viernes, 30 de septiembre de 2016

~Videojuegos~ "Journey", o de la Belleza en Todas las Cosas


Puede que, a estas alturas, hablar de un juego estrenado en PS3 allá por el año 2012 pueda considerarse irrelevante, desfasado e incluso falto de originalidad (¿es que acaso me he quedado sin ideas? ¿Sin material sobre el que escribir?). Quede constancia de que, a pesar de que la semana pasada no pude (por circunstancias) publicar la crítica que tenía pensada, iba a escribir ésta para la presente. Sin embargo, y quizá a causa de la deriva del Destino, pasé a enfrentarme a una señora Obra de Arte que me vino con la suscripción a PS Plus del mes de septiembre.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

~#LeoAutorasOct~ Las lecturas conjuntas como evento social

Nadie puede imaginar por ti. La percepción que tenemos de una historia es única e intransferible. Ya sea leyendo o a golpe de audiolibro (¿puedo incluir aquí cuando nuestros padres nos leían cuentos?), las imágenes que se forman en nuestra mente conforme seguimos una narración son entes que se arremolinan en nuestras neuronas; a veces dejan una huella imborrable y otras se esfuman como hilos de humo entre la niebla. Sea como sea, son algo que vivimos de manera solitaria pues, al contrario que en una película, las imágenes difieren según las personas y no digamos, el significado que le damos a las mismas.

Cuánta más soledad no habrá cuando cogemos un libro y nos aislamos de manera voluntaria del mundo para introducirnos de lleno entre sus páginas, para leer con atención cada frase, para vivir otra vida que sabemos nunca será igual a ninguna otra por mucho que las palabras leídas sean las mismas. Cuando pensamos en alguien leyendo, hay una percepción general del individuo en su aislamiento bebiéndose el alma de una historia, ya sea con manta, chimenea y lluvia o bikini, toalla y sol. Está allí, en su rincón sin paredes, creando una especie de barrera a su alrededor que nadie en su sano juicio se atrevería a romper (pero ay, qué poco juicio hay en el mundo).

domingo, 25 de septiembre de 2016

~Relato~ Te marchas



Abres la marcha como siempre y yo te sigo, feliz como nunca. Me encanta cuando nos alejamos de la ciudad, pues hasta hueles distinto, a energía renovada, a libertad. Pero hoy sigues siendo la misma que llega tarde del trabajo, que me rechaza cuando quiero consolar su llanto. Hasta tus gritos suenan igual. No entiendo qué he hecho mal esta vez. Me acurruco en un rincón a esperar tu perdón, pero sin apenas mirarme regresas al coche. Y te marchas. 

Palabras propuestas: quiero, pues abres.





Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

~Reseña~ Justicia Auxiliar, o la crisis de identidad de un imperio





En un planeta helado y remoto, una soldado llamada Breq se está acercando al cumplimiento de su misión. En el pasado, Breq era Justicia de Toren, una crucero de batalla colosal con una inteligencia artificial que conectaba a miles de soldados que servían al Radch, el imperio que había conquistado la galaxia. Pero ahora está sola, con un único y frágil cuerpo humano para alcanzar el destino que lleva persiguiendo veinte años.


Justicia Auxiliar es la primera novela de la trilogía El imperio del Radch de Ann Leckie, seguida por Espada Auxiliar y Misericordia Auxiliar (títulos temporales ya que ninguna de estas dos han sido traducidas aún al castellano). Aun así, es prácticamente independiente y se puede leer con tranquilidad sin estar atado a futuras entregas.

