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miércoles, 5 de septiembre de 2018

~Reseña~ La Compañía Amable, o una nueva fantasía para enamorarnos a todos




Hace aproximadamente un año (quizá algo más) que Rocío Vega comenzó a publicar relatos de La Compañía Amable en su Patreon. Un año en que muches hemos estado mordiéndonos la lengua y hablando en pequeños corrillos de lo maravilloso de su propuesta y de las ganas que teníamos de que mucha más gente la conociera. Y es que, aunque haya quien diga lo contrario, hay muchas historias que no se han contado aún.

En este caso, nos hallamos ante cinco aventureras que van recorriendo distintos reinos en busca de encargos. Misiones como recuperar un tesoro, unos viejos pergaminos, un cadáver, buscar desaparecidos… Cinco mujeres muy diferentes pero unidas por una férrea amistad, el tema central en torno al que gira este libro. En un género como es la fantasía pseudomedieval donde los personajes femeninos suelen tener, si no un papel secundario, confinado por su condición de mujeres, Vega despliega un universo en el que pueden ser protagonistas, libres y abiertas con su sexualidad.

No obstante, el argumento va más allá que la amistad entre las integrantes de esta troupe. Antes de continuar, me gustaría aclarar que esto no es una novela, o al menos no una novela al uso. Hay que recordar que fue publicada en su mayor parte en Patreon, por lo que está dividida por entregas, como una serie. Cada episodio es autoconclusivo, si bien conviene leerlos en orden porque tienen cierta continuidad, sobre todo una de las tramas. Clarificado este punto, vamos a explicar cómo está conformada la historia de Trig, Dalika, Violante, Nadeeha y Ava.

Nadeeha me salió en el test de Buzzfeed y sí, acierto total
En primer lugar nos encontramos con "Por una amiga", relato que podéis escuchar (sí, escuchar) de forma gratuita en Lektu. En él conoceremos a Trig y Dalika cuando ya tienen unos cuantos años a sus espaldas y las cicatrices y el pasado pesan. Se reencuentran años después de que la vida las separara, y lo mismo ocurrirá en los sucesivos capítulos. Violante y Nadeeha también volverán para vivir una nueva aventura con la mercenaria y hacia el final comprobaremos como todas esas visitas han influido para que se desate un problema que deberán afrontar juntas.

Entre esos capítulos, que conforman un arco, encontramos otros situados en la juventud de las chicas, cada uno centrado en un personaje diferente. Estos sí que son, en cierto modo, independientes, si bien cada uno es un paso más en la amistad de estas aventureras, por lo que también recomendaría leerlos en orden.

Ahora bien, ¿quiénes son estas mujeres? Antes las he presentado brevemente, pero quiero expandirme un poco. En primer lugar conoceremos a Trig, que fue mercenaria y es, quizá, una de las más sensatas del grupo. Después vendrá Dalika, clériga de Avastrad, traspasa el flujo vital de su entorno para curar heridas (entre otras cosas); Violante, hechicera, con un carácter difícil y que causará algunas tensiones en el grupo; Nadeeha, espadachina procedente de una familia de cierto nivel, lo que la hará ser la encargada de hacer los tratos con los clientes; y Ava, la barda, buena gente pero un tanto bocazas. De todas ellas encontraremos ilustraciones interiores que servirán de presentación a cada uno de los ocho episodios en que se divide este volumen, realizadas maravillosamente por Cecilia G. F.


Esta ilustración de PREZ no está en el libro, pero ¿a que es alucinante?
Como podéis ver, esto huele mucho a juego de rol, y por ello es que alguna gente ha denominado a La Compañía Amable fantasía rolero-andalusí. Si bien la historia no surgió de una partida, sino de la propuesta de La otra fantasía medieval, la autora ha dicho en muchas ocasiones que es jugadora asidua y ha dado charlas sobre el tema, así que no deben extrañarnos estas influencias.

Por otra parte, lo de "andalusí" tiene todo que ver con la ambientación. Cuando leemos fantasía solemos encontrarnos con un pseudomedievo inglés o centroeuropeo, pero raramente los mundos que se construyen recuerdan a la Edad Media que se vivió en España, con esa mezcla de pueblos y costumbres (otro ejemplo sería Cordeluna, de Elia Barceló). Esta es otra de las particularidades de esta historia, que la hacen diferente y a la vez muy cercana.

