tiene todos los puntos para arrasar con todos los premios internacionales este año. Y no es para menos.

Asistimos a una guerra infinita entre dos facciones a lo largo y ancho del tiempo. Numerosos hilos donde la historia se repite con diferentes variaciones que la Agencia y Jardín modifican para que el futuro sea como desean. Roma, Samarcanda, la América precolombina, Londres y batallas interplanetarias, todo está permitido. En algunos hilos Romeo y Julieta es una tragedia; en otros, una comedia. Seguro que en unos pocos ni siquiera existe. Así es el universo que imaginan les autores, lleno de referencias históricas y literarias, lugares donde la muerte de una sola persona puede cambiar radicalmente el curso de los acontecimientos.

En este contexto, Roja (por la Agencia) y Azul (por Jardín), son enemigas mortales. Dos espías, dos soldados, dos formas de cambiar la Historia. Una, más directa, más rápida, más violenta; la otra, más lenta, más sutil, más profunda. La primera, más máquina; la segunda, más orgánica. Ambas, engranajes de una guerra sin sentido.

Amal El-Mohtar y Max Gladstone (Uncanny)
La novela comienza cuando, tras una batalla ganada por Roja, esta se encuentra una carta de su enemiga. Una trampa, un pequeño capricho. «Quemar antes de leer», dice. Y Roja la quema. Y la lee. Y comienza un intercambio de cartas arriba y debajo de los hilos del tiempo. La visita de distintos emplazamientos y momentos históricos es una excusa para que Roja y Azul encuentren y lean sus cartas, escritas de las formas más imaginativas. Son, además, un ejemplo perfecto de «mostrar, no contar». Las personalidades de ambos personajes se dibujan a través de sus propias palabras, de la forma en que se dirigen a la otra, de sus experiencias pasadas, de su visión del mundo. Inocente, intensa, impaciente, atrevida. Les autores consiguen darles una voz propia y reconocible y que, por diferentes que sean, consigamos empatizar con ellas.

Todo en esta obra es un despliegue del sentido de la maravilla. Aunque lo más interesante se encuentra en el contenido de las cartas, la contextualización se disfruta por la lírica del estilo, por los detalles y las pequeñas revelaciones. En este sentido, para mí no ha sido una lectura fácil (el catalán no es mi lengua materna y mis conocimientos son muy del día a día); aunque podía seguir el hilo general de lo que sucedía, los pormenores se me escapaban en muchas ocasiones y hacia la mitad me costaba concentrarme en la lectura (estar en un apocalipsis pandémico tampoco ayuda, todo hay que decirlo). Además, en ese punto la narración se hace un tanto repetitiva y durante varios intercambios apenas avanza la situación. Supongo que si lees habitualmente en catalán (y por tanto, más rápido) no tendrás este problema, pero yo aviso por si algún no cataloparlante quiere aventurarse. Para mí, a pesar de este bache, ha merecido la pena.

Y es que Així es perd la guerra del temps es una lectura rica en muchísimos sentidos. No solo por las referencias o por el despliegue de imaginación, sino por cómo Gladstone y El-Mohtar nos cuentan una historia que ya hemos leído mil veces haciéndola pasar por original. Al fin y al cabo, no hay que llevarse a engaño: es una novela romántica, un enemies to lovers de manual, aunque sea por correspondencia. Pero lo importante aquí no es el qué, sino el cómo. Es una lectura para paladear, para disfrutar al aire libre bajo el canto de los pájaros con una taza de té. Para releer y saborear las metáforas que se esconden tras cada ingeniosa manera de escribir una carta. Comerse las palabras, quemarlas, grabarlas en hueso, incorporarlas bajo la piel. Hay capas de significado tras la propia narración que me han hecho disfrutar muchísimo.

Lámina de Marina Vidal
Con este intercambio epistolar, Roja y Azul se arriesgan a ser descubiertas por sus respectivas facciones, a ser acusadas de traición. Y, para más inri, hay una sombra que las persigue y va recogiendo los restos de las cartas. Este es el hilo que permite que, cuando parece que el formato no dé para más, les autores den un giro a los acontecimientos sin que nos perdamos en la locura de hilos temporales que han formado.

