Las izahikaris viven en comunión con la tierra, pero Saha anhela ir más allá, al mundo prohibido bajo las olas. Atrapada entre sus deseos y sus obligaciones, el miedo le impide encontrar la salida. Izahi, a tus hijas, habla de la amistad y del camino para encontrarse a una misma. ¿Será capaz Saha de desafiar las normas para conseguirlo?
Ige es diferente. Su mejor amigo ha muerto por ser diferente. ¿Conseguirá encontrar un hogar al otro lado del mar? ¿Podrá convivir con Olu, la inteligencia artificial que odia y siempre la acompaña?
El próximo año se cumplirá el primer centenario del fallecimiento de doña Emilia Pardo Bazán, destacada escritora española, sobre todo en el movimiento del naturalismo, feminista y avanzada a su tiempo. Bien por la aproximación de esta fecha, bien por la recuperación que se está realizando de figuras relevantes en el ámbito de la cultura que han sido históricamente relegadas a un segundo plano, lo cierto es que en los últimos años se ha hablado mucho de Pardo Bazán, de su producción y de su implicación como feminista.
Tal ha sido el creciente interés, y al estar ya sus obras exentas de derechos de autor, varias editoriales han publicado cuentos y novelas menos conocidas, hasta tal punto que se me hace complicado seguirles la pista y saber qué títulos se repiten en las diversas colecciones. Así pues, sirva este artículo no solo para saciar vuestra curiosidad, sino también la mía.
Después de mencionarla de pasada en el instituto, mi primer acercamiento a la autora fue a través de una pequeña publicación gratuita que reseñé en La Nave Invisible. A raíz de esa reseña, investigué para publicar su bibliografía y encontré un jugoso artículo académico sobre la inclusión de lo fantástico en la producción breve de doña Emilia. Más adelante, Laura Huelin se adentró aún más en la figura de Pardo Bazán, y una chica llamada Emma le dedicó varias entradas por la iniciativa Adopta Una Autora, que luego pasó al blog #DoñaEmiliaRocks.
Y ahora que estamos en sintonía, pasemos sin más demora a enumerar estas últimas publicaciones que comentaba más arriba. Advierto, eso sí, que no todas son de temática fantástica.
La sirena negra es una novela corta publicada por primera vez en 1908 y que forma parte, junto con La quimera (1905) y Dulce sueño (1911), de las novelas negras de Emilia Pardo Bazán.
Esta edición de arte, está inspirada en el relato corto de El corazón perdido de Emilia Pardo Bazán. Consta de una caja contenedor de 27 x 27 cm, en su interior, figuran: un plegado realizado en papel italiano Rembrandt, 300 grms, que contiene el relato con ilustraciones de Alisa Mikibith, Andrea Vesalius y Sandra Márquez, tres obras originales de pequeño formato de la artista Sandra Márquez, firmadas, dos tarjetones impresos en papel italiano Rembrandt, 300 grms, del proyecto y un sobre impreso con el certificado de autenticidad.
Al ser una edición tan especial, en la actualidad está agotada.
Doña Emilia escribió muchos y muy buenos libros, pero yo siempre he preferido sus cuentos oscuros, trágicos. En un país en el que estaba mal visto el Romanticismo y peor todavía el movimiento gótico (aquí solo Realismo y Naturalismo y poco más) la coruñesa hizo suyas la melancolía brumosa de Galicia y las corrientes inglesas y alemanas que amaban los vampiros y el terror y las reconvirtió en unas historias escritas como membrillo dulce del bueno y terribles como una tormenta en el Atlántico. No hay relato de este libro que escape al estremecimiento o al pavor.
Los cuentos que componen la colección son los siguientes:
Si bien no he logrado encontrar qué otros dos cuentos, además de «Un destripador de antaño», son los que aúna esta pequeña colección, he visto que Alianza tenía también una edición de 2015, también con tres relatos, el que da nombre al libro y estos dos: «El indulto» y «Por el arte». Supondré que el contenido es el mismo.
Aunque la portada tiene tintes góticos, lo único que he podido saber de esta novela, además de que fue publicada en 1898 y que tiene una prosa muy poética, es que encontraremos romance, intrigas y tragedia.
Con edición y prólogo de Ana Abello Verano y Raquel de la Varga Llamazares, esta colección contiene los siguientes relatos:
El rizo del Nazareno
La Borgoñona
Un destripador de antaño
La santa de Karnar
El ruido
La calavera
El talismán
La máscara
Tiempo de ánimas
Vampiro
El oficio de difuntos
Eximente
Hijo del alma
La resucitada
La turquesa
El conjuro
La charca
Las espinas
El engendro
Lo que los Reyes traían
Como veis, sobre todo las antologías se han centrado en el cuento fantástico y gótico, con «Un destripador de antaño» como relato más repetido. Finalmente, debo añadir que ninguna de estas recopilaciones incluye el relato «La cabeza a componer», incluido en la antología Distópicas y poshumanas que reeditó hace poco Eolas ediciones, que tiene tintes de ciencia ficción.
