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jueves, 3 de mayo de 2018

~Reseña~ La cámara sangrienta, o el simbolismo de la sensualidad




Hay un culto a Angela Carter bajo los adictos a la acción y el fantástico moderno. Es difícil huir del hechizo que se genera al leer su obra, una mezcla de fascinación e incertidumbre que hace que el aire se espese a nuestro alrededor y que el mundo pierda consistencia por el reajuste de densidades. Con La cámara sangrienta, la autora revela una visión muy particular de los cuentos clásicos, llena de símbolos, colores y sensualidad. En el caso de esta edición de Sexto Piso, estas características quedan potenciadas con los dibujos de Alejandra Acosta.

La colección se abre con el relato homónimo "La cámara sangrienta", una versión del cuento de Barba Azul que encierra todas las peculiaridades de Carter: el ambiente gótico; el estilo recargado, con figuras imaginativas; la dama protagonista, su sensualidad; el contraste entre el blanco de la piel o la nieve, la oscuridad y la sangre. La autora teje una historia en la que las mujeres cumplen un papel activo, alejándose de la pasividad de los cuentos clásicos.

Este hecho es una constante en todos los relatos, si bien son muy diversos entre sí. Tanto "El cortejo del señor León" como "La novia del tigre" son versiones de La Bella y la Bestia, aunque creo que se acercan más a la de Villeneuve que a la de Beaumont. Mientras el primero se centra más en la reacción a lo extraño frente a la naturalidad del trato, el segundo se adentra en el simbolismo y en el despertar sexual de la mujer. No es este un tema impropio de los cuentos clásicos, al contrario, es el mismo trasfondo que el de otras historias como La bella durmiente; la diferencia radica en cómo maneja Carter la situación. La protagonista es quien tiene el poder de decisión, es la Bestia quien parece ser el ser inocente.

"La novia del tigre", por Alejandra Acosta
Hay otro cuento, "La dama de la casa del amor", en la que parece mezclar elementos  de estos dos clásicos. Aparece la barrera de espinos y la figura del "príncipe", si bien este toma la forma de la "Bella", extraña e inocente en el castillo. La Bestia se corresponde con una joven vampiresa. Este quizá es el relato que más recuerda a "La cámara sangrienta", por su exposición y su simbología. Es central la contraposición entre perfección e imperfección, sobrenaturaleza y humanidad, sin duda una crítica al estereotipo de belleza, aunque Carter no parece huir de él en el resto de historias.
"El gato con botas" diría que es una sátira sobre las historias de amor cortés. El propio gato se ríe de su amo, su ceguera ante el amor y las peripecias que inventa para alcanzar su objetivo. La  mujer es partícipe del plan y responde más a la imagen tradicional de villana: quiere disfrutar de su sexualidad y la fortuna de su esposo.

Tanto "El rey de los trasgos" como "La niña de nieve" son cuentos mucho más poéticos y simbólicos que el resto. El primero, de hecho, tiene más de descripción que de narración, mientras que el segundo recupera algunos elementos de Blancanieves para acabar con una escena de lo más truculenta.

En los tres últimos relatos de la colección, "El hombre lobo", "La compañía de los lobos" y "Lobalicia", como podréis adivinar, Carter se centra en la figura del lobo y el licántropo. En los dos primeros casos se basa en el cuento de Caperucita, mientras que en el último hace un juego de espejos con Alicia. Es importante cómo empodera la figura de la niña, le da un cuchillo y la arma de decisión. En el caso de "Lobalicia", es fascinante cómo describe el proceso de madurez al tiempo que narra una historia paralela, cómo contrasta el animal con el humano, en esa forma tan violenta que tienen las personas de reaccionar frente a lo diferente. Sin embargo, no escapa del tópico de la maldad de los lobos.

"La compañía de los lobos", por Alejandra Acosta
Es constante la mención a la sangre, las rosas, los pezones rojos, los labios rojos, la capucha roja, incluso utiliza el término menstruación como metáfora. Estos símbolos, junto a la sensualidad de sus mujeres y el hecho de hacerlas elementos activos de la narración, son los que hacen que se hable de La cámara sangrienta como una obra feminista y transformadora. No obstante, dado el momento en el que estamos, en el que el feminismo empuja fuerte de nuevo y los retellings se han adueñado de la cultura popular durante los últimos años, puede que esta característica de la obra de Carter se nos quede corta y no nos sepa a nuevo. A mí me ha maravillado más por la fuerza de sus imágenes que por el trasfondo empoderante.