La mención a Romeo y Julieta, que aparece en la propia obra, no es casual. Així es perd la guerra del temps bebe de ella igual que de muchas otras obras. Seguramente, alguien con más conocimientos de Historia o Literatura sabrá sacarle más jugo. Pero eso no evita que cualquier lectore pueda disfrutar con esta historia. ¿Fantasía? ¿Ciencia ficción? ¿Romántica? La complejidad de una novela tan corta es brillante y hace imposible clasificarla en una sola categoría. Pero me hace tremendamente sencilla la labor de recomendarla: leedla, en el idioma que podáis. Gracias, Mai Més, por traerla y mimarla tanto.



Título: Així es perd la guerra del temps
Autores: Amal El-Mohtar y Max Gladstone
Traductores: Lluís Delgado y Rosa Borràs
Editorial: Mai Més
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Año de publicación: 2020
Nº páginas: 184
Precio: 18,95€ / 9,49€ (ebook)



Otras reseñas:




Laura S. Maquilón
Diseñadora, correctora y escritora. Redacto en Revista Windumanoth y Libros Prohibidos. Autora de El pasado es un cazador paciente e Izahi, a tus hijas.

lunes, 30 de diciembre de 2019

2019 en libros


No sabía muy bien cómo llamar a este artículo porque va a ser un batiburrillo de cosas. De recomendaciones, de repaso y de intenciones. Tomaoslo como un "Laura vuelve a dar la turra con sus movidas", que al final es lo que hago todo el tiempo, ¿no?

La literaturra


Empecemos por el principio. 2019. Qué infierno de año. No es que haya sido especialmente malo, pero sí especialmente estresante. Volver a estudiar, casarme, trabajar, más todos los proyectos en los que andaba metida... ya podéis imaginar. En verano quise retomar un poco el blog pero me fue imposible. Entre otras cosas, porque julio lo dediqué a comenzar una novela (que ahora mismo está aparcada porque el adulting no me deja seguir). La boda ha pasado, he reducido mi presencia en la Nave Invisible, Libros Prohibidos y Windumanoth, también aparqué la lista de correo (ni hacer spam debidamente puedo ya, aunque estoy planeando una sorpresita para 2020 como compensación... si me da la vida) y aun así desde octubre tengo la ansiedad por las nubes, la concentración por los suelos, he vuelto a morderme las uñas como si no hubiera mañana y se me cae el pelo como no me ocurría desde hacía tiempo. Es decir, bien, lo que se dice bien, no estoy. Tampoco nos asustemos. No estoy deprimida, aunque he tenido algún día malo, de esos de no querer salir de la cama. Al contrario, aunque mi fe en la humanidad es cada vez más escasa, tengo ganas de sacar adelante mis proyectos. Sin embargo, no puede ser todo a la vez.

Tampoco es que todo haya sido malo. Es cierto, solo he conseguido terminar de escribir dos relatos, pero también he publicado dos relatos y una novela corta: «El Mar del Sepulcro» (Actos de Fe, Cerbero), «Vuelve al crepúsculo» (SuperSonic nº 15) e Izahi, a tus hijas (Hati), mi primera incursión en la fantasía juvenil.