No he puesto la sinopsis comercial del libro, pero si en algún momento os decidís a leerlo, mi primer consejo es: no la leáis. No leáis la sinopsis ni el prólogo, buscad el índice e id directamente al primer capítulo, en el que Breq encuentra a una antigua teniente que todos daban por muerta desfallecida sobre la nieve. ¿Por qué? A mi modo de verlo, en la novela se tarda tanto en desvelar la razón de la misión de la protagonista que merece la pena permanecer con esa incógnita en suspenso hasta que se revele. Si no, pasaréis un tercio del libro preguntándoos cuándo narices llega «el por qué de todo». Y aunque el viaje es interesante en sí mismo, desconocer el dato es un plus (o esa es mi opinión, al menos).

viernes, 16 de septiembre de 2016

~Cine~ Star Trek: Más Allá, o de las grandes franquicias que nunca mueren


Cuando un producto cultural ha adquirido la categoría sentimental de la que goza Star Trek, puede incluso permitirse de vez en cuando relajar la presión sobre lo que sus más acérrimos seguidores esperan ver de ella. Star Trek puede presumir de una muy longeva carrera recorrida en los corazones de todo niño desde los años 60. En su trayecto ha podido presentar la friolera de cinco series de televisión con actores reales y doce películas, sin contar con el amplísimo submundo que componen medios-satélites como los cómics, novelas, videojuegos, etcétera; y en un nivel más oscuro (por sus, ejem, libertades para con el producto original), la dimensión fanfic, en la que mejor no nos introducimos para salvaguardar nuestra cordura.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Las etiquetas de Schrödinger


¡Hola! Hoy quiero daros mi opinión sobre las etiquetas. Esas etiquetas que son buenas y malas a la vez, que cuando acabas de ponértelas estás tan cómodo y al rato te empieza a picar todo como si hubieras estado limpiando paraguayos todo el d…


«Señora sierpe, ¿de qué está hablando?»

«Pues de etiquetas…»

«…¿de ropa?»

No, no, os explico. ¿No os ha pasado nunca que estáis tan contentos con el último libro que os estáis leyendo hasta que viene alguien y os dice que cuándo vais a leer cosas de verdad y a dejar esas dragonadas para niños? En ese momento haces como que te pica todo y empiezas a rascarte con tal de no soltarle alguna bofetada a tu interlocutor, o como mínimo, a morderte la lengua.

viernes, 9 de septiembre de 2016

~Cine~ "BABADOOK", o de que no hay Mal que por bien no venga.

DOOK DOOK DOOK

Es de todos bien sabido que el panorama de cine de terror en los últimos treinta años no ha sido halagüeño en lo que a calidad cinematográfica se refiere. Con alguna honrosa excepción, la amplia mayoría de los títulos que pretenden asaltar la taquilla no son sino burdos intentos de emular hasta la más aburrida exactitud fórmulas que sí que revolucionaron el mercado cinéfilo con anterioridad. Vale más un ejemplo que mil descripciones, ¿no? Véase, si empezamos desde los prehistóricos años sesenta/setenta/ochenta, La Matanza de Texas, Viernes 13, Halloween o Pesadilla en Elm Street, y si nos acercamos más a la época actual, podemos observar con horror la fruición del género slasher con Scream o Sé lo que hicisteis el último verano y más recientemente las millones de secuelas de Saw, Paranormal Activity y más derivados dignos de serie B.

Sin embargo, y por suerte para nosotros los incansables buscadores de calidad en el cine, surgen de cuando en cuando experimentadores valientes cuyo producto traspasa las barreras del estiramiento de chicle, al ser su fórmula intrínsecamente única y difícilmente reproducible en decenas de secuelas. Podría hablar largo y tendido sobre alguna de estas pequeñas joyas que han sobrevivido a la codiciosa mano de Hollywood manteniendo su legado intacto, pero para el propósito que nos atañe, me voy a centrar en la que os traigo hoy.

Aviso antes de comenzar: va a haber espoilers gordos gordísimos como para parar un obús en plena trayectoria. Continuad leyendo a vuestra cuenta y riesgo.

Representación gráfica de espoiler.

Babadook, a simple vista, podría dar la impresión de que trata de un libro demoníaco cuyo espíritu se libera tras leerlo (al más puro estilo The Ring pero en menos moderno) y que se dedica a torturar a una pobre viuda y a su hijo por el simple hecho de ser El Mal.