Es una colección estudiada, con un orden muy medido, aunque a ojos del lector hay relatos que, inevitablemente, destacan más que otros. En mi caso han sido los de "La cámara sangrienta" y "La dama de la casa del amor", aunque las razones sean bastante subjetivas. El estilo recargado puede llegar a aburrir en cierto punto, cuando se prima más el simbolismo y la narración entre líneas que la propia historia. Pero es que donde puede encontrar un lugar de honor Angela Carter es en el estudio de su obra y en la lectura apaciguada. Es de esos libros que se aprovechan más a lo largo del tiempo que con el atiborramiento, de los que merece la pena comentar entre varios, en un club de lectura o con algún académico. Seguro que lo enriquecería muchísimo.

Yo recomendaría hacerse con Quemar las naves, que incluye también estos relatos y muchos más, y proponerse disfrutar de ellos de forma pausada. Querréis volver a muchos de ellos.



Título: La cámara sangrienta
Autora: Angela Carter
Ilustradora: Alejandra Acosta
Traductor: Jesús Gómez Gutiérrez
Editorial: Sexto Piso
Encuadernación: Tapa dura
Año de publicación: 2014
Nº páginas: 180
Precio: 23€




Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
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miércoles, 18 de abril de 2018

~Reseña~ Estación Central, o un futuro lleno de posibilidades



Si alguien vio el último episodio de Tres marcianos y medio, pudo comprobar que no era fácil hablar de Estación central. Ni siquiera es fácil definir su formato. ¿Novela antológica? ¿Antología novelada? ¿Relatos entrelazados? Ya os lo podéis imaginar.

La última obra de Lavie Tidhar publicada en España (con la editorial Alethé, traducción de Alexander Páez), está compuesta por trece cuentos que, a modo de capítulos, nos narran fragmentos de la vida de ciertos personajes y las relaciones que los unen. El elemento común a todos ellos es la Estación Central, un gran edificio multifuncional que sirve de conexión con la Tierra y algunas colonias extraterrestres, además de puerto para naves suborbitales, centro comercial, multirreligioso, etc. La Estación es tan caótica como el futuro que recrea el autor en las páginas de este libro, aunque más bien es un orden oculto que se nos revela por partes, por lo que somos capaces de entender el conjunto pero no su funcionamiento completo. La Estación es un personaje más, como ya ocurría en Neverwhere, de Neil Gaiman, o Switch in the red, de Susana Vallejo; aparece de telón de fondo o como escenario, hasta el punto de llegar a personificarse en algunos momentos.

Cada capítulo está escrito desde el punto de vista de un personaje (aunque hay momentos en los que Tidhar rompe sus propias normas e introduce varios puntos de vista con cierta relación entre sí), que nos permite construirlo: conocemos su pasado, sus motivaciones y también cómo se relaciona con otros personajes. Al principio, la sucesión es bastante clara para el lector. En el primer relato, narrado desde la visión de Miriam Jones, aparece Isobel, que será la narradora del siguiente capítulo. Pero el autor no sigue siempre esta pauta. Personajes como Ibrahim o Carmel surgen sin haberlos mencionado previamente.

Hay bastantes personajes con punto de vista (casi tantos como capítulos) y tramas conectadas. Miriam Jones con Boris Chong, Boris y Carmel, Carmel y Achimwene, Achimwene se toca levemente con Miriam, Isobel y Motl, Motl tiene una breve charla con Boris, Ibrahim y Eliezer. Todos son personas no diré vulgares, porque muchos tienen cualidades que los hacen especiales, pero no son gentes destacables; los definiría como trabajadores o vagabundos, más de clase baja que media, habitantes de Tel Aviv a la sombra de la Estación Central.