No mucho antes había publicado El pasado es un cazador paciente, así que básicamente podríamos decir que 2019 ha sido mi primer año como autora publicada. Tampoco ha sido fácil en ese sentido. No es que esperara gran cosa; ser autora novel en editoriales independientes y sin distribuidora no es la panacea. Las redes sociales engañan mucho, porque el grueso del público está fuera. Y el grueso del público compra en librerías. Si tu libro no está en ellas, no esperes que vayan a la web de la editorial a comprarlo. O Amazon o nada. Tampoco se reseña. Calculo que solo el 10-20% de las compras acaban teniendo una valoración en GoodReads, opiniones aún menos. A las presentaciones de libros van tus amigos o familiares, algún conocido y una señora que pasaba por allí y se queda un rato para ver de qué va el asunto. Todo eso lo intuyes cuando eres lectore, pero hasta que no publicas no te das cuenta de cuánta verdad hay. Y es que la publicación está muy romantizada. Todos los meses sale algún pozo de envidia menospreciando a autores que han publicado porque, según elles, «lo han hecho por enchufe». De acuerdo, publicar, por pequeña que sea la editorial y pocas las ventas, es hacer currículum, un poco de ruido, tener puntos para seguir creciendo. Pero que estáis peleando por una parcela con la que no podéis ni hacer un viajecito de Barcelona a Murcia (os lo digo yo, que he ido en tren, bus y coche y no bajas de los 50€ por trayecto). Por no hablar de que muchas de las convocatorias por las que hay acusaciones son sin remuneración. ¿Estamos loques? Brindo por un 2020 con más apoyo entre escritores, porque eso es lo que nos hace falta.

Con todo, he tenido firmas (¡hasta en Sant Jordi!), una ponencia en el Congreso Visiones de lo Fantástico con Anna Roldós y una mesa redonda en el Encuentro Luminaria de Zaragoza. Además, allí fui finalista del certamen de audiorrelatos por Otra carrera de Alonso que no acaba bien (si preferís leerlo a escucharlo, está disponible en este mismo blog) Fui al Ansible a ver gente bonita y me encontré con Pamela, que vino de Chile en nombre de La ventana del Sur. Y ya por último, hace unos días me enteré de que El pasado es un cazador paciente estuvo a puntito de ser nominada a los Ignotus (¡faltó un voto!), así como mi artículo «Feminismo literario: modalidad difícil». Después de este año de altibajos y de productividad literaria escasa, no podría estar más agradecida por ello, y por todas las oportunidades que me han dado. Quiero intentar muy fuerte quedarme con todas estas cosas bonitas para que el próximo año sea aún mejor.

¿Entonces qué va a pasar en 2020?

No me he retirado por completo de ningún proyecto literario porque creo que puedo seguir aportando cosas, aunque sea de manera más puntual (y porque mis jefes son muy comprensives y buena gente, eso también). Pero sí he decidido dejar las reseñas periódicas a un lado. Este año he leído poco en comparación con los anteriores, lo que significa que no tengo tantas oportunidades para elegir lecturas. Y necesito hacerlo. No porque no me hayan gustado las obras que he elegido este año, sino porque tardo mucho en leerlas, lo que conlleva que luego me cueste más reseñarlas. Y también que tenga poca variedad. Había dejado de leer libros gordos porque tendría que aparcar los compromisos, y lo mismo me ocurría con libros que no eran de género. Eso se va a acabar. Necesito leer ensayos, o clásicos, o los tochos de Sanderson. Con el nivel de estrés que llevo necesito que la lectura vuelva a ser un hobby y nada más, no un trabajo. Volver a reseñar cuando me apetezca (ahora estoy haciendo minirreseñas en instagram, por ejemplo), tomar notas con calma y retomar la escritura.

Porque sí, también necesito escribir. Seguro que alguno pone los ojos en blanco, pero es algo que siempre me ha pasado. Noto cuando llevo mucho tiempo sin escribir, y tener un proyecto a medias y no encontrar el momento para retomarlo es agotador. Quiero intentar volver a él a principios de este año, y si veo que no lo consigo volveré a tirar por proyectos más cortos (será por proyectos a elegir). Si luego salen o no salen es otro asunto, pero no pueden quedarse en cuatro notas de libreta.

¿De qué depende entonces de que tenga más o menos tiempo para escribir, si me aparto de los proyectos literarios? Del trabajo. Estoy estudiando diseño (lo que ya me quita bastante tiempo) y soy correctora profesional. Eso es prioritario, porque sin dinero no hay comida, y sin comida no hay Sierpe que escriba cosas. La vida es así.