He escuchado críticas muy polarizadas con respecto a esta maravilla de película (creo que queda patente en qué polo me sitúo). Lo cierto es que, o la amas hasta el Fin de los Tiempos o la odias por ser Vaya Rollo de Película que Meh. Ciertamente, si al sentarnos a verla esperamos (y queremos) ver la película descrita en la sinopsis que he hecho arriba, la decepción será vuestra más fiel compañera. Los que deseábamos encontrar algo diferente en el tratamiento de la temática, que además resulta verdaderamente terrorífico, podemos encontrar en Babadook una puerta a la esperanza de que el género es capaz de realizar un producto de calidad.

Holi.
Evidentemente, Babadook no es una película de miedo al uso. No depende de los sobresaltos ni del volumen del televisor para generar constricción en nuestras entrañas. Apela a nuestro más primario sentimiento humano con la intención de causarnos un malestar continuado por el simple hecho de existir. Me explico de la mejor manera posible: cómo he percibido yo el sentido de la película. Lo llamaré La Sinopsis de Verdad de la Buena.

No hay bichos malos por aquí.

El filme comienza con una mujer (Amelia), escritora de libros infantiles (importante), a punto de dar a luz, sentada en el asiento del copiloto de un coche que conduce su marido, camino del hospital. Un accidente con el automóvil causa la muerte de su esposo. Años después, el niño (Sam) crece con evidentes problemas de conducta y socialización. Nadie soporta al niño. Ni su propia tía. Mientras, Amelia vive en una perpetua depresión causada por la soledad y por no haber podido superar la muerte de su marido. El cumpleaños de su hijo lo celebra otro día por coincidir con tan dolorosa fecha, y no soporta que pronuncien el nombre de su marido. Ya no intenta escribir y se ciñe a su trabajo como enfermera en un asilo para ancianos. Cualquier intento de hacer su vida avanzar (dícese, buscar alguna otra relación) se ve frustrado por la actitud del propio Sam, cuyos problemas mentales son cada vez más evidentes y problemáticos. Una noche, el niño le pide que le lea un cuento que acaba de encontrar en la estantería: Mr. Babadook. Al empezar a leerlo en voz alta, Amelia se da cuenta de que el libro en cuestión no ofrece un mensaje constructivo para los niños, sino que promete al lector causarle la más terrible muerte.

Lectura de sobremesa.

A partir de este momento, Sam, que ya de por sí mostraba una tendencia peligrosa a querer luchar contra monstruos, comienza a obsesionarse con el Babadook, insistiendo en su existencia. Dicho comportamiento no hace más que añadir más leña al fuego de la desesperación de Amelia, que comienza negándolo todo pero que conforme su ánimo se debilita y se vuelve más vulnerable, la histeria de su hijo acaba por apoderarse de ella. Al final, el Babadook la posee y ésta intenta matar a Sam (la fuente de todos sus problemas) tras acabar con la vida de su perro. El Babadook no es vencido hasta que Amelia no es capaz de superar la muerte de su marido y aceptar a su hijo como su legado, y no como su problema.

Que no hay biiiiichos. Pesao.

Lo que de verdad hace esta película diferente es que el enemigo a batir no proviene de una fuente fantástica, esotérica o demoníaca, ni siquiera de un asesino en serie. No hay una manifestación física a la que echar la culpa de lo malo que ocurre, ni tampoco hay consuelo por saber «que no existe». El miedo atroz que provoca el Babadook es muy parecido al que sentí cuando leí El Señor de las Moscas (gran, grandísima obra, por cierto, que todo el mundo debe leer sin falta). El ente contra el que se lucha en Babadook no es otro que el mismísimo Mal que habita en todos nosotros. Y no hablo del Mal como algo externo que nos posee, sino como aquellos pensamientos que inmediatamente apartamos de nuestras cabezas por lo horrible que sería que lo llevásemos a cabo. En el caso de Amelia, su Mal es que en el fondo odia a su propio hijo, puesto que para ella él es el culpable de que su marido le haya sido arrebatado. Y no contento con eso, el niño hace lo imposible por hacerse de odiar y frustrar cualquier intento de vivir la vida miserable que ella misma se ha impuesto. Su debilidad mental hace que ese Mal que se esfuerza en reprimir tome la forma del Babadook (que, por cierto, mi teoría es que ella misma lo escribe pero como está volviéndose loca no lo recuerda) hasta que acaba tomado el control de su vida.