Este libro no solo tiene un montón de aventuras, un sistema de magia con demonios esclavizados, giros de guión de lo más emocionantes o mujeres diversas, con sus diferencias y peleas, pero que, aun con todo, siguen siendo amigas. También tiene una gran cantidad de representación LGBT, hay lesbianas, gays, bisexuales, personas trans y asexuales, sin que por ello la trama gire en torno a esa condición. No debería ser un aspecto a destacar, pero dados los tiempos que corren, creo que es importante hacerlo notar. Porque, a pesar de esa amistad palpitante, hay muchos personajes que sufren, hay muertes, hay venganzas, hay rencores, hay pobreza, hay esclavitud y hay oscuridad. Por algo también se le ha definido como "grimdark de señoras (con brazacos)". Pero eso no impide que sea inclusivo, que se use el género neutro con personas no binarias, que se celebren bodas gays o que se permita la poligamia.

Con las imágenes interiores, portada y contraportada se ha hecho un mazo de cartas coleccionables 
Vega demuestra con un estilo directo y efectivo que todavía queda mucha fantasía por explorar y que derribar viejos clichés es una buena forma de hacerlo sin renunciar a la emoción y la calidad. Y, por si fuera poco, viene en un formato precioso, en tapa dura, con letras capitales (diseño de PREZ) e ilustraciones interiores a color con papel satinado. La única pega que podría ponerle es que la tipografía es un pelín grande para mi gusto, pero por lo demás la edición es una gozada para el precio que tiene. A mí me ha enamorado y, sin duda, quiero mucha más Compañía Amable (y mucha más Nadeeha). Seguro que si estáis buscando una fantasía diferente, también acabaréis atrapados.


Título: La Compañía Amable
Autora: Rocío Vega
Editorial: Cerbero
Encuadernación: Tapa dura
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 544
Precio: 20



Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

lunes, 20 de agosto de 2018

~Fiction~ Dreamhunter



fiction by Laura S. Maquilón
translated by Shaila Mélmed


The body that lay on the bed was breathing heavily. A thin nightgown covered it and separated its skin from that of its companion, whose curves showed up thanks to the light coming through the window.

Another figure entered through it. The naked girl shivered, as if in her dream she could feel the disturbance in the air; the other one didn't flinch. Good for her.

My supervisor skirted around the mattress and stood in front of me. His shadow darkened against the white walls. There was a golden, dangerous glow in his eyes. I swallowed hard. I had always been intimidated by that glare, but at that moment I had the feeling that I was no less a prey to him than the girl sleeping peacefully a few feet away.

He lifted his chin and, instinctively, I reached into my shirt, a reflex acquired as a result of training. I pulled out the pendant and the circles emitted a silver glow, as if trying to imitate the nightly orb that spied on us from the firmament. I grabbed it with less force than I would have expected; it trembled like a curtain frightened by the breeze. I know that Ciro was sure about my insecurity by the way he tilted his head to the side. In the dark, I could imagine his crooked smile, daring me to turn around and flee back to where I came from.

As if it were so easy to leave the Guild once inside. It was something that I had realized over time, although I always expected it to hide an emergency exit door. In that room, while I was contemplating, along with countless stuffed animals, those two girls who rested unaware of my doubts, I knew that this door didn't exist. My superior's posture left no room for interpretation. He was there with the purpose of supervising my final examination and would fulfill his duty to the end.

When the dreamcatcher circles danced before my eyes, I also understood that it wasn't a game. Tests among apprentices were long gone. Now the reward was significantly greater, and the punishment, irreversible. That was as real as life itself—a cruel and ruthless act. The future of those women was in my hands; in Ciro's was mine.

The rumbling of my stomach gave me last push I needed.  I closed my eyes and focused on the weight of the pendant. The light pierced through my eyelids. I went deep into the fragments of light until the world became a mirror. The reflections of dozens of unfulfilled dreams danced like a rainbow on a piece of glass.

I remembered what I knew about the girl. It was the first time I had information about someone outside the academy. I was surprised about that too, but it made sense. We should find the perfect person for the perfect dream, it wasn't just a shot in the dark.  And that made it even more terrible.

Ana grew up in a neighborhood in the outskirts and was able to study genetic engineering thanks to her parents unpaid overtime, the same that allowed them to keep their jobs. Recently she finished paying her scholarship, after selling a project she had been working on—increasing the materials that the earthworms used in composting plants could digest. Next step was the marketing process, so she would feel more relaxed for a few months. The perfect time to raise a family.

The family that I had to steal from her.

There it was, like a sun among pearls of rain, silencing the darkness. The smaller circles of the dreamcatcher spun around the biggest one; that movement created some kind of black hole that swallowed, little by little, the light of that wish. Until it was extinguished.