La producción de doña Emilia en cuanto a relatos es inmensa (se dice que unos 600 relatos), y es difícil catalogarlos. Sin duda el artículo que mencionaba al principio sobre ello os resultará útil (los cuentos que allí se mencionan están listados en la bibliografía publicada en La Nave Invisible), y veréis que no todos ellos se incluyen en las obras que he mencionado aquí. Quién sabe si necesitaremos unos «Cuentos completos» estilo Philip K. Dick, con varios volúmenes, para reunirlos todos. Este centenario puede ser la mejor excusa para ello. Lo bueno es que, con paciencia, se pueden encontrar en la Biblioteca Virtual sin coste alguno (también hay algunos disponibles en Amazon de forma gratuita).
Espero que os haya servido esta pequeña lista y os animéis a descubrir (si no lo habéis hecho ya), a una de las grandes escritoras e intelectuales de nuestro país.
Esto va a
ser un artículo de autobombo. Lo
advierto desde el principio para que nadie se asuste, para que quien no quiera
perder el tiempo tenga la oportunidad de huir ahora. De nada.
¿Por qué un
artículo de autobombo? Por dos razones: Primera, llevo un mes difícil en lo
literario y no tengo otro material para ofrecer; segunda, llegan los Ignotus, las listas de recomendaciones o de existencias,
y me gustaría hacer una de las últimas. No para que votéis a lo loco, sino para que las leáis y las tengáis en cuenta,
si os parecen merecedoras de ello.
Para los
novatos, ¿qué son los Ignotus? Son
los premios que otorga la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia
Ficción y Terror) a las obras de dichos géneros más aclamadas por los lectores
publicadas en el año anterior al de la entrega de los mismos. Es decir, en 2018
se premiarán las obras publicadas en 2017. ¿Por qué digo lo de más aclamadas
por los lectores? Porque son premios populares, los lectores somos quienes
proponemos las obras para su nominación y posterior galardón. Y esto es muy
importante, porque cuantos más lectores participen en las votaciones más
relevancia e importancia tendrá el premio.
Así pues, os animo a leer las
instrucciones e inscribiros. No tengáis miedo por no haberlo leído todo
(cosa imposible), proponed sobre lo leído, descubridnos obras que por diversas
circunstancias no son tan conocidas, dejad en blanco categorías si lo veis
oportuno, no pasa nada. Votad obras juveniles o infantiles sin reparos,
autopublicadas o de editoriales recónditas, no tenéis que seguir la estela de
nadie "más entendido". Cada
lector es único y eso es lo bonito.
Dicho lo
cual, ¿qué os voy a contar? Aquí encontraréis una relación de los artículos nominables de las iniciativas/revistas en
que participo. Mejor artículo para mí siempre es una categoría compleja,
porque hay muchísima variedad y decenas de medios diferentes, así que espero
que le sirva de ayuda a alguien. Y si alguno os gusta, pues ya sabéis ;)
En La Nave Invisible (también nominable
a mejor sitio web pero NO a mejor producción audiovisual por el podcast):
Hace
ya algo más de un año que leí La mano izquierda de la oscuridad, de
Ursula K. Le Guin. No hice ninguna reseña, aunque desde luego estuvo entre
mis mejores lecturas de 2016. No la reseñé por varias razones, pero la
principal es que tenía (y tengo) la sensación de que debería releerlo para
comprenderlo en toda su profundidad, y aun así creo que me quedaría mucho por
descubrir.
Esta
novela, enclavada en el llamado Ciclo del Ekumen, narra la llegada de Genly Ai,
humano, al planeta Gueden (o Invierno) para tratar de que se anexione a la
federación galáctica del Ekumen. Los
guedenianos son humanoides con una característica esencial que constituirá
uno de los pilares básicos de la novela: son biológicamente neutros, es decir, solo tienen un sexo determinado en
unos días específicos del mes, lo que se llama kémmer. Durante este periodo, cada individuo manifiesta un sexo u
otro dependiendo del que le haya tocado a su compañero. En principio no pueden
elegir, aunque mediante las drogas pueden inclinarse a manifestar siempre el
mismo sexo durante el kémmer o no
manifestarlo en absoluto.
Estas
características se descubren poco a poco a lo largo del libro. Gran parte de la
especulación se centra en imaginar cómo sería una sociedad no determinada por el binarismo sexual. De hecho, hay
un capítulo enteramente dedicado a este tema a modo de informe: «Capítulo 7. La
cuestión del sexo». Sobre él ya hice una breve lectura en su día, porque me
pareció fascinante:
Aun
así, voy a copiar aquí algunos fragmentos más y a resaltar algunos de los
leídos:
«Considérese:
Cualquiera puede cambiarse en cualquiera de los dos sexos. Esto parece simple,
pero los efectos psicológicos son incalculables. El hecho de que cualquiera
entre los diecisiete y los treinta y cinco años, aproximadamente, pueda
sentirse «atado a la crianza de los niños» […] implica que nadie está tan
«atado» aquí como pueden estarlo, psicológica o físicamente, las mujeres de
otras partes. Las cargas y los privilegios son compartidos con bastante
equidad: todos corren los mismos riesgos o tienen que afrontar las mismas
decisiones. Por lo tanto, nadie es aquí tan libre como un hombre libre de
cualquier otra parte».