El Putoniño.
¿Quién no ha tenido pensamientos asesinos alguna vez en su vida? «Pero yo nunca lo haría», me diréis. Mi respuesta es: Amelia también pensaba eso. Sin embargo, ¿podéis asegurar que en un momento de extrema debilidad anímica no se os vaya a ir el tornillo derecho hasta el punto de comenzar una masacre de carácter mundial? De ahí el verdadero miedo. Miedo que no necesita de sustos, ni de gore, ni de bichos feos. Terror con mayúsculas, con Q de calidad y con estrella Michelín.

¿Te ha gustado la cena? Por cierto, quiero matarte.

¿Merece entonces un FUCKING FUCK YES QUE TE RETUERZA LAS ENTRAÑAS? Pues FUCK FUCKING YES, todos los que hagan falta. Sobre todo si lo que buscáis es un título del género de terror distinto, con unos personajes bien perfilados y una trama que implica pensar más allá del mata-mata.




Charles D.
Filólogo, lingüista, lector irredimible y cinéfilo/seriéfilo empedernido. Digo muchas tonterías en Twitter (@OrdHum). También escribo si me dejo.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

~Reseña~ El camino de los reyes, o la senda a la nueva épica




En Roshar, un mundo de piedra y tormentas, extrañas tempestades de increíble potencia barren el rocoso territorio de tal manera que han dado forma a una nueva civilización escondida. Han pasado siglos desde la caída de las diez órdenes consagradas conocidas como los Caballeros Radiantes, pero sus espadas y armaduras aún permanecen.

En las Llanuras Quebradas se libra una guerra sin sentido. Kaladin ha sido sometido a la esclavitud, mientras diez ejércitos luchan por separado contra un solo enemigo. El comandante de uno de los otros ejércitos, el señor Dalinar, se siente fascinado por un antiguo texto llamado El camino de los reyes. Mientras tanto, al otro lado del océano, su eminente y hereje sobrina, Jasnah Kholin, forma a su discípula, la joven Shallan, quien investigará los secretos de los Caballeros Radiantes y la verdadera causa de la guerra.

Sin duda, El Archivo de las Tormentas, la saga que inicia esta novela de la cual voy a hablar largo y tendido (advertidos estáis), es la obra maestra de Brandon Sanderson. Supura dedicación en cada escena, rezuma planificación en cada párrafo. Más de una década de trabajo (y lo que queda) para un universo que, me atrevo a apostar, se comparará con la Tierra Media de Tolkien o el Poniente de George R.R. Martin. Si todo sale bien, claro, aunque tengo una confianza total en su autor. Pero diez libros son diez libros, y si cada uno tiene 400.000 palabras y unas 1200 páginas, cualquier cosa es posible. Sin embargo, si en una única novela consigue dar estas sensaciones, qué no conseguirá con el resto.

Pero comencemos por el principio, porque ¿de qué va El camino de los reyes? En la sinopsis se habla de una guerra, de la esclavitud, de un libro, de una investigación. Acciones, hechos. Al fin y al cabo, ¿la épica no va de eso? De actos heroicos, grandes batallas, la lucha del bien contra el mal. Pues me atrevería a decir que en esta novela hay mucho más. Sí, hay actos heroicos, hay grandes batallas y hay una lucha… ¿del bien contra el mal? No está tan claro. Lo que se anuncia desde el principio es la llegada de la Última Desolación, aquella que acabará con toda la humanidad… pero no se sabe en qué consiste, ni qué es, pues las Desolaciones y la lucha de los Radiantes contra los Portadores del Vacío ocurrieron hace miles de años y ahora solo son leyendas. Lo que significan y lo que conllevan se irá descubriendo poco a poco en los sucesivos volúmenes de esta saga.