El autor juzgándote con la mirada

La ubicación es trascendental para entender uno de los mensajes que transmite el escritor con esta historia. Estamos en un futuro (calculo que, como mínimo, 150 años desde la actualidad, quizá unos 200) en el que la humanidad se ha expandido por el sistema solar, creado colonias en Marte, el Cinturón, las lunas de Júpiter o Saturno, incluso recuerdo alguna mención a la nube de Oort. Hay menciones a una guerra, pero esta transcurrió 100 años antes del presente ficticio. Tidhar habla de la ciudad judía y la árabe, se llega a nombrar un muro derribado, pero sobre todo se incide en la diversidad racial que convive en torno a la Estación. Ya nada más empezar la novela nos encontramos con referencias no solo a judíos y árabes de Oriente Medio, también a personas con ascendencia filipina, china, nigeriana y de múltiples lugares de la Tierra que llegaron como refugiados allí. Pero las luchas que nos son tan comunes hoy en día han quedado atrás, ya no hay conflictos bélicos ni chanzas entre los habitantes. Los problemas que los abruman o los pueden enfrentar tienen una procedencia bastante diferente.

Se sobreentiende que la tecnología es en gran parte responsable del estado de paz que se disfruta en el escenario de la novela. El autor imagina un futuro donde casi todos están conectados por un nodo a lo que llama Conversación, un fluido constante de información, canales variados de distinta temática, que llegan más allá del propio planeta. Toda la humanidad está interconectada de forma que se han creado varios planos de relación: el Universo-Uno, lo que entenderíamos como el plano físico/real, y el plano virtual, donde prima lo digital. Me atrevería a decir que incluso este último tiene varios universos de desarrollo. La Conversación sería uno; otro, por ejemplo, sería el Guilds of Ashkelon, la evolución de los MMORPG actuales; otro, sin duda, sería donde se mueven los Otros.


Una vez nombrados los Otros, hemos llegado quizá al mayor enigma que cohesiona y da sentido a este libro. Los Otros son unos entes superiores, puramente digitales (no existen, a priori, en el plano físico), pero que son capaces de interactuar e influir en el Universo-Uno. Se los menciona con asiduidad, con un sentimiento entre el miedo y la reverencia. Y desde el principio se da a entender que tienen mucho que ver con un par de niños algo especiales. Lo más fascinante es que la resolución de esta trama no es del todo cerrada, si es que se puede considerar que algo se cierra en esta historia. Tidhar crea un mundo tan vasto y con tantos detalles y referencias que hay muchos aspectos que se dejan a la imaginación y reflexión del lector. Él pone algunos puntos, pero somos nosotros quienes debemos unirlos y añadir los que faltan, lo que resulta complicado y, a su vez, enriquecedor, pues el tapiz que conforme cada uno será muy diferente del de los demás.

Hay un último tema bastante importante que tiene cierta relación con la multirracialidad que describe. Y es que, al igual que nos muestra personajes de diferente procedencia, el autor también crea nuevas religiones, inventadas, falsas, digitales, derivadas de la tradición judeo-cristiana, que incluso se complementan. Todas conviven y se practican sin ningún tipo de enfrentamiento entre ellas; de hecho, hay una planta de la Estación Central llamada bazar multirreligioso, o un reverendo de la Iglesia Robot que también circuncida niños judíos e incluso se plantea cambiar de religión en un momento dado.

No diría que es una ambientación utópica, pero desde luego es mucho más optimista que gran parte de la ciencia ficción que he leído estos últimos años. Trata el transhumanismo sin tecnofobia; el desarrollo está integrado en la vida de la gente, incluso hallamos relaciones simbióticas o manipulación genética. No deja de haber cierta reflexión ética al respecto, pero no la encontraremos de forma explícita en el texto, sino que deja que sean los lectores quienes opinen sobre los hechos que plasma en las páginas.


A pesar de ser claramente una novela de personajes, estos han sido los que menos me han interesado. Me ha maravillado la estructura, cómo Tidhar articula la información, las temáticas, las críticas a las religiones o el tratamiento de los veteranos de guerra, el trabajo con las lenguas, la terminología (menudo currazo tuvo que pegarse el traductor, en serio), pero los personajes en sí mismos me daban bastante igual. Ni siquiera el mensaje de amor universal que se desprende de sus relaciones me ha hecho apegarme más a ellos. Quizá eso ha salvado que la finalización de algunas tramas (si, ya digo, se le puede llamar finalizar), aunque no me haya gustado especialmente, tampoco me haya creado una sensación de decepción. Porque en el fondo me daba igual. No me atrevería a decir si eso es una virtud o un defecto, si el escritor lo ha hecho a propósito o si solo ha sido mi subjetividad la actuante, pero lo cierto es que, aunque me ha maravillado por muchas razones, en la parte emocional me ha dejado fría.

