Las izahikaris viven en comunión con la tierra, pero Saha anhela ir más allá, al mundo prohibido bajo las olas. Atrapada entre sus deseos y sus obligaciones, el miedo le impide encontrar la salida. Izahi, a tus hijas, habla de la amistad y del camino para encontrarse a una misma. ¿Será capaz Saha de desafiar las normas para conseguirlo?
Ige es diferente. Su mejor amigo ha muerto por ser diferente. ¿Conseguirá encontrar un hogar al otro lado del mar? ¿Podrá convivir con Olu, la inteligencia artificial que odia y siempre la acompaña?
Después de leerme Cartas de amor a los muertos, que he comentado aquí en la lectura conjunta que ha organizado la revista Avenida de los Libros, estas son mis citas favoritas del libro. Y sí, hay muchas (y también soy una friki de las citas, no nos vamos a engañar), pero es que toda la novela es para enmarcar. ¿Cuáles son vuestras preferidas?
«A veces tu música suena como si hubiera demasiadas cosas aprisionadas en tu interior. A lo mejor ni siquiera tú podías sacarlas todas… A lo mejor por eso te moriste, porque explotaste». Pág. 11.
«Creo que cuando pierdes algo a lo que estás muy unido es como si te perdieras a ti mismo». Pág. 19.
«La vida consiste en algo más que ser un pasajero». Pág. 26.
«Pero la vida no es así. No puedes saber a ciencia cierta cómo van a salir las cosas, aunque lo hagas todo bien, porque las vidas siempre dan vuelcos». Pág. 39.
«En tus canciones hay miedo, ira y todas las emociones que la gente, incluida yo, teme reconocer. Pero sé que no querías ser nuestro héroe, que no querías ser un ídolo. Sólo querías ser tú mismo. Que escucháramos la música». Pág. 46.
«Soy una de esas personas comúnmente raras». Pág. 54.
«Cada uno de nosotros es raro de un modo distinto, pero al estar juntos esa rareza se vuelve normal». Pág. 55.
«Cuando eres culpable de algo no hay nada peor que la compasión ajena. Eso te hace sentir aún más culpable». Pág. 75.
«Los adultos pueden ser tan falsos… Siempre se comportan como si trataran de ayudarte, de cuidarte, pero en realidad quieren algo a cambio». Pág. 120.
«Creo que ideamos nuestros propios significados a partir de nosotros mismos». Pág. 122.
«Y le doy vueltas y vueltas, pero sigo sin encontrarle sentido al mundo. Tal vez sea bueno que resulte inabarcable, porque creo que cuando hablas de belleza no te refieres a algo meramente bonito. Te refieres a algo que nos hace humanos». Pág. 123.
«Me gustaría estar purificada, arrasar con todos los malos recuerdos, con todo lo malo de mí. Y tal vez eso sea lo que haces al estar enamorado: que una vida, una persona, un momento que necesitas conservar permanezca contigo de manera infinita». Pág. 140.
«No conozco a nadie que tenga una familia perfecta, eso para empezar. y creo que por eso creamos nuestra propia familia: personas comúnmente raras unidas. Así es como veo a mis amigos». Pág. 153.
«Mucha gente desea llegar a ser alguien en la vida, pero tiene miedo de intentarlo por si no cumple las expectativas de los demás». Pág. 154.
«La presencia de Tristan transformó mi tristeza: pasó de ser la melancolía del que observa cómo un globo se pierde en l lejanía a la que te lleva a constatar que al menos estás vivo». Pág. 162.
«Las dos cosas más importantes del mundo son estar en peligro y que alguien te salve». Pág. 163.
«La verdad es hermosa independientemente de cómo sea, si aterradora o mala. Es hermosa simplemente porque es cierta. Y la verdad es luminosa, te acerca más a tu propio yo. Y yo deseo ser yo misma». Pág. 181.
«He descubierto que en ocasiones los instantes se te aferran al cuerpo. Permanecen ahí, incrustados bajo tu piel como semillas de asombro o de tristeza o de miedo, mientras todo lo demás brota alrededor. Y si te giras hacia alguna dirección concreta o si te caes, cabe la posibilidad de que una de ellas se libere, se disuelva en tu sangre u origine todo un árbol. A veces, cuando una sale, otras entran». Pág. 198.
«Sé que hay un montón de cosas para las que las palabras no bastan. Pero supongo que, ya sabes, tenemos que hacer un esfuerzo». Pág. 212.
«Lo que te dije sobre salvar a la gente no es cierto. Puedes pensar que lo es porque quieres que otra persona te salve o porque realmente deseas salvar a alguien. Pero en realidad nadie puede salvarte; no de ti mismo. Cuando te quedas dormido al pie de una colina y viene el lobo, esperas que alguien te despierte o le dé caza. O lo dispare. Pero luego te das cuenta de que el lobo está en tu interior, y entonces sabes que no puedes huir de él. Y nadie que te quiera puede matarlo porque forma parte de ti. Tiene tu cara. Y por eso no disparan». Pág. 242.
«A veces nos portamos de una determinada manera porque sentimos algo muy intenso y no nos fijamos en si eso afecta a los demás». Pág. 245.
«Al final todos somos sangre y órganos bajo la piel. Y por mucho que me escondiera, supongo que una parte de mí siempre deseó que él descubriera lo que había en mi interior… Que averiguara lo que me daba demasiado miedo contarle. Pero no somos transparentes. Si queremos que alguien nos conozca, tenemos que contarle las cosas». Pág. 305.