The room seemed as desolate as I was without those flashes from the oneiric plane. Being back to that limited space, with Ciro's sharp look, felt like I'd been hit by a bus. I was sore in muscles I didn't even know existed and, somehow, recalling the heart I'd lost forever was painful too.

Ana, sweet Ana, shivered for a moment despite the stifling heat. Her amber skin looked duller, more sallow.

I averted my gaze and hid the pendant again under my clothes. I still could catch a glimpse of its light through them—it wouldn't stop shining until the dream contained in there was released.

Ciro came towards me and held out his arm, pointing at the window. I nodded and slipped through it. I easily went down through the cracks between the bricks while my supervisor's shadow chased me like a nightmare.

"You did very well, Marina. You're already halfway there," he told me when his feet reached the ground.

Since I started the Guild training I had never felt so little enthusiasm for a compliment. Even so, I murmured a shy “thank you” and ventured into the shadows on the street.

I had memorized the address. Although I had only lived in this town for six years, I knew it like the fluff of my belly button.  Too many hours out in the elements looking for food, or a job, or just the fresh breeze at a departamental's store door.  I had fled to the capital with the thought that there I would be able to fulfill my dreams, but my drawings turned out to be useful just for sleeping on them so I couldn't get dirty in the grim alleys.

That's why my head was somewhere else while my feet were going back to the city center, that's why I didn't realize that Ciro passed me until he threw me against some store's door. The handle dug into my ribs.

"There's no room for doubts or mercy here, or for any of those small town sentimentalities. Do you understand?"

The wrinkles around his eyes looked like spiders holding a flaming jewel. They were the only things shining in his dark face.

"I know," I muttered far less vehemently than I would have liked.

"Well, that's not what I saw back there. Stick to the first rule or you'll end up like Ismael. And I'm not warning you."

I'm threatening you, resounded through the corridors of my memory.

I remembered Ismael. I had a devil of a job isolating his aspirations to have a decent life by being an accountant and find other minor dreams, like having an ice cream on a terrace. That wish was so powerful that eclipsed the others. But when he finished his training and was forced to get rid of it, he preferred to give it up than carrying out the assignment so they took away all his desires—he didn't want to live, but he didn't want to die either, he just starved himself, wallowing in his own excrement.

I wasn't going to end up like this. I had not given up my family and Nati to end up like a pig on a farm. They were already too far away to turn back.

I shoved Ciro away. I ignored his crooked smile and set off again. The determined expression on my face was illuminated by the street lights.

In a few minutes we were in a very different neighborhood. The buildings were shorter and more elegant—the cornices were aligned as if they were the gunwales of a boat. There, the windows were adorned with curtains that swayed when the wind started blowing.

Followed by Ciro, I climbed up a downspout that went down the front of one of the medium-sized houses that broke the monotony of the block. We got to a balcony surrounded by a stone balustrade. Once there, I went into the room, whose size reminded me of one of those apartments for beggars where I had robbed sometimes. There was a woman, breathing softly, in the bed. In front of her, lying back in an armchair, a thin man was dozing; he opened his eyes when he heard the scrape of my shoes on the floor.

Ciro raised his hand when he saw him sitting up. The man stopped with a smile of satisfaction. He didn't have time to change it before my supervisor got close and injected him a sleep inducer into his throat. The client collapsed into his arms and, by the time he finished seating him, I was already near the headboard, admiring the generous curves of that young woman who was sleeping unaware that her life vision was going to change overnight.

I pulled the dreamcatcher out from between my sweaty breasts. Ciro waited while sitting on the client.

This time I didn't look down, but rather entered immediately into the sea of ​​mirrors in the oneiric plane. My will made the pendant spin, this time to spit out the dream I treasured in and transferred it to its new owner, although she hadn't asked for it. As the silver light touched the woman's plump flesh, and she absorbed it through her pores, I felt disgusted with myself, so I just stayed focused on the thoughts about the big meal I was going to eat once I got paid for that assignment. Given that it was my Guild final examination and I was under supervision, I wouldn't receive full payment, but at least it would allow me to break for a day the insect and withered vegetable diet that I have been on since I left my village.

The glow was extinguished and the room went dark. The weight of the dreamcatcher was missing and replaced with a feeling of emptiness and anguish. I swallowed back the bile rising into my esophagus while I was walking with Ciro back to the balcony, following his instructions.

There were no half smiles or praises, just a slight prick on my wrist that officially  confirmed that my life didn't belong to me anymore. Now I had a responsibility towards the Guild and I was bound, hopelessly, by its laws. But at least I was somebody, a dreamhunter, and that was better than nothing.