¿Publicaré algo nuevo? Teniendo en cuenta que en 2019 solo he escrito dos relatos y uno ya ha sido publicado (el de SuperSonic), 2020 pinta desértico a no ser que la suerte me sonría un poco. Pero sería cuestión de las convocatorias para antologías o revistas. Es muy difícil escribir algo más largo (una novela corta o una novela) y que te la publiquen el mismo año sin que te hayan pedido el manuscrito. Así que no hay mucho que esperar.

¿Qué voy a mantener? Como decía, estoy haciendo pequeñas reseñas en instagram de algunos de los libros que leo. O voy comentando libros a trozos, según la longitud. Me gusta hablar de libros y recomendarlos; no quiero renunciar a eso, pero me estoy adaptando a otros formatos que me permitan tener más tiempo para otras cosas. Quizá no guste a todo el mundo, pero hay otros blogueros que hacen análisis excelentes de sus lecturas, con lo que no creo que se me eche de menos. Sigo echando una mano en la Nave Invisible, en Libros Prohibidos y en Windumanoth y voy a intentar mantenerlo también, a no ser que los proyectos se vean beneficiados si me voy. Lo último que quiero es estorbar.

Y, después, lo que venga. Que, entre otras cosas, tiene pinta de ser libros muy interesantes: Una órbita cerrada y compartida, La simiente de la Esquirla, La Compañía Amable 2 o Calculating Stars son algunos de los títulos que más alto apuntan este 2020. Pero no adelantemos acontecimientos. Después de la turra que os he dado deberíamos llegar a lo que seguramente os interese DEBERDÁ, es decir, de 2019 y de libros.

2019 en libros

El cierre


El cielo de piedra, de N. K. Jemisin

No creo que sea el mejor de la trilogía pero sí que es un digno final. Tan crudo como los anteriores, pero distinto, porque en cada libro Jemisin ha ido hurgando más y más en nosotros hasta dejarte los sentimientos en carne viva. Si todavía hay alguien que no conoce La Tierra Fragmentada, le diré que aunque hay violencia explícita, no es eso lo que te deja por los suelos, sino el ver hasta qué punto puede la humanidad subyugarse a sí misma bajo excusas xenófobas y opresivas de cualquier índole. La autora denuncia lo peor del ser humano, denuncia que el odio genera más odio y que no se puede crear una nueva sociedad sobre sangre. Lo hace a través de personajes que intentan sobreponerse a su rabia y luchar por los demás de la mejor manera que saben. En medio de un mundo colapsado hay dolor, un dolor hondo y desgarrador, pero también esperanza. Y, sobre todo, lo que hay es humanidad, lo que implica contradicciones, equivocaciones, malentendidos. Este libro duele tanto porque es muy real, y ese realismo dentro de la situación fantástica que crea Jemisin es lo que hace que sea una historia firme y coherente hasta el final. Para mí es la mejor trilogía que he leído hasta el momento.

El inicio


Pakminyó, de Felicidad Martínez

Si este libro se hubiera publicado originalmente en inglés, otro gallo estaría cantando en este momento. Tiene aventura, tiene magia, tiene amistad, tiene crítica social, tiene luchas de poder, tiene una civilización con una estructura social diferente a la que conocemos, tiene nombres de sonoridad exótica, tiene combates, tiene ritmo, tiene intriga, tiene colorido... tiene todos los ingredientes para convertirse en un clásico de la fantasía actual. Pero los autores españoles siempre juegan en otra liga. Es una pena, porque se dice mucho que la fantasía es un género agotado donde poco más se puede innovar, pero lo cierto es que Martínez lo hace, y de muchas formas diferentes.

Dejando de lado la raza protagonista y el sistema de magia, que siempre es algo con lo que se juega mucho, la autora sigue la misma medotología que encontramos en su ciencia ficción: una coherencia férrea entre sociedad y lenguaje. ¿Estamos ante una civilización estructurada como un enjambre de abejas? La mayoría de expresiones vulgares que utilizamos se adaptan a ese hecho, y varían también según el lugar donde vivan los personajes. ¿El género y la identidad sexual conforman todo un espectro donde todo está aceptado? Pues gramaticalmente no habrá género marcado a no ser que se exprese el género de los individuos. Y así con todo, aunque estas son las características más notorias.