«Considérese:
No hay imposición sexual, no hay violaciones».
«Considérese:
No hay división de la humanidad en dos partes. […] Toda esa tendencia al
dualismo que empapa el pensamiento humano se encuentra aminorada, o cambiada,
en Invierno».
«Todas
nuestras formas de interacción sociosexual son aquí desconocidas. […] No se ven
a sí mismos (los guedenianos) como hombres o mujeres. Sí, ni siquiera
alcanzamos a imaginarlo, y ya lo rechazamos como imposible. ¿Qué es lo primero
que preguntamos cuando nace un niño?».
«Esta
recurrencia del pronombre masculino en mis pensamientos me hace olvidar
continuamente que el karhíder (un guedeniano de Karhide, un país del planeta)
con quien estoy no es un hombre, sino un hombre-mujer».
«Uno
es respetado y juzgado solo como ser humano. La experiencia es asombrosa».
Hay
muchas más consideraciones de gran interés, pero creo que esto es suficiente
para las cuestiones que quiero relatar. Como se puede comprobar, gran parte de
los comentarios parten de la sorpresa de un humano (binario) al encontrar tal
panorama en Gueden. Tras leerlos, no es raro que me sorprendiera cuando
encontré hace unas semanas una nota que aparecía en el prólogo de Pamela Sargent
a la antología Mujeres y maravillas
(Bruguera, 1977). Dicha nota reza así:
Hubo
una interesante discusión acerca deLa mano izquierda de la
oscuridadentre Le
Guin y el distinguido escritor polaco de ciencia ficción Stanislav Lem en las
páginas deSF Commentary, una
publicación australiana editada por Bruce R. Gillespie. En un ensayo titulado
«Lost Opportunities», Lem hace las siguientes afirmaciones:
Aunque
sus conocimientos antropológicos son muy buenos, su perspicacia psicológica es
únicamente la justa, y a veces no es ni siquiera suficiente. La señora Le Guin
inventa una creación biológicamente plausible y valiosa como ficción. Se
inventa a «otros humanos» que no solamente se convierten en seres sexuados
periódicamente (ya hemos encontrado antes cosas así en ciencia ficción, incluso
la bisexualidad) sino que (también) se convierten periódicamente en hembras o
en machos durante su período «kemmer» período sexual). Y no se detienen las
cosas aquí, sino que tampoco pueden prever cuál será su próxima encarnación
sexual.
La
autora no ha querido, no ha podido o no ha sabido cómo reflejar la cruel amargura del destino de los
individuos en un sistema semejante. Nos ofrece algunos apuntes a lo largo
de los capítulos, pero no transforma su material antropológico en formas de
vida individuales.
Sin
embargo, imaginémonos a nosotros mismos en la situación de la gente de esta
novela. Dos cuestiones sobre la existencia básica nos saltan a la mente:
1.ª
¿En qué me convertiré durante el próximo período «kemmer» (sexual), en varón o
en hembra? Contrariamente a todas las opiniones estereotipadas, la incertidumbre normal de nuestras vidas,
ya bien conocida por nosotros, se ampliaría dolorosamente a causa de este
indeterminismo sexual. No tendríamos que preocuparnos ya meramente de la
cuestión trivial de si el mes próximo preñaríamos o quedaríamos preñados, sino
que tendríamos que enfrentarnos a toda una nueva clase de problemas psíquicos
acerca de los roles que nos esperarían en uno u otro extremo de la alternativa
sexual.
2.ª
De entre la gente totalmente indiferente que nos rodea, ¿por quién me sentiré
eróticamente atraído durante el próximo «kemmer»? Porque como todo el mundo es
neutro, no podemos determinar nuestro futuro biológico. El cambiante modelo de
relaciones sexuales nos sorprenderá siempre con nuevos y siempre dudosos
cambios dentro del conocido entorno…
Pero
consideremos la cruel ironía del destino: supongamos que una persona mientras
era varón se hubiera enamorado de otra que entonces era hembra durante el
período «kemmer», y que después de algunos meses ambos se conviertan en
«hombres» o en «mujeres». ¿Podemos creer que entonces ambos simplemente
buscarían compañeros (heterosexuales) biológicamente adecuados? Si respondemos
que sí a esta pregunta, no solamente estaríamos diciendo estupideces, sino
también simple y sencillamnte mintiendo, porque sabemos con suficiente claridad
cómo puede formar el poder de condicionamiento cultural-psicológico nuestras
vidas interiores desafiando a nuestros instintos biológicos.