"We'll meet this afternoon at the headquarters. There are a few jobs that you may be interested in."

I didn't miss the sarcastic tone of his last sentence, but I simply ignored it.  He jumped down to the street and scuttled down the nearest alley. If I was lucky, I would never see him again. He was only in charge of apprentices and I wasn't one of them anymore. I hoped my next supervisor wouldn't like playing hard to get so much.

I was rubbing the place where the tracking chip had been lodged, when I heard a whisper behind me. The client was beginning to regain consciousness. Careful not to make a sound, I went down to the pavement, crossed the street and climbed up the wall of a building. I should have gone to the academy to spend what I expected to be one of my last nights there, but instead something was holding me back, as if part of me wanted to be sure that the dream that I had sold hadn't been tainted, as if this could make up for that despicable robbery. But when the client woke up his wife and they began to take off their clothes, reality forced me to turn around and go to the other side of the city trying to leave behind that soul that was being too heavy for me to bear it.

Dawn came on me with its circle of light while I was standing at a fertility clinic entrance. I needed more money to add some alcohol to my party day, and I had heard that you could get a good deal for your ovaries. After what I had experienced that night, I preferred to find out rather sooner than later.


Thanks for reading! I hope you liked it.
And thanks to Shaila too for helping me take this story even further.
You can also read it in Spanish.



martes, 31 de julio de 2018

~Reseña~ Horizonte Rojo Vol. 2, o la elección del mal menor




¿Cómo reseñar, llamémoslo, la segunda temporada de una serie sin destripar todo lo que ocurre en la primera? Fácil no es, así que para quien no quiera saber ninguna particularidad de lo que ocurre en Horizonte Rojo Vol. 1 (Episodios 1-3), le conmino a que corra a leer el nº 1, porque la historia de Kerr cada vez es más compleja, más intensa y cuando empiezas no puedes parar. También se puede escuchar qué me pareció el primer arco en A.K.A. mi abandonado podcast.

El segundo volumen de Horizonte Rojo agrupa los números 4-7 y, al igual que el primero, cierra un arco, si bien no es el final de esta serie de novelas cortas. Si en el Vol. 1, Rea Kerr tenía una misión que se le complica, aparecen traiciones, chantajes y organizaciones politicocientíficas bastante peligrosas, en el Vol. 2 asistiremos a un complot galáctico que se va fraguando poco a poco, con nuestra mercenaria favorita de por medio. Y ella no está pasando precisamente por su mejor momento.

El nº 4 es un descenso emocional a los infiernos de Kerr. Los hechos acontecidos durante el número anterior la afectan mucho más de lo que podríamos haber pensado. La capitana, apartada de su puesto por decisión de su padre, ve enemigos por todas partes y siente que es un desastre como mercenaria y como persona. A lo largo de los siguientes números continuará su evolución y veremos si es capaz o no de superar el terrible estado mental en que se encuentra.
Mientras tanto, dos acontecimientos desatan lo que serán las dos tramas principales de este arco: la vida amorosa de Kerr y su vida laboral.


En relación con la primera, Kerr encuentra una nueva compañera con la que se siente cómoda y feliz, pero no es la única mujer en su vida. Hay una lucha interior constante sobre sus sentimientos, sobre si lo que está haciendo está bien o no. Para el lector se ofrece un dilema similar, y es que no podemos dejar de empatizar con la protagonista, pero al mismo tiempo tenemos una perspectiva más objetiva. ¿Cuándo y cómo una relación se convierte en tóxica? ¿Cómo juzgamos nosotras a Kerr? Y, todavía más importante, ¿tenemos derecho a hacerlo?

La vida laboral de la mercenaria también tendrá mucho que ver con la personal, y es que en el transcurso de una misión se reencuentra con un familiar muy cercano que había desaparecido años atrás. Este reencuentro propiciará una serie de acontecimientos que tendrán eco en la Confederación de Planetas y la mercenaria no dejará de hallarse en situaciones en las que tendrá que hacer elecciones que podrían cambiar por completo el panorama político. Y no parece haber ni una buena.

El nº 5 diría que es una novela puente. Los hilos se van moviendo sin que se pierda el interés, con pequeñas misiones y una peligrosa búsqueda. Y entonces llega el nº 6 y la crudeza del 4 se queda en nada. Kerr es atrapada junto a otros miembros de la tripulación por una especie alienígena que históricamente siempre ha estado en guerra contra la humanidad. Es torturada durante horas, y ese evento será crucial para los giros que se desarrollan en el nº 7. ¿Que el 6 parecía el mejor episodio hasta la fecha? Pues en el siguiente se supera, se coloca a Kerr entre la espada y la pared en un asalto que se vuelve en su contra.