El camino de los reyes es, más allá de los acontecimientos, una novela de personajes. Va del descubrimiento de uno mismo, de principio a fin. De intentar encontrar el camino entre las adversidades que la vida va interponiendo. De equivocarse, de rectificar, de aprender. Creo que eso es aplicable a la mayoría de personajes principales: Dalinar, Kaladin, Shallan, Jasnah. Todos ellos van evolucionando poco a poco; Sanderson se ha tomado su tiempo para hacer que ese crecimiento personal sea constante y creíble. No obstante, me da la sensación de que los personajes femeninos son mucho más redondos que los masculinos, al menos en esta novela; tienen más claroscuros, más cosas reprochables, mientras que Kaladin o Dalinar son personajes honorables hasta la médula. Eso tampoco los hace aburridos, ya que el autor les ha otorgado una cualidad inherente en el ser humano que algunas sagas épicas habían olvidado: el cuestionarse continuamente sobre si lo que haces es o no correcto, sobre quién eres en realidad. Tampoco faltan los personajes secundarios, algunos muy interesantes como Szeth, Taravangian, Navani, Sadeas o Syl, todos ellos con personalidades, objetivos y posibilidades muy diferentes con muchos datos que desconocemos y que no descarto que pasen a ser más protagonistas en futuros libros.

La maravillosa Sylphrena dibujada por Marina Vidal

Pero si hay un personaje que destaque por encima de los demás, ese es sin duda Roshar. El mundo donde está ambientado El Archivo de las Tormentas no se puede relegar a la mera clasificación de «escenario». Es un personaje en sí mismo, el gran protagonista de este inicio de saga. Y no deja de ser, quizá, tanto una de sus grandes virtudes como uno de sus pocos defectos. Roshar es un mundo que a mí al menos me recuerda a un fondo marino elevado a la superficie: animales con concha, anguilas aéreas, pequeños bichitos que se mimetizan con la roca, vegetales que se abren cuando llueve o que se repliegan cuando caminas sobre ellos. Un mundo vivo asolado continuamente por peligrosas tormentas procedentes del este y que toman una parte importante en la cultura y religión de los habitantes de este gran universo. El worldbuilding fascina desde el primer instante; Sanderson no deja nada al azar y nos muestra distintos lugares con culturas y modas tan dispares como en nuestro propio mundo. Sin embargo, a veces la descripción de la atmósfera está tan por delante de la acción que acabas pensando si no es pura construcción de mundo en realidad lo que te está mostrando.

Y es que El camino de los reyes tiene un ritmo constante pero al que creo que no estamos acostumbrados. Empieza con mucha fuerza, las páginas te absorben, pero luego hay una calma con cierta tensión sostenida que se alarga durante cientos de páginas hasta la parte final del libro. No es que sea aburrido, siempre están ocurriendo cosas, siempre hay información y la historia va avanzando, pero no a un ritmo al que estemos habituados. Como he dicho antes, el autor se toma su tiempo para mostrarnos la evolución de los personajes, con todos sus pensamientos y razonamientos que los llevan a tomar una decisión u otra. Eso no es bueno ni malo per se, quizá en la actualidad sea más corriente encontrar estas cavilaciones más resumidas, descripciones menos extensas, todo condensado para que el ritmo sea trepidante. Pero Sanderson no tiene prisas, prefiere que conozcamos a los personajes a fondo, que nos adentremos en su psique, que veamos su humanidad de la manera más cercana que nos sea posible. No son grandes cliffhangers los que nos arrastran a leer capítulo tras capítulo, sino todo aquello que nos está velado, las múltiples pistas, los secretos a medias, las mil cosas que no sabemos del pasado ni del futuro de Roshar, lo que les depara a unos personajes con los que, al menos yo, no he podido evitar conectar.