Por
ello, los habitantes de Winter han de
experimentar una gran desdicha e infelicidad, lo mismo que una buena cantidad
de «perversión», a medida que los antiguos «machos» se sintieran cada vez
más atraídos por sus antiguas compañeras «hembras» (tal vez ahora neutras o
machos), y lo mismo cuando, debido a los dictados de sus glándulas, deban
prepararse a jugar el rol femenino. ¡Qué posibilidades crueles, extrañas y
diabólicas puede encontrar ahí un autor! Esas posibilidades esconden en ellas
las raíces de una malignidad que nos heriría por su intencionalidad…
De
la novela extraigo esta verdad acerca de mí (y por ende, de todos los seres
humanos): pese a lo dolorosas que puedan
ser nuestras vidas sexuales, la limitación de nuestra estabilidad es una
bendición, y no una maldición. Claro está que el Karhider (getheniano)debepensar de una forma totalmente
diferente a la nuestra, y nos considerará anormales, como acertadamente señala
la señora Le Guin…
Pero
volvamos a la novela. Estilísticamente, está muy bien escrita. Contiene también
la riqueza y la variedad de las costumbres de una civilización alienígena,
aunque no sea totalmente consistente. Sea lo que sea lo que la autora haya
intentado decirnos, ha escrito sobre un
planeta en el que no hay mujeres, sino solamente hombres (no en el sentido
sexual, pero sí en el social), porque las ropas Karhider, los modos de hablar,
las costumbres y el comportamiento son masculinos. En el alma social, el
elemento masculino ha permanecido victorioso sobre el femenino.
(SF
Commentary, 24 de noviembre de 1971, pp. 22-24. El ensayo original fue
publicado en una revista alemana,Quarber Merkur, n.º
25. Traducido del alemán por Franz Rottensteiner y revisada por Bruce
Gellespie).
En
una edición posterior. Le Guin respondía a las indicaciones de Lem:
La
novela proyectada por Stanislav Lem… es fascinante, tan provocativa como un
relato de Borges. Deseo que Lem pueda escribirla. Yo no hubiera podido hacerlo,
en parte porque la fisiología de «mis»
gethenianos no es la misma que Lem ha creído leer. Las tragedias que él
vaticina están obviadas por el mecanismo «diferenciador» que hace que el
segundo o el más lento de la pareja que entra en «kemmer» desarrolla siempre el
sexo opuesto al del primero o más rápido… La puerta de entrada de la tragedia,
creo yo, es más bien la enorme posibilidad de que dos amantes por largo tiempo
lleguen a desincronizarse: unas pocas horas de diferencia en la extensión de
sus períodos kemmer lo retrasaría por un año. He eludido esa dificultad sin
ninguna vergüenza, y no he hecho más que proveer
a los gethenianos de una sofisticada farmacopea y de unas técnicas de control
del cuerpo altamente refinadas, de forma que pueda imaginarse la solución a
esos desastres.
Lem
no es el primero en acusar a los gethenianos de ser en su totalidad, o al menos
en un 90%, varones… ¿Podría él, o
cualquier otro, hacerme el favor de señalar un solo pasaje o conversación en
los cuales Estraven (un personaje getheniano) haga o diga algo quesolamente
un hombrepodría
hacer o decir? ¿No será que tendemos a insistir en
que Staven y los demás gethenianos son hombres porque la mayoría de nosotros
somos incapaces de imaginar a las mujeres como primer ministro, arrastrando
trineos sobre superficies heladas, etc.? Sé
que el uso del pronombre masculino influye en la imaginación del lector, quizá
de forma decisiva… Alexei Panshin y otros pidieron que inventase un pronombre neutro. Consideré cuidadosamente la posibilidad y decidí que no lo haría.
Este experimento lo intentó ya Lindsay enA Voyage To Arcturusy me suena a preciosismo fallido y
exasperante; trescientas páginas llenas de una cosa así podrían resultar
intolerables. La intransigencia del medio es, después de todo, su placer.
Aunque, posiblemente, pueda hacerse más con el inglés que con cualquier otro
lenguaje que ningún escritor haya tenido la suerte de hablar, no se puede hacer
absolutamente todo con él…
… Dice que sus vestidos son masculinos. ¿Qué
es lo que lleva la gente en los climas realmente fríos? Tomé como modelo a
los esquimales. Estos (tanto hombres como mujeres) llevan, por supuesto,
túnicas y pantalones. ¿Ha intentado
usted alguna vez llevar una falda, larga o corta, con un viento helado y bajo
una tempestad de nieve? Elegí
a un observador terrestre «normal», y varón, como narrador, porque imaginé que
la gente tendría problemas en identificarse emocionalmente con los gethenianos.
En verdad, pensé que muchas personas,
especialmente los hombres, los encontrarían repulsivos. Estaba equivocada y
debería haber tenido más valor. Es mejor transmitir las cosas indirecta que
directamente, a menos que se trate de entregar un mensaje. Yo soy novelista, no
empleada de telégrafos. Lo que yo tenía que decir de los gethenianos pretendí
que surgiera de la imaginación del lector…
(SF Commentary, 26
de abril de 1972, pp. 90-92.)