Mientras en el volumen 1, sobre todo en los primeros dos episodios, había bastante interacción con la tripulación para ir conociéndolos, en este la acción se centra casi en exclusiva en Kerr. La tripulación queda en un segundo plano excepto Rurik, hombre al que hay que achuchar muy fuerte y que sospecho que propiciará una inundación lacrimógena en el futuro. Pero aparte de las interacciones con él, Ariadne y Kirsten, todo está focalizado en Rea, en sus enredos, sus problemas con el alcohol, con los chantajes, con la familia. Sigue evolucionando como personaje y nos introduce en un mundo todavía más gris: aquel en el que no hay decisión buena, en el que el límite entre lo moral y lo que no lo es se desdibuja, en el que hay personas que no son buenas ni malas, solo perspectivas.

Para mí ha sido un chute, no podía dejar de leer y pasar las páginas. Y encima me ha dejado con unas ganas increíbles de leer la conclusión de Horizonte Rojo. Creo que Vega se ha superado: hay mejor control de los tiempos, de cómo se van descubriendo las mentiras y medias verdades, de los valles y los picos de acción, y eso se nota mucho a la hora de generar interés. Habiendo tiros, sexo, gravedad 0, drogas y política, lo que no entiendo es que la HBO no haya comprado los derechos ya. ¡HBO! ¡Netflix! ¡Aquí hay un filón! Mientras las televisiones despiertan, al resto nos quedan los episodios. ¿Para cuándo el próximo?


Título: Horizonte Rojo Vol. 2
Autora: Rocío Vega
Editorial: Café con leche
Encuadernación: Tapa blanda
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 450
Precio: 17,90

Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

martes, 24 de julio de 2018

~Reseña~ Micosis, o la realidad de una enfermedad ficticia




Hace unos meses tuve el enorme placer de betear Micosis, de Enerio Dima, y saber que se agotaron los ejemplares en el Festival Celsius y que tanta gente está interesada en descubrir la historia de Marga me llena de orgullo de amiga y de gran expectación, porque esta historia es necesaria por muchos motivos.

Lo advierto: no voy a analizar esta novela corta a los niveles que hago con otras obras porque la leí hace meses. Vamos a suponer que si le devolví el manuscrito a Enerio y apenas le marqué un par de errores tipográficos es porque bien escrita estaba. Y la historia está tan bien hilada que poco más podía hacer con ello. Pero lo importante es el mensaje que transmite, y de eso es de lo que quiero hablar.

Micosis es una historia de terror. No hay que buscar la colección en la que se ubica dentro de la Editorial Cerbero, el nombre ya habla de enfermedad. Un hongo está provocando una epidemia que hace que la gente se autolesione hasta suicidarse. Sin embargo, el terror no se esconde entre las páginas de la novela, sino en nuestra realidad. Lo que da verdadero miedo de esta historia es que no habla de una enfermedad ficticia, sino de una real reconvertida a la ficción. Y es capaz de abordarla tanto desde el punto de vista del que la padece como del que no.

Estamos hablando de enfermedades mentales. De depresión, sobre todo. De sentirte superado por todo, insuficiente, inútil. De que la vida duela tanto que el único alivio que encuentres sea provocarte dolor físico. Y cuanto más punzante, cuanto más dure, más alejada estarás y durante más tiempo de todo el peso que cargas sobre ti. Lo malo es que luego tienes que esconderlo porque, si no, vendrán las miradas acusatorias y, donde antes no eras nadie, tendrás una marca, serás una loca, la gente se alejará de tu lado. Y eso es mucho peor que ser invisible.

Micosis transforma esta realidad mental en algo tangible: ¡hongos! Eso tiene que tener cura. Pero entre sus páginas se muestra que a la gente lo que le interesa es no verse salpicada. Dima se atreve incluso a jugar con una voz en off que los que hemos pasado por una enfermedad mental conocemos bien: la de quienes juzgan desde su asiento, por cercanos que sean; nuestra propia voz interior que nos recuerda a cada rato lo insignificantes y estúpidos que somos por cada decisión que tomamos; la que nos muestra a cada rato todo lo que está mal en nosotras. Es una interpelación al lector, porque si esa voz en off es un eco de la tuya… es para detenerse a pensar un buen rato.