Como para no conectar con Kaladin... ya me entendéis ;)

¡Hay tanta información oculta! Las mismas citas que aparecen al principio de la mayoría de capítulos son algo muy a tener en cuenta, no solo para la historia, sino para el Cosmere en general. Y es que no hay que olvidar que El Archivo de las Tormentas se engloba dentro de este gran universo, por lo que hay que estar atento ante cualquier mención de elementos como el Adonalsium o las Esquirlas y cierto personaje asiduo de las historias del Cosmere

No niego que al principio sea todo abrumador, quizá también por eso Sanderson se toma su tiempo: para que el lector se asiente con comodidad en esta tierra desconocida antes de despegar del todo hacia un final que da apellido al género de esta novela: ÉPICO. Así, con mayúsculas y lucecitas de neón. Es un libro que se disfruta de principio a fin y que sin llegar a cortar la acción te deja con suficientes incógnitas como para querer seguir leyendo otras 1200 páginas.

Como veis apenas puedo ponerle peros al inicio de una saga que me ha enamorado y que sin duda se convertirá en una de mis favoritas. El único gran defecto (además del tema del worldbuilding, que puede ser excesivo para algunos) es la ingente cantidad de erratas de las que está plagado el libro. La edición es preciosa y vale lo que cuesta, pero es difícil no pensar mientras lo lees que en el precio al parecer no iba incluido el corrector. El camino de los reyes lo reeditaron el año pasado para unificar términos del Cosmere, pero parece que los derechos sobre la edición original (en castellano) no nos permiten (de momento) disfrutar como se merece de esta obra, lo cual es una auténtica pena.

Mapa de Isaac Stewart

Aun así, es una historia que recomiendo enormemente. A mí me fascinó en muy pocas páginas, de una manera muy parecida a como lo hizo Juego de tronos hace 10 años (y por mucho que sea la segunda vez que menciono la saga de Martin os aseguro que no tienen nada que ver). Lo que deja entrever El camino de los reyes es que sin duda esta historia es algo muy grande (y no solo en tamaño), digno de contar en diez volúmenes o los que al escritor le hagan falta, y con la confianza que da saber que Sanderson tiene una ciudad de gnomos bajo su casa que le escriben los libros día y noche y que le permiten mantener un ritmo de publicación que asusta. Así pues, Palabras Radiantes ya está en castellano, y Oathbringer (título provisional del 3º volumen) será publicado en 2017. Y mientras tanto, hay muchísimo Sanderson por descubrir.


Título: El camino de los reyes (El archivo de las tormentas I)
Autor: Brandon Sanderson
Traductor: Rafael Marín Trechera
Editorial: Nova (Ediciones B)
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Año de publicación: 2015
Nº páginas: 1198
Precio: 33,00€ / 7,99€ (ebook)





Dalayn
Lectora por vocación. (Medio) arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.

viernes, 2 de septiembre de 2016

El Señor de los Anillos como agente liberador


Vais a perdonar que hoy no me pasee por el venenoso blog con una reseña bajo el brazo; también que no llegue a la hora habitual y me retrase en la publicación, pero creo que lo merece.

Llevo tiempo con la idea rondando por la cabeza de escribir sobre lo que hoy me traigo entre manos. Es curioso cómo han cambiado las tornas de la cultura popular en los últimos veinte años. Ya no hablo de internet, ni de la fuerza que tiene hoy en día. Hablo de antes de que su uso se masificase. Antes de los smartphones, de los facebooks y twitters, e incluso de los propios blogs. Hablo de cuando las noticias venían por las revistas, de cuando los tráilers los veías únicamente antes de las películas, de cuando no había vídeos virales y de cuando los trucos en los videojuegos viajaban de boca a boca.