Creo
que no hay forma más elegante de contestar al señor Lem que la de Le Guin,
ciertamente. Las respuestas a las apreciaciones del escritor polaco se pueden
encontrar con facilidad en los fragmentos que he mencionado de la propia
novela. Y, sin embargo, es decepcionante
ver como ante ciertas cuestiones una mente imaginativa es capaz de cerrarse.
No
le ocurre solo a Lem en los 70. Ocurre hoy, a hombres y mujeres, cuando esta
concepción del género se amplifica. Se puede pensar, dado el ojo humano a
través del cual se mira la sociedad guedeniana, que el binarismo sigue estando
presente dada la relación entre sexo y reproducción que ofrece el kémmer. Sin embargo, y aunque la pareja
monógama es la estructura más común, hay un pequeño fragmento al que no se
vuelve a hacer referencia que reza de la siguiente manera:
«En
las casas de kémmer de las ciudades se forman grupos a veces, y el acoplamiento
sexual puede ser de carácter promiscuo».
Y,
en realidad, no sería raro imaginar que, en una sociedad donde el sexo no
genera roles específicos, se dieran relaciones poliamorosas o no
heteronormativas. La dificultad radica, hoy igual que entonces, en imaginar
realmente las implicaciones que relata
Le Guin de una sociedad sin roles de género. El error de Lem es
precisamente juzgar a los guedenianos y su comportamiento de acuerdo a los
roles de género preestablecido en nuestra sociedades. Y es el mismo error que
cometemos al recibir una educación tránsfoba y binaria.
A
día de hoy, La mano izquierda de la
oscuridad podría ser más rompedora. La propia Le Guin mencionó entonces que
podría haber tenido más valor. Pero tampoco debemos perder la perspectiva. Estamos
hablando de un texto que tiene 45 años, y aun así sigue teniendo plena vigencia
y sigue generando un debate muy similar. Podríamos
discutir hasta qué punto su propuesta se basa en una relación irrompible entre
lo biológico y lo social, pero sería constreñir demasiado un mensaje que
puede ser universal. Lo importante es analizar las ventajas de una sociedad
como la guedeniana y ver si son aplicables a la nuestra.
¿Es
deseable un mundo sin violaciones? ¿Un mundo donde nuestras obligaciones
familiares no dependen del sexo con el que nacemos y podamos disfrutar de la
libertad que eso conlleva? ¿Un mundo donde no se nos exija un comportamiento
determinado, sino ser humanos y nada más? Sin duda es una mejora respecto al
presente, si bien algunos hombres no pensarán lo mismo, pues «nadie es aquí tan
libre como un hombre libre de cualquier otra parte». Pero no hay que olvidar
que el machismo también afecta negativamente al hombre en forma del concepto
patriarcal de masculinidad, donde también se le exigen unos comportamientos que
pueden acabar, por ejemplo, en una mayor tasa de suicidios respecto a las
mujeres (y además de formas más violentas). Le Guin no obvia que el hombre tiene privilegios en una sociedad
como la nuestra que perdería conforme nos acercáramos a la abolición del género.
La cuestión es si los hombres están dispuestos a perderlos en aras del
bienestar común.
Y
más allá, y creo que es donde reside el gran error de Lem, La mano izquierda de la oscuridad nos plantea cómo nos
comportaríamos cuando nuestro género (aunque se trate como sexo en la novela)
es indeterminado o cambiante. Estamos
hablando ya de lo cuir. No creo que los guedenianos sufran de esa ansiedad
que imagina Lem por su indeterminación sexual. Ese es un problema que tenemos
en la actualidad porque se nos pide definirnos de forma binaria: hombres o
mujeres. Pero cuando puedes ser de ambos géneros y de ninguno sin que nadie te
juzgue o te reproche y sin que ello perjudique tu vida, no encuentro ninguna
razón por la que deba ser motivo de tal preocupación.
Podríamos
decir que la sociedad guedeniana está guiada por su biología y pensar que
llegar a un punto semejante es imposible con una biología como la nuestra. Pero
lo cierto es que los humanos superamos
la biología hace mucho tiempo. Los avances tecnológicos y médicos nos han permitido
transformar nuestro entorno de acuerdo a nuestras necesidades y combatir
nuestras debilidades para que no nos procuren la muerte. ¿Por qué entonces se
sigue acudiendo a la determinación biológica en cuestiones como el género o la
orientación sexual? Porque requiere un esfuerzo en el que mucha gente no ve una
recompensa inmediata como ocurre en el caso de un tratamiento médico (y
teniendo en cuenta que algunos ni en los tratamientos médicos creen, con más
razón). Sin embargo, esa no expresión (o
multiexpresión) del género existe, y obviarla es negar una parte de lo que
somos, bien porque no la entendemos o porque nos negamos a aceptarla.
Creo
que una lectura analítica de La mano izquierda de la oscuridad es un
buen ejercicio para maravillarnos ante las posibilidades que ofrece una
sociedad no basada en el sexo y los roles de género, pues además me parece que
Le Guin supo darle coherencia. No era ajena a la respuesta que generaría en los
lectores, ya que la puso en boca del propio protagonista, Genly Ai. Y, sabiendo
también las limitaciones que suponía utilizar el masculino como neutro, criticó
esa visión con frases tan atípicas como «El rey estaba embarazado». No hay nada como nuestras limitaciones para
romperlas en la ciencia ficción, así como no se puede tener una visión
abierta de la evolución social si nos negamos a deshacernos de nuestros
prejuicios.