Por todo esto, nos hallamos ante una historia dura. Tanto para quienes hemos estado en el pozo como para quienes han tenido a alguien cerca. Y seguramente todos hayamos tenido a alguien cerca, pero los enfermos lo sufrimos en silencio, como nuestra protagonista, porque lo normalizamos y lo negamos todo lo que podemos. Porque no podemos estar enfermos, porque a nosotros no nos pasa. Porque solo es una vez, una crisis, y no volverá a ocurrir.

¿Qué opináis del brutalismo?

Es jodido leerlo, de hecho hay una escena que me produjo mucha aprensión, pero es necesario. Primero, porque creo que nos hace entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Y segundo, porque dentro de toda esta opresión, Dima pone un punto positivo, y es que no tienes por qué pasarlo solo. Es la sensación de comunidad, de que no es algo tan extraño ni excepcional, de que juntos se pueden paliar los efectos o aprender a convivir mejor con ellos. Quizá no haya cura a la micosis, pero en la realidad estamos mucho más preparados: buscad ayuda. No estáis soles.

No obstante, hay algo que hizo que esta novela corta me gustara mucho más, y es que no solo habla de enfermedades mentales. Hay más temas ahí, quizá de menor importancia en el transcurso de la historia, pero que nos siguen tocando de cerca. Que la protagonista sea la limpiadora de un edificio de oficinas (como arquitecta el inicio me ha encantado, por cierto) no es una casualidad. Que esté separada y a cargo de dos niños, tampoco. Nada está dejado al azar. Hay crítica de clase, a esa conciencia social que se ha creado en torno a la titulitis que jerarquiza la validez de las personas. Marga se cuestiona todo el rato si su vida habría sido diferente o más feliz de no haber abandonado los estudios, y su jefe se cree superior simplemente por haber comenzado (que no acabado) una carrera universitaria. Ni él, ni su madre, ni su exmarido la tratan como si fuera una persona, sino como un proyecto que se quedó a medias, defectuoso. Deshumanización. Si lo unimos a la micosis, tenemos el monstruo perfecto. ¿Pero quién es el monstruo realmente? ¿Qué es lo que está podrido de verdad?

El final, por cierto, quizá sea previsible desde el punto de vista argumental, pero desde el punto de vista narrativo me encantó. Y eso termina de redondear una novela compleja, con muchas capas y que, en definitiva, nos está hablando de la realidad que nos rodea. Eso es lo que hacen las historias que se quedan con nosotros, las que perduran en la memoria. De no haber sido así, no podría haber escrito casi mil palabras sobre Micosis después de tantos meses. Es un mal rato, pero merece la pena. Sobre todo porque fuera de sus páginas podemos hacerlo mejor.


Título: Micosis
Autora: Enerio Dima
Editorial: Cerbero
Encuadernación: Tapa blanda / bolsilibro
Año de publicación: 2018
Nº páginas: 262
Precio: 5€ / 2€ (ebook)

Dalayn
Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 4 de julio de 2018

Pasar el muro, surcar las olas



El primer salto. Ahora estoy dentro. Aunque siga viéndome fuera. ¿Cuánto tarda uno en creer que ha publicado algo de forma profesional? ¿Cuando tiene el libro en sus manos, cuando los lectores que leen contigo empiezan a leerte A TI? Hace tiempo que se me quitó la vergüenza de llamarme escritora, que dejé de ver el ego y la posición que implicaba para otros. Escribo, leo con ojos de escritora, intento desentrañar los recursos y las estructuras de otras, encontrar sus intenciones, cómo las plasman, si son o no efectivas, qué es lo que me gusta a mí. Ni soy famosa, ni preveo ganarme la vida con esto (la mayoría no lo hacen, de todas formas), ni tengo mucho público (aunque el que tengo es maravilloso). No soy mejor que muchas (muchísimas) compañeras ni pretendo venderme como tal. Tampoco soy una bohemia en un ático vintage con una máquina de escribir y un vaso de vino en la mano. Solo escribo. Soy escritora. Fin.

Pero ahora estoy al otro lado, como dice Hurley en La revolución feminista geek. Ahora me van a publicar y parece que la perspectiva cambia. No me siento mejor ni más importante, solo más responsable. Por mis relatos, tan diferentes entre sí, y por las que se sienten como yo me sentía hace apenas unos meses. Y como seguramente vuelva a sentirme en unos pocos. Porque aquí… la cosa es diferente, o al menos yo la veo así. El muro no es sólido ni opaco, una vez entras no te quedas para siempre. Es una fina lámina de agua que te engulle y te expulsa como un mar embravecido, estás dentro y a nada estás fuera. Solo algunas afortunadas consiguen permanecer en el interior de forma constante, pero no sin mucho trabajo y esfuerzo.