En definitiva, Estación Central es una historia muy particular, compleja y muy pensada, que sin duda merece atención. Incluso creo que para gente que se dedica a escribir y crear historias, es una gran muestra para analizar y pensar con detenimiento, porque se puede extraer jugo de muchas partes. Para los que se dedican a leer sin más, es un libro con una longitud óptima, un ritmo constante, una prosa que fluye y que invita a dejarse llevar. Aunque la terminología y la información pueden ser abrumadoras al principio, la inmersión es fácil y tiene muchos mensajes sobre los que reflexionar. Desde luego, si queréis leer algo diferente, es una buena novela a la que acudir.


Título: Estación Central
Autor: Lavie Tidhar
Traductor: Alexander Páez
Editorial: Alethé (La esfera de los libros)
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 320
Precio: 18,90€ / 7,99€ (ebook)


Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
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miércoles, 28 de marzo de 2018

~Cine~ Tomb Raider: Comparaciones (odiosas)




La nueva película de Lara Croft está en cines y, pese a que las comparaciones suelen ser odiosas, en esta ocasión es difícil hablar de ella sin mencionar los últimos dos videojuegos con los que se reiniciaba la saga. Así pues, en lugar de ir pisando con pies de plomo, prefiero hablar de ello abiertamente. Encontraréis, por lo tanto, spoilers varios tanto de la cinta de Alicia Vikander como de Tomb Raider (2012) y Rise of the Tomb Raider (2015). Y, por qué no, también mencionaré las películas protagonizadas por Angelina Jolie. Aunque no serán determinantes.

Siempre he disfrutado mucho de las aventuras de Lara. Conocí al personaje en una demo poco antes de que se estrenara Lara Croft: Tomb Raider en 2001. No recuerdo ni qué título era, solo que salía un oso enorme y que mi padre escuchaba la BSO de Ally McBeal mientras jugaba. Así que del juego no puedo decir mucho, pero sí del personaje que creó Angelina: una tía rica, guay, que resolvía acertijos antiguos y jugaba con pistolitas a dos manos. No se convirtió en mi película favorita, pero la vi muchas veces. Me gustaba Lara. Quería dejarme el pelo largo para hacerme una trenza como ella e ir dando brincos por la vida, a ser posible, sin destruir ruinas antiguas. Eso es lo que hace tener referentes (entre otras cosas).

Sin embargo, solo he jugado a los últimos dos videojuegos (es lo que tenía la recomendación +18), recientemente además, por lo que tenía muchas ganas de ver a la nueva Croft en pantalla. El resultado fue: cero decepciones. Da lo que promete, aventura, saltos imposibles y un misterio que resolver. Ah, y feminismo. Eso dicen en los medios. Una novedad respecto a las películas anteriores. Pues no, de eso no hay, debo decirlo. No sé si era la intención de una de las guionistas, Geneva Robertson-Dworet, o si lo dicen porque Vikander lo es. Pero en feminismo los videojuegos están mucho más adelantados, y tampoco es para tirar cohetes.

Han pillado toda la estética del videojuego también

¿Por qué? Empecemos por el principio. La película de 2018 tiene la misma premisa que el título de 2012: Lara es una novata que empieza a forjar su leyenda. Lo que han hecho ha sido coger el lugar en que se desarrollaba el videojuego pero utilizar los villanos de Rise of the Tomb Raider. ¿Para qué? Supongo que para crear una continuidad en la serie de películas, en caso de que se hiciera, y basar la segunda cinta en el título de 2015. Y me parece muy buena jugada. Aunque la esencia de la Trinidad se pasa bastante por encima durante el largometraje, está bien crear un hilo conductor que los espectadores (sobre todo aquellos que no han jugado a los videojuegos) sepan reconocer.