Dalayn Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Hace un par
de meses, hablando con Isa Janis,
empezamos a enumerar las antologías que teníamos pendientes de leer y nos
llevamos las manos a la cabeza. Creo que desde que salió Mañana todavía (Fantascy, 2014) las antologías y los relatos han aumentado considerablemente su
popularidad. Se publican más y, aunque en proporción se siguen leyendo
menos (y, en consecuencia, también se venden menos), hay una oferta mucho más
grande y diversa en el mercado que en años anteriores, si bien las antologías
de Terra Nova coordinadas por Mariano
Villarreal siempre han dado mucho que hablar.
Por algo
tanto ella como Mangrii han querido
hacer el reto 12 meses 12 antologías. Y bueno, la verdad es que me pareció
una gran idea aunque no quería sumarme a saco porque me suelen agobiar este tipo de retos. Pero
viendo que había conseguido leer 10 antologías este año sin comerlo ni beberlo,
quizá no sea tan difícil llegar a las 12 en 2018.
Así que voy
a hacer un poco como Isa, y a poner todas las antologías que tengo
pendientes en mi estantería, además de unas cuantas que me gustaría adquirir y
que intentaré no comprar hasta que me haya bajado un poco la pila (no me lo creo ni yo, pero se intentará). O podéis
hacer como Mangrii, y elegir directamente 12 que seguro que queréis leer.
El año pasado por falta de tiempo hice un inciso breve, en
facebook, pero este año quería aprovechar para extenderme un poco más.
Ha sido un año muy diferente en el que he estado metida en
muchos proyectos y he escrito bastante (unos siete relatos y dos novelas
cortas, aunque solo esté disponible uno).
También participé como jurado en el I Premio Ripley y estoy muy orgullosa de lo
que están triunfando los relatos seleccionados. Muchos estaban entre mis
favoritos y espero que sus autoras tengan una larga y fructífera carrera,
porque tienen mucho que contar al mundo.
Estando en La Nave
Invisible, no es de extrañar que la mayoría de mis lecturas estén firmadas
por mujeres (un 80% aproximadamente). Como dije en mi artículo
sobre la brecha de género en la literatura, tampoco creo que me haya
perdido nada. Ha habido mejores y peores lecturas, pero en general las he
disfrutado todas y he aprendido de la mayoría. Algunos dirán que tengo poco
criterio, pero yo más bien diría que voy a lo seguro. Bien por la autora en sí,
por la temática o por recomendaciones, suelo elegir libros que creo que me
pueden gustar, y lo cierto es que este año pocos me han decepcionado. Disfruto
mucho leyendo, pero también me tomo mi tiempo, y prefiero invertirlo en algo
que tenga puntos para gustarme y no para pregonar todo lo que está mal en
ellos.
Hace una semanas, Lola Robles (que para quien no lo sepa,
es mi
autora adoptada) me propuso acompañarla junto a Kika Fumero en la
presentación de Feminismo y anarquismo que iba a hacer en Barcelona. Entre que
es mi hija adoptiva y que había prologado esta selección de artículos de Emma Goldman, no podía negarme.
Yo no conocía a Emma Goldman ni había leído teoría feminista
más allá de hilos de twitter, así que también era una oportunidad de empezar
con ello y conocer el pensamiento de una
mujer que había vivido tiempos interesantes un siglo atrás.
Antes de nada, adelanto que esta no va a ser una reseña al
uso. No voy a adentrarme en el pensamiento de Goldman (para eso ya están el
excelente prólogo de Robles y la introducción de Bruna Bianchi) más allá que
para hacer notar algunos aspectos que me han llamado la atención. Lo que me
gustaría contar es, sobre todo, las reflexiones que he extraído tras la
lectura.
Para empezar diré que la biografía de la anarcofeminista me
pareció de lo más interesante. Goldman huyó de un padre que constituía la
esencia de lo patriarcal a otro país, trabajó en una fábrica, exigió sus
derechos como trabajadora, fue autodidacta, estuvo en prisión y llegó a ser
considerada la mujer más peligrosa de EEUU. Era una mujer pasional, en su vida y en sus escritos, así lo deja
traslucir la traducción de Esther Peñas. Ansiaba inspirar con sus palabras
y sus actos y no temía ofender a los detractores de su persona y el anarquismo.
Hablaba (y escribía) para aquellos que quisieran escucharla, con vehemencia y
decisión, con un discurso coherente.
Eso me hizo pensar en esa expresión tibia del feminismo que
muchas veces nos impregna (me incluyo), con un verdadero apego a lo
políticamente correcto, intentando que nadie se sienta insultado. Quizá tenemos que pensar más a quiénes nos
importa o no ofender y elaborar el discurso a partir de eso (porque
ofender, lamentablemente, siempre vamos a ofender a alguien). Cuando Goldman
habla del anarquismo, no le importa llamar ignorantes a aquellos que prejuzgan
sin interesarse realmente por en qué consiste el movimiento, porque no les está
hablando a ellos. Su público es otro; uno que quiere, como mínimo, escuchar y
entender, aunque luego no comparta su visión.