Sin embargo, el trabajo y el esfuerzo no te aseguran que las olas te reciban. También se necesita suerte. Por eso escribo este artículo. Porque sentí la humedad asfixiante y muchas veces quise abandonar, ahogada por la pesadez del ambiente y el rechazo del océano. Pero nunca tiré la toalla del todo. Y al final, en el momento oportuno, los sueños se cumplen (que diría Miriam). Lo desesperante es no saber cuándo será ese momento. Siempre he dicho que la incertidumbre es mucho peor que la negación. Pero eso deja clara una cosa: publicar, que alguien elija tu obra para que vea la luz, no te da la excelencia. No hay una diferencia real entre permanecer en la orilla y estar en medio del oleaje; no en cuanto a calidad, me refiero. Si no, ¿qué pasaría con las autoeditadas? (Estoy utilizando el femenino genérico a propósito, porque puedo, básicamente). ¿Son menos porque "nadie las ha elegido"? Nada más lejos.

¿Qué es la excelencia, de todas formas? ¿Ser reconocida, vender mucho, tener más de 4 estrellas de media en GR, que te premien con una piedra? Todas estas cualidades pueden formar parte de la excelencia, pero lo cierto es que va a depender de a quién le preguntes. Considero que en cualquier arte siempre hay un componente subjetivo. He leído textos impecables que me han dejado fría y otros mediocres que me han provocado emociones muy intensas. Todas conocemos libros que parecen escritos por un generador de sinopsis y se venden como churros. Así que, ¿por qué somos tan jodidamente duras con nosotras mismas, por qué nos fustigamos tanto al compararnos con otras? Por supuesto que tenemos que aspirar a la excelencia, debemos trabajar en mejorar cada día, pero eso no nos puede bloquear.

Además, ¿por qué hoy se me considera mejor que hace un año? ¿Porque me van a publicar? Solo uno de los cuatro relatos que verán (o han visto) la luz este año ha sido escrito en 2018. Solo uno. Esta es la breve historia de todos ellos, porque quizá ahora me haya engullido el mar, pero he estado en la orilla y volveré a ella, lo sé. Regreso con cada convocatoria, a cada momento me cuestiono mi capacidad. ¿Se puede estar en dos sitios a la vez? Quizá en este lugar de locura e imaginación. Escribir es una vorágine, al fin y al cabo.

 

Empecemos por el principio, por Cazadora de sueños. Publicado en Libros Prohibidos hace poco más de un mes. Un pequeño aperitivo para El pasado es un cazador paciente, la novela corta que publicaré próximamente con Sportula. No fue intencionado, pero cuando me pidieron un relato yo estaba inmersa en las últimas revisiones de la historia de Marina antes de enviarla a editoriales, y había un pequeño aspecto de este personaje en el que quería profundizar. Así que la historia surgió sola, Marina volvió a contarme su pasado y algunos aspectos del mundo en el que vive que no había podido tocar en la novela. Si Javier Miró (La armadura de la luz, 2017) no me hubiera hecho la oferta, quizá este relato no existiría. Y por eso le estoy inmensamente agradecida. Porque, os guste más o menos, Cazadora de sueños cuenta algo muy importante: el derecho que tenemos a elegir sobre nuestro cuerpo y nuestros sueños.


Unas semanas después, La Maldición del Escritor hacía público el fallo de la convocatoria de Iridiscencia, una antología con relatos de fantasía, ciencia ficción y terror con personajes LGTBIA. Oh, sí, añado la A con toda la intención, porque "Desconexión" fue seleccionado y sus protagonistas están en el espectro ace. Me hace muchísima ilusión que haya entrado y con unas compañeras tan maravillosas. Ojalá no hubiera que demostrar que los personajes no heteronormativos pueden protagonizar una historia sin que esta gire en torno a su sexualidad, pero ya que es una lucha que sigue en pie hoy en día, para mí es un placer poder participar en ella. Sin embargo, "Desconexión" no es un relato que escribiera expresamente para esta convocatoria. Lo escribí el pasado noviembre con la vista puesta en Alucinadas IV y, como podéis deducir, no fue seleccionado. Y, además, es una historia que no hubiera nacido tal y como es de no haber leído antes La mirada extraña, de Felicidad Martínez, y El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, de Becky Chambers.