Antes de entrar en el siglo XXI, el «mainstream» en los colegios era muy distinto al actual. No había macro-universos cinemáticos ni comunidades online. Hasta el bullying era distinto (no se llamaba «bullying», sino «abusones»). Leer fantasía o involucrarte en un mundo fantástico mediante juegos de tablero o de rol, por lo menos en mi experiencia, era un «pringado» automático en tu expediente social que te recluía a un rincón del patio de recreo donde te juntabas con los tres o cuatro amigos que compartían tus gustos. Si hablabas del tema, que no fuera muy alto si no querías ser objeto de chiste por parte de los «molones» que jugaban bien al fútbol, veían fútbol, hablaban de fútbol y llevaban equipamiento de fútbol a absolutamente todas horas.

Google Maps no tiene nada que hacer aquí
Como digo, todo esto era de otra época, de antes de cambiar de siglo. De antes de que la cultura popular comenzase a ser maleada por las furias de internet.

Sería allá por mediados de diciembre de 2001, cuando se estrenó una película que, tal y como hiciera STAR WARS por los años 70, dejó a todo el mundo boquiabierto con la primera entrega de la adaptación al cine de una de las novelas consideradas más complicadas de trasladar al celuloide: El Señor de los Anillos.

Tío, ¿qué comiste ayer?

Todo el mundo la había visto. Todo el mundo la comentaba por los pasillos. Cómo mola. Pedazo de efectos especiales. ¿Y los orcos? ¿Y CUANDO SALE EL BALROG? Los límites del rincón de los «pringados» cada vez se hacían más difusos, y podíamos llevar nuestros juegos por más sitios y cada vez con más gente. Podíamos jugar a ser la Comunidad del Anillo, matando orcos a diestro y siniestro sin miedo a posibles repercusiones dentro de la micro-sociedad que constituía el colegio. Había juguetes, espadas, trajes, pósters de todo tipo para desatar nuestra pasión tolkieniana. La lectura era aún un tema tabú, pero se toleraba siempre y cuando no se hiciese mucho alarde de ello.

¿Cuántas veces los hemos leído en bucle?

No sólo de ESDLA estoy hablando. Apenas un mes antes, Harry Potter y la Piedra Filosofal se estrenaba también en los cines. También la había visto todo el mundo, y la comentaba, y jugaba a ser mago. Hogwarts y la Tierra Media se habían convertido en un campo diáfano por donde la imaginación infantil se movía a sus anchas. Los que leíamos comparábamos en los pasillos entre clases por dónde nos habíamos quedado la noche anterior. Reconoceré aquí ante todos vosotros que la primera historia que escribí en mi vida se llamaba Fred y George y la Ciudad Volcán (recuerdo que recibí una pequeña bronca de la profesora porque había un par de líneas un tanto polémicas. Sacad vuestras propias conclusiones si queréis). La Amenaza Fantasma había llegado unos años antes, pero éramos demasiado pequeños para comprender el impacto de su estreno, así que el fandom no se desarrolló en mi generación hasta tiempo después, cuando sus dos infames secuelas dieron el salto al cine.

Pues el bicho éste me hizo gracia cuando lo vi en el cine.

Por supuesto, la fiebre dio paso a otras cosas que no vienen al cuento ahora, pero sin embargo el poso que dejó la adaptación de Peter Jackson en la memoria colectiva (esto es, aceptar el término “fantasía” con acepciones no-negativas) es algo digno de elogio y por lo que siempre estaré agradecido. No entraré en cuestiones de si es mejor o peor adaptación, de qué película es mejor o de si Tom Bombadil, Tom Bombadi-ló. El Señor de los Anillos fue una puerta abierta a un mundo que muchos debíamos traspasar de puntillas, una extensión de posibilidades que nos permitió comportarnos como nosotros mismos delante de todo el mundo. Y lo más importante de todo: nos abrió el camino a la lectura, en mayor o menor medida. A querer descubrir más mundos, más historias. A querer ampliar horizontes y a querer obsesionarnos con más aventuras.



Charles D.
Filólogo, lingüista, lector irredimible y cinéfilo/seriéfilo empedernido.Digo muchas tonterías en Twitter (@OrdHum). También escribo si me dejo.