Hace unos días apareció un artículo en el que Ursula K. Le
Guin llamaba
a los escritores de fantasía y ciencia ficción a escribir alternativas al
capitalismo. Parecía providencial que hubiera aparecido justo después de
haber acabado este compendio de ensayos, puesto que la propia Le Guin había
imaginado una sociedad anarquista en Los
desposeídos (novela que tengo pendiente, por cierto, y que ahora tengo aún
más ganas, si cabe, de leer). Para los que nunca nos habíamos interesado más
allá de los rumores por este movimiento, Goldman da unas pautas que nos hacen
cuestionar los pilares sobre los que se asienta la sociedad. ¿Y si no existiera
la propiedad? ¿Y si no existiera el Estado? ¿Y si no existiera la institución
del matrimonio? ¿Qué supone realmente la libertad? No digo que de repente
tengamos que incluir el anarquismo en cualquier cosa, pero como escritora de
género me parece interesante que se
cuestione prácticamente todo lo que damos por sentado en nuestra vida.
Más allá de eso, me
fascinó el optimismo y la confianza en la bondad del ser humano que supone
ser anarquista. Si validamos este axioma, el sistema se sostiene y es
realizable. Pero, desde luego, conllevaría una deconstrucción completa de lo
que somos y creemos. Si vemos lejos el final del patriarcado, el final de una
sociedad sustentada en la jerarquía vertical y en la posesión parece aún más
lejano. Sin embargo, hasta yo, que me considero bastante pesimista, he de
reconocer que sin un poco de optimismo no se puede ser feminista. Que si por
creer que la meta es inalcanzable nos quedamos de brazos cruzados, nunca estará
más cerca. Y que, desde luego, si queremos algo, el cambio debe comenzar por nosotras mismas, puesto que nadie nos
lo va a regalar.
El hecho de que Goldman sea más dura con las mujeres creo
que responde al hecho de que su feminismo se basaba en sus convicciones
anarquistas, más que en una revisión del patriarcado como haríamos hoy en día.
Por ello las responsabiliza de su propia opresión, sin tener en cuenta que los hombres también deben ceder en su
privilegio para participar del cambio. Aun así, no deja de ser cierto que
la mujer debe creer en su libertad para acceder a ella, aunque el camino para
desalienarse no debería pasar por un ataque tan directo.
Una de las cosas bonitas de este libro es que invita a ser crítico. No sé si lo
recomendaría para alguien no iniciado en el feminismo, aunque es un buen
antídoto para los que creen en el veneno de un feminismo único. Hay corrientes
muy diversas en el movimiento y no tenemos por qué estar de acuerdo con todo lo
que alguien piense. Y, si hay algo esencial, es ese continuo crecimiento del que Goldman hace gala, de estar en
constante evolución.
Como a muchos otros, a
Goldman hay que leerla en su contexto para entender su pensamiento, sobre
todo algunas de las partes más polémicas, pero también para maravillarnos por
la actualidad que tienen muchas de sus opiniones, que siguen a debate hoy día.
Si tenéis curiosidad, os dejo un par de listas de libros feministas, la
mía y la
de Carbaes. Y si tenéis más sugerencias, podéis dejármelas en los
comentarios y las añadiré.
Título: Feminismo y
anarquismo
Autora:Emma Goldman
Traductora:Esther Peñas
Editorial: Enclave de libros
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Año de publicación: 2017
Nº páginas: 231
Precio: 12,00€
Dalayn Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.
Se avecinan esas fiestas horribles en que la gente come
hasta hartarse, hay que cincelarse los músculos de la cara en piedra para no
perder la sonrisa y hay que dejarse los dineros en alguien que no conocemos
porque así lo manda la etiqueta. Que sea una auténtica grinch no debería ser
misterio para nadie, sin embargo, no voy a hablar de la Navidad sino de algo
que ocurre todo el año pero se acentúa en estas fechas (o en las cercanas al
Día del Libro): las recomendaciones.
Hace un tiempo visité el blog de Alister Mairon para hablar
de cómo
hacer una buena reseña, pero ahora es el momento de ir a algo más sencillo,
aunque algunas pautas van a ser similares. No obstante, hay que tener muy en
cuenta la diferencia entre una reseña y una recomendación, no solo en cuanto a
significado (que me parece obvio), sino en cuanto a estructura. Aunque en los
dos ámbitos hay plena libertad, para mí una reseña es algo más amplio donde
conviene desmenuzar las cualidades (tanto positivas como negativas) de una
obra, las que más nos han llamado la atención, además de dar una opinión
subjetiva, y dirigida a un público general. Una recomendación es más personal,
dirigida a alguien en concreto, donde se suelen resaltar sobre todo las
virtudes de una obra (porque por algo la recomiendas, ¿no?).