Sigamos con "Vienen con el frío", que aparecerá en el nº 11 de SuperSonic (en papel y digital). Este cuento tiene historia. Es un relato de terror que escribí hace dos años y medio para una convocatoria sobre casas encantadas. No fue seleccionado. Reescribí algunas partes que habían quedado flojas y el final. Lo mandé a otra convocatoria similar, tampoco fue seleccionado. Al cabo de unos meses lo volví a revisar y así se quedó en el cajón cogiendo polvo hasta que Cristina Jurado le dio la oportunidad. Para entonces yo ya le había cogido un poco de manía y, si le sumamos mi inseguridad, es la historia por la que más nerviosa estoy. ¡Pero si le ha gustado a Cristina Jurado, con lo que la admiras y toda la experiencia que tiene a sus espaldas! Pues eso es precisamente lo que hace que no me esconda debajo de una piedra, así que mil gracias a Cristina por su confianza y por todo el trabajo que realiza por y para el género en España.


Finalmente, os hablaré de "Por la colectividad", que aparecerá gracias a la Asociación Heroik en Damas verdes (y también algún caballero). Este es mi intento de dinoporno que no seleccionaron en el Visiones del año pasado y que seguramente quede sepultado por el de Rafa de la Rosa. Pero son mis ranitas espaciales y las quiero. Y Begoña Pérez Ruiz también las quiso y las ha cuidado con mimo y ha puesto a mi gran amigo Mangrii a prologar. Y sé que lo único que puedo hacer para agradecer a Begoña esta apuesta es seguir escribiendo, como hace ella, todos los días y sin perder la esperanza.

Como podéis ver, menos Cazadora de sueños, el resto de relatos fueron escritos en 2017 o incluso antes, y todos fueron rechazados en primer lugar. ¿Rechazados? Bueno, quizá sea mejor decir "no elegidos". Porque no es lo mismo coger un montón de relatos y decir "tú no y tú tampoco" que decir "tu sí y tú también", y que el tuyo se quede fuera. Me parece una diferencia bastante grande. Y no porque yo quiera venderos que mis relatos son la leche (que también, claro, que de algo hay que comer) aunque no los cogieran en primera instancia, sino porque es así como funciona. Fui parte del jurado con La Nave Invisible del I Premio Ripley y hubo bastantes relatos que no entraron en la selección final que eran muy buenos (cosa que al parecer se ha repetido con la segunda edición). Uno de ellos ganó un premio en un certamen posterior. También participé como seleccionadora en la III convocatoria de Windumanoth y varios relatos que me encantaron se quedaron fuera y han sido publicados en otras plataformas.

¿Con esto qué quiero decir? Que no soy mejor ahora que hace un año. Y vosotras tampoco. En esto de publicar entra en juego más gente. Ahora llevo tres meses sin escribir nada de ficción y me está costando mucho ponerme con ello. ¿Seré peor el año que viene si no consigo publicar nada? Hace unos días Guillem López hablaba en esta entrevista sobre estos tiempos locos editoriales, en los que necesitas estar continuamente surcando las olas, porque si vuelves a la orilla es posible que no vuelvas a bañarte. Y lo triste ya no es que sea una estrategia fatal para la producción literaria de calidad, sino que nosotras mismas, desde que empezamos, contribuimos a esto. Porque parece que si el agua deja de mojarte los pies ya no eres digna, si tu obra no supera la anterior eres una decepción. La búsqueda de la excelencia, en vez de empujarnos, nos bloquea. Y eso es lo que ha cambiado verdaderamente en mí una vez he podido chapotear. Que me siento responsable porque todas las obras de las que os he hablado hoy son muy diferentes entre sí. Hay ciencia ficción, fantasía y terror, unas son más profundas y otras son puro entretenimiento. ¿Decepcionarán unas por las expectativas que han generado las otras? ¿Decepcionaré yo si dejo de producir? Hurley tiene razón cuando habla de que lo complicado no es llegar, sino mantenerse. Y añado: lo complicado es mantenerse sin obsesionarse en esta dinámica que se ha creado en el sector.

Así pues, con este artículo lo que quiero transmitir es lo siguiente: se puede; la tenacidad y el esfuerzo son importantes pero la suerte es un factor a tener en cuenta; las obras no se rechazan, no son elegidas; disfrutad mientras podáis con lo que escribís. Espero que los ejemplos personales que os he puesto os hayan servido. No os rindáis nunca.

PD: Estaré en el Celsius 232, y las tres revistas/antologías que os he comentado hoy parece que también, por si queréis comentar algo. Con una birra en la mano se hace mejor ^^

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