De esa forma encontramos a Lara queriendo hallar la tumba de Himiko, pero las razones que la guían son bastante diferentes. Mientras en el videojuego la joven Croft es arqueóloga y ha crecido en ese ambiente, en la película, Lara no tiene ni idea de en qué consistía el hobby del señor Croft. El personaje que crea Vikander tiene otros inicios: se niega a recibir la herencia de su padre porque eso significaría aceptar que ha muerto, así que vive como una chica rebelde con un trabajo de mala muerte. Si se va al Mar del Diablo es porque tiene la esperanza de saber qué le ocurrió a su progenitor y, en caso de que siga vivo, traerlo de vuelta.

En mi opinión, esto conforma un personaje mucho más interesante, con el que es más fácil empatizar y que encierra un potencial espectacular. Lara es cualquiera de nosotros, con sus problemas familiares y económicos; está perdida, no sabe qué hacer con su vida, con qué guiarse, cuál es su vocación. Es en este viaje donde lo descubre. Quizá no todos tengamos un padre tan rico como para acabar como ella, pero es una buena alegoría de ese tránsito entre la adolescencia y la adultez en que debemos hallar nuestro camino. Y también hay una demostración de que hay cosas que se nos dan bien sin haber estudiado, solo tenemos que practicar mucho para reforzarlas.


Me encanta ver los vídeos de preparación física de Vikander

El problema que esto conlleva es que Lara está sola. Al contrario que en el videojuego, no tiene un equipo detrás que la respalde y le preste ayuda. No hay más mujeres. Como en las películas de Angelina, tenemos una pitufina de protagonista, que sigue partiendo la pana, que sigue siendo maravillosa, pero que sigue siendo la única mujer de relevancia que aparece (junto a la ayudante de su padre, que tiene 5 minutos de pantalla nada más). Sabe luchar, sabe correr, sabe disparar con el arco y resolver acertijos, sigue siendo un personaje molón al que admirar, pero no es más feminista que su antecesor. En eso, Reyes o Sam aportaban mucho más, aunque tampoco fueran nada revolucionario. Excepto un personaje, en los dos nuevos videojuegos, todos los malos son hombres, y en la película ocurre lo mismo. A esto no le han dado más vueltas.

El otro asunto que no me acabó de convencer de la película, y esto es a título puramente personal, es esa negación de lo sobrenatural. Para mí, Tomb Raider siempre ha tenido un punto de fantasía inexplicable que me encantaba, y en 2018 ha venido la "cencia" a romper la magia (nunca mejor dicho). No es necesariamente malo, claro, pero sí un poco desilusionante.

Por lo demás, me alegro mucho de que hayan conseguido hacer una adaptación de los videojuegos con un camino algo diferente. La Croft de Vikander es más vulnerable y emocional, pero tiene un punto de orgullo y picardía en el que se deja ver que en un futuro pueda ser la Lara que vimos hace ya casi 20 años encarnada en Jolie. Yo, desde luego, espero que esas dos pistolas no fallen en la próxima entrega.

Esta es mi chica *.*

Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
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miércoles, 14 de marzo de 2018

Artículos hacia los Ignotus




Esto va a ser un artículo de autobombo. Lo advierto desde el principio para que nadie se asuste, para que quien no quiera perder el tiempo tenga la oportunidad de huir ahora. De nada.

¿Por qué un artículo de autobombo? Por dos razones: Primera, llevo un mes difícil en lo literario y no tengo otro material para ofrecer; segunda, llegan los Ignotus, las listas de recomendaciones o de existencias, y me gustaría hacer una de las últimas. No para que votéis a lo loco, sino para que las leáis y las tengáis en cuenta, si os parecen merecedoras de ello.

Para los novatos, ¿qué son los Ignotus? Son los premios que otorga la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) a las obras de dichos géneros más aclamadas por los lectores publicadas en el año anterior al de la entrega de los mismos. Es decir, en 2018 se premiarán las obras publicadas en 2017. ¿Por qué digo lo de más aclamadas por los lectores? Porque son premios populares, los lectores somos quienes proponemos las obras para su nominación y posterior galardón. Y esto es muy importante, porque cuantos más lectores participen en las votaciones más relevancia e importancia tendrá el premio.

Así pues, os animo a leer las instrucciones e inscribiros. No tengáis miedo por no haberlo leído todo (cosa imposible), proponed sobre lo leído, descubridnos obras que por diversas circunstancias no son tan conocidas, dejad en blanco categorías si lo veis oportuno, no pasa nada. Votad obras juveniles o infantiles sin reparos, autopublicadas o de editoriales recónditas, no tenéis que seguir la estela de nadie "más entendido". Cada lector es único y eso es lo bonito.