Aparte de subir algún relato de vez en cuando, no suelo
hablar mucho por aquí de mis procesos de escritura o los proyectos en los que
estoy trabajando (aunque es cierto que hablé
del Campnano hace unos meses). Pero este noviembre me he embarcado en lo
que algunos calificarían de locura (y no les faltaría razón): el NaNoWriMo.
Para quien no lo sepa, este es el acrónimo de "National Novel Writing
Month", un proyecto creado por Chris Baty en 1999 en EEUU. Como podéis
imaginar, ya no es tan "nacional", pero el objetivo es el mismo:
escribir una novela de 50000 palabras en un mes (empezándola el día 1, por
supuesto). En su web lo
explican todo muy bien así que no me voy a extender más en la teoría y voy a ir
a la práctica.
¡La segunda edición de #LeoAutorasOct casi está aquí! Para
los que ya pasasteis por aquí el
año pasado, vamos a obviar la listaca que hice porque prefiero no saber
cuántos libros me quedan aún por leer (pista: muchos). Para los nuevos, resumo
brevemente lo que es la iniciativa #LeoAutorasOct: dedicar un mes a leer obras
solo de escritoras, de cualquier género, y compartirlas para visibilizarlas. El
objetivo último es concienciar sobre el desequilibrio que existe en el mercado
y conseguir muchas recomendaciones para leer durante todo el año. Para más
información, hemos hechouna web
donde lo explicamos todito y con un montón de recursos para facilitaros la
tarea (recomendaciones, carteles, banners, otras iniciativas…).
Hay bastante gente que ya estaba preguntando si este año se
haría otra vez, y sí, por mi parte, sin duda. El movimiento generado en RRSS es
TAN BONITO que cómo perder la oportunidad. Y ya os advierto para el año
próximo: es el bicentenario del nacimiento de Emily Brontë, haremos algo seguro.
¿Y yo qué voy a hacer en 2017? Pues bajar la Pila. O
intentarlo, al menos. Este año he comprado un porronazo de autoras. Sobre
algunas podéis leer en el blog,
para otras tendréis que acudir a La Nave Invisible, pero desde
luego no
he parado quieta. Así pues, tengo dos retos:
Acabar libros que tengo a medias. Si miráis mi
"currently-reading" en GR veréis que tengo varias lecturas empezadas,
algunas desde hace meses. Así que estaría bien acabarlas, al menos algunas de
ellas. Hay dos libros de ensayo, una antología y una novela en inglés.
La Bella Durmiente a
través de la historia, de Carolina
Fernández Rodríguez
The Geek Feminist Revolution, de Kameron
Hurley
Alucinadas II, de VVAA
The Obelisk Gate,
de N. K. Jemisin
La segunda parte es pillar algo de la Pila antes de que Las Estrellas son Legión la desplace por
completo. Os lo divido por géneros:
CIENCIA FICCIÓN
Cuentos del mañana
para ayer, de Begoña Pérez Ruiz
Azul, el poder de un
nombre, de Begoña Pérez Ruiz
La mirada extraña,
de Felicidad Martínez
Amanecer, de Octavia Butler
Consecuencias
Naturales, de Elia Barceló
El mejor de los mundos
posibles, de Karen Lord
El gen Alexander,
de María Angulo
A diez mil años luz,
de James Tiptree Jr.
36, de Nieves Delgado
Domori, de Sofía Rhei
CloroFilia, de Cristina Jurado
Juego de destinos,
de N. N. Balens
El nombre del mundo es
bosque, de Ursula K. Le Guin
Ladrones de libertad,
de Iria G. Parente y Selene M. Pascual
Entre extraños, de
Jo Walton
La chica del león
negro, de Alba Quintas
Cordeluna, de Elia Barceló
La Nación de las
Bestias, de Mariana Palova
La sombra del gólem,
de Éliette Abecassis
El Vatídico (Saga),
de Robin Hobb
TERROR
Refugio 3/9, de Anna Starobinets
Un incendio invisible,
de Sara Mesa
Belcebú, de Emilia Pardo Bazán
La chica zombi, de
Laura Fernández (lo meto en terror
porque salen zombis, pero este es para reírse)
GENERAL
Jane Eyre, de Charlotte Brontë
La inquilina de
Wildfell Hall, de Anne Brontë
Sentido y sensibilidad,
de Jane Austen
Lady Susan, de Jane Austen
ENSAYO
El libro de las brujas,
de Katherine Howe
Wonder Woman. El
feminismo como superpoder, de Elisa
McCausland
Obviamente no lo voy a leer todo ni lo pretendo, pero eso es
prácticamente el grueso de señoras que hay en mi Pila y que he adquirido
durante el último año (hay algunos premios de sorteos y varios saldos, no nos
asustemos mucho). En la web de #LeoAutorasOct hay listas de blogs del año pasado y
de este.
Y además, Carbaes y Khardan han hecho una lista
de autoras de ciencia ficción poco conocidas. Para que no os canséis de
conocer escritoras ^^
Dalayn Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.