Otra particularidad es presentar una ambientación difícil de ubicar en un tiempo o un lugar concretos, aunque sin duda hay una gran influencia coreana en la denominación de las familias, así como muchas escenas que beben directamente del anime. Pero lo más interesante es la crítica social hacia un sistema donde hay unos grupos privilegiados y otros oprimidos, la oposición de puntos de vista diferentes, la crítica a los extremismos. Es clave todo lo que hace referencia a la lucha de clase o la alternativa capitalista. También a la tecnificación. Creo que Pakminyó se adelanta en ese sentido a una sociedad automatizada para destacar también el valor de lo manual. Toca un buen puñado de temas de gran relevancia, algunos de forma más sutil, y siempre aprovechándose de las posibilidades del fantástico para llegar mucho más allá de la literalidad. Eso le da a esta obra una cualidad atemporal, si es que la autora mantiene el nivel en las próximas entregas.

El deseado


Las mocedades de Rodrigo, de Almijara Barbero

Llevo esperando desde 2016 a que Almijara publique algo más largo que un relato, y la espera ha merecido totalmente la pena. Fantasía con humor, medievo español ucrónico, queer, sin machismo, con coros celestiales y un flubber ultrapoderoso. ¿Qué más se le puede pedir? La siguiente parte, sin duda.

Me parece muy difícil lo que ha hecho Barbero, no solo por el atrevimiento (¿versionar al héroe más grande de España? ¿Con los tiempos que corren?), sino por la forma de contarlo. Un estilo juglaresco, donde la narración se pierde en detalles, regresa al pasado y vuelve al presente sin que apenas te des cuenta, deleitándote en las frases, por largas que sean. Está lo más alejado posible del estilo actual, pero eso solo lo hace más auténtico. Y encima sabe jugar con ello para hacerlo parte de la tragicomedia que es la historia. Todo está engrasado. Ha sido una delicia.

La sorpresa


Aracnefobia, de Celia Añó

Seré sincera: le compré este libro a Celia porque la conozco de twitter, admiro un montón su energía, su imaginación, sus ganas de hacer cosas. Me la encontré en Sant Jordi en la parada de LiterUp y le compré el libro. No había leído ninguna reseña, aunque había visto alguna pasar por mi TL. Todo bastante discreto (lo normal para una novela corta en una editorial independiente, como decía antes). Lo empecé meses más tarde porque entraba en el rango de los Premios Guillermo de Baskerville.

Me flipó.

En primer lugar, porque no esperaba que alguien como Celia escribiera algo así (por temática y argumento). En segundo lugar, porque no esperaba que alguien como Celia escribiera algo así (es su primera novela corta y no lo parece en absoluto). Y en tercer lugar porque CÓMO ERA POSIBLE QUE LA GENTE NO ESTUVIERA HABLANDO MÁS DE ELLA.

Me alegré muchísimo cuando me enteré de que ganaba finalmente el Premio Guillermo de Baskerville, porque eso significaba que no solo yo había visto una obra muy bien construida, pensada y escrita, y tengo fe en que a raíz de ello más gente pueda conocer a Añó y leer su obra. Solo deseo que esta mujer siga dándonos sorpresas a lo largo de los años.


¡Feliz 2020 libresco!


Y hasta aquí este resumen de 2019. Espero que vuestro año haya tenido menos altibajos y que 2020 esté lleno de lecturas tan apetecibles como las que recomienda Boy with letters (y que tengáis dinero para adquirirlas). Yo seguiré hablando de libros por donde y cuando pueda. ¡Besotes!




Laura S. Maquilón
Diseñadora, correctora y escritora. Redacto en Revista Windumanoth y Libros Prohibidos. Autora de El pasado es un cazador paciente e Izahi, a tus hijas.

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