Dicho lo cual, ¿qué os voy a contar? Aquí encontraréis una relación de los artículos nominables de las iniciativas/revistas en que participo. Mejor artículo para mí siempre es una categoría compleja, porque hay muchísima variedad y decenas de medios diferentes, así que espero que le sirva de ayuda a alguien. Y si alguno os gusta, pues ya sabéis ;)


En La Nave Invisible (también nominable a mejor sitio web pero NO a mejor producción audiovisual por el podcast):

·         • "Pardo Bazán, la mujer que no conocemos", por Laura Huelin
·         • "Las princesas rebeldes de Gail Carson Levine", por Enerio Dima
·         • "Afrofuturismo: raza y ciencia ficción", por Laura Huelin
·         • "Autoras de Fantasía: una aproximación latinoamericana", por Paula Rivera Donoso
·         • "Sororidad en Las damas de Grace Adieu, de Susanna Clarke", por Bea García
·         • "Rugidos, yabaríes y ecofeminismo", por Andrea Prieto
·         • "La relación amorosa de La mujer del viajero en el tiempo", por Laura Huelin
·         • "Infancia, soledad y fantasía en dos cuentos de Ana María Matute", por Paula Rivera Donoso
·         • "Ursula K. Le Guin y el Ciclo del Ekumen", por Darkor



En Windumanoth (NO nominable a mejor revista):

·         • "De los árboles y los monstruos: La naturaleza en J. R. R. Tolkien y Hayao MIyazaki", por Antonio Míguez Santa Cruz
·         • "Creando monstruos: El lado oscuro del héroe según Joe Abercrombie", por Daniel Garrido
·         • "Clubes de lectura de género: socializar leyendo", por Alister Mairon
·         • "La ingeniería social y política como tecnología: Escribiendo El muro de las tormentas", por Ken Liu
·         • "Ciencia ficción asiática", por Isa J. González



En Más que veneno (nominable a mejor sitio web):

·         • "Un año leyendo autoras", por Laura S. Maquilón

Cierto, tengo algún artículo más, pero son sobre escritura y no creo que aporten nada nuevo más que mi propia (y escasa experiencia).

Dado que Windumanoth no es nominable, me gustaría listar unas cuantas revistas que sí lo son, por si queréis echarles un ojo:

·         • Supersonic
·         • Revista Mamut
·         • Revista Tártarus
·         • El templo de las mil puertas
·         • La avenida de los libros

Y bueno, no podía cerrar este artículo sin hacer campaña por Marina Vidal como mejor ilustradora del mundo mundial con estas cubiertas de alucine:



Y eso es todo, espero que os haya resultado útil y que alguno de ellos se encuentre entre vuestros favoritos.

Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
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jueves, 1 de marzo de 2018

~Ficción Corta~ #Capítulo 4

Pasa más tiempo del que me gustaría entre los apartados de ficción corta, a ver si este año consigo ser un poco más constante. Mientras tanto, hoy toca 100% ciencia ficción, de corte muy diverso, a veces con un toque de fantasía y 100% español. ¿Os gusta el viaje?



Cuentos del mañana para ayer, de Begoña Pérez Ruiz

Hace algún tiempo comenté en twitter que se puede aprender a escribir, pero no a transmitir emociones. Que, si un escritor está vacío, sus obras lo estarán igualmente. Begoña Pérez Ruiz demuestra con cada uno de los relatos que componen Cuentos del mañana para ayer que está llena de sentimientos, ideas e imaginación. 11 historias con universos diferentes, mundos diversos y acercamientos al terror cósmico. Algunas divertidas, otras reflexivas, pero todas demuestran lo que Pal dice en el prólogo: no hay duda de la pasión que le ha puesto su autora a cada una de ellas.

Creo que la autora gana en los relatos más largos, donde más se puede explayar con los personajes y sus motivaciones. Eso se nota sobre todo en historias como Los interventores o Único, quizá también porque son fragmentos de universos mucho más explorados y trabajados. Con El flautista, por ejemplo, aunque me atrae mucho el acercamiento al cuento clásico, creo que le ha faltado algo de longitud para desarrollarse como merecía. 29 de febrero me ha gustado por su sencillez: para alguien que nunca ha leído nada lovecraftiano, es una buena manera de empezar, tiene su punto inquietante aunque entra dentro de lo previsible. El peor restaurantes del universo y Los poderosos, aunque más breves, tienen una parte de crítica social que me encanta. El resto son microcuentos de poco más de una página que aluden más a una anécdota o un pensamiento.

Aunque le falta una revisión a la puntuación de los diálogos y un poco de pulido, me fascina el extenso vocabulario que utiliza Begoña y cómo lo utiliza. Se nota que es una persona que ha leído mucho y que le encanta hacerlo, que ama imaginar y escribir, y toda esa experiencia está impregnada en estos relatos.


La belleza del Uróboros, de Javier Castañeda de la Torre

Esta es una novela corta difícil de reseñar. De hecho, fue una pena que no pudiera participar en el chat de los Diseccionadores de novelas, porque habría sido muy ilustrativo. Esta es una historia que habla de paradojas, del pasado que se entremezcla en el futuro y viceversa, de mensajes confusos y la inevitabilidad del destino. También es una obra que habla de obsesiones y la destrucción de la familia. Y, sin duda, es una novela que habla de grados de realidad y ficción, que se superponen y se entretejen hasta que no sabemos distinguirlos.

La belleza del Uróboros es exigente con el lector, tiene varias capas que deben ser tenidas en cuenta y ya no es que requiera, es que exige una relectura como parte de la propia historia (y del Uróboros).

Aunque tiene un estilo sencillo y directo, el contenido es denso. Todo comienza cuando Eloy recibe un misterioso telegrama que le recuerda un pasado que siempre ha querido olvidar: por qué su padre asesinó a un grupo de estudiantes muchos años atrás. El miedo a que la historia se repita lo empujará a buscar soluciones hasta salir de la realidad que envuelve a su familia. El estudio de las paradojas lo absorberá y pondrá nuestro mundo del revés, si es que conseguimos hallar cuál era el derecho.

La clave está en desentrañar esas capas superpuestas, la ficción, la metaficción, la realidad y darle un sentido a todo. La respuesta para salir del bucle puede estar dentro de la propia novela, o quizá no. Es cierto que hay escenas que pasan muy rápido, que la escena de sexo no es muy convincente o que no me terminé de creer que alguien pueda pasar dos meses leyendo un libro con sobrecubierta sin quitarla (yo soy incapaz), pero no es eso lo importante. Lo es entender la filosofía que se esconde tras las páginas de esta obra.

Me resulta muy interesante haber encontrado algo que certificaría que no podría haber escrito nadie más que Javier Castañeda, que solo él tiene las respuestas a las paradojas que se plantean. O quizá no.



Despertares, de Felicidad Martínez

Qué delicia es darle a la mente una tacita de Felicidad Martínez de vez en cuando. Por su estilo cuidado, la naturalidad de los diálogos y la fluidez de la narración, incluso cuando nos encontramos con conceptos que no acabamos de entender. Martínez recrea una sociedad donde la ciencia se trata de forma religiosa, hasta el punto en que, dependiendo del enfoque con que se trate un tema determinado, el filósofo de turno (lo que vendría siendo un sacerdote) puede llegar a dar dos mensajes completamente contrarios. Es esa ironía evidente junto al resto de elementos científico-fantásticos (por llamarlos de alguna manera) que se incluyen lo que más fascina de la historia.

Sin dejar de lado a Colline o Rampante, dos personajes que se desarrollan en tramas muy dispares. La primera es una niña que por algún motivo rompe las leyes de la lógica, mientras el segundo es un ser pensante del que desconocemos no sólo su especie sino su papel en la historia. La autora va desarrollando poco a poco los misterios que los envuelven a ambos, generando un punto de unión de lo más interesante.

Sería injusto comparar esta novela corta con alguna de las de La mirada extraña, pues estamos en un escenario y con unas intenciones completamente diferentes. Pero es, sin duda, una historia muy recomendable y, si a alguien le da miedo comenzar con la antología ganadora del Ignotus 2017, una muy buena opción para acercarse a la obra de Felicidad Martínez.

Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
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