«Cuando crees que conoces a una persona, ves que cambia y tú mismo cambias constantemente. De pronto, lo había comprendido: en eso consiste estar vivo. En nuestro interior se mueven placas invisibles que empiezan a alinearse para formar a la persona en la que vamos a convertirnos». Pág. 316.
«Es posible que cuando compartimos una historia, por mala que sea, dejemos de pertenecer a ella; que sea ella la que nos pertenezca. Y tal vez crecer al final consista en saber que no tienes que desempeñar el papel que te dicte el curso de la historia. Que, en lugar de un personaje, podrías ser el autor». Pág. 321.
«Hay veces que cuando decimos algo, sólo oímos silencio. O ecos, como si estuviéramos gritando en nuestro interior. Y eso puede resultar muy solitario. Pero sólo sucede cuando no nos hemos molestado en escuchar de verdad. Eso significa que no estábamos listos para escuchar. Porque siempre que hablamos suena una voz. Y es el mundo, que responde». Pág. 333.
Hace unas semanas mi querida
amiga Virginia de la Fuente me invitó a pasarme por su canal de youtube para hacer alguna cosilla juntas y preparó un book tag genial. Me lo pasé muy bien, aunque se me vea un poco vergonzosilla (yo me veo MUY vergonzosilla, pero es que lo de mirar a la cámara no lo llevo bien). Si queréis saber
qué libros mencionamos, no os perdáis el vídeo. ¡Y si os gusta no dudéis en darle
a la manita correspondiente!
Ayer
empecé a leer Cartas de amor
a los muertos, de Ava
Dellaira y editado por Nocturna Ediciones. Sé que no entraba en mis propósitospara 2016,
pero lo cierto es que había oído hablar muy bien de él y sentía bastante
curiosidad. Además de que llevaba mucho tiempo sin leer juvenil (hasta Sueños
de Piedra, que reseñé aquí hace unos meses), creo que es la primera vez que ese «juvenil» no tiene
«fantasía» pegado al lado. Así que lo he cogido con muchas ganas.
He
empezado a leerlo ahora porque la revista online de literatura juvenil La Avenida de los Libros ha organizado
una lectura conjunta que empezó el pasado 13 de febrero y que se prolongará
hasta el día 28 (si queréis saber más, encontraréis la información en el nº 5de la revista).
Y aunque iré comentando cosas en twitter con el hashtag #LCAvenidaCartas quiero
recopilar mis impresiones aquí conforme lo vaya leyendo. Además, soy una
fanática de las citas y estoy apuntando muchísimas, así que también publicaré mis favoritas.
Antes
de comenzar, os dejo la sinopsis:
«Hay ciertas cosas que no puedo contar a
nadie, excepto a la gente que ya no está aquí».
Todo comienza con un trabajo de Lengua:
escribirle una carta a alguien que haya muerto.
Laurel escoge a Kurt Cobain porque su
hermana lo adoraba. Y porque él murió joven, como ella. En poco tiempo tiene un
cuaderno lleno de cartas a Judy Garland, Amy Winehouse, Heath Ledger y muchos
otros. Sin embargo, no se las entrega a su profesora. Les escribe sobre el
comienzo del instituto, sus nuevas amistades, su primer amor y sobre cómo está
aprendiendo a vivir ahora que su familia se ha roto.
Y sobre lo que ocurrió cuando su hermana
aún estaba viva.
Y
ahora, mis comentarios (contienen spoilers hasta la página que se indica):
»Página 88
Primero
he de decir que me encantan las ediciones de Nocturna. El papel, la tipografía,
la encuadernación… El olor también, pero eso suele ocurrir en los libros nuevos
en general.
En
segundo lugar, la sinopsis da para una página. En la segunda ya se entrevé
mucho más de lo que dice la sinopsis. La fragilidad, la inocencia y el dolor de
la protagonista por la muerte de su hermana te sumergen en la historia desde el
principio. Hay una conexión directa con sus miedos y sus recuerdos.
El
planteamiento en un principio es sencillo, pero hay muchos personajes detrás de
Laurel. Sus padres, sus amigos y sobre todo, su hermana. Todos tienen mucho que
decir a través de estas cartas. Mayormente me ha sorprendido la amistad que establece
con Natalie y Hannah. De antemano parece que no terminan de encajar y que
Laurel se esfuerza para no quedarse sola y aislada y busca parecerse a su
hermana.
En
realidad esta faceta de la protagonista la menciona ella misma: «me cuesta ser
yo misma porque no acabo de tener claro quién soy» (pág. 9). Creo que es una de
las cosas que más me llaman la atención porque en estas primeras páginas no
vemos a Laurel prácticamente. Parece estar buscando su lugar en el mundo
después de que May, a la cual parecía reducirse su universo, muriera. Sobre
todo me ha dado esa sensación después del episodio en que se encuentra a Janey,
su mejor amiga antes de empezar la secundaria, a la que poco a poco va
olvidando cuando empieza a salir con su hermana mayor.
Más
allá de la historia me gustan mucho las reflexiones que hace sobre los famosos
a los que escribe las cartas o sobre la vida en general. Creo que una de las
maravillas que hace que desde el primer momento te llegue la novela es esa
cercanía y la capacidad de empatizar con el lector aunque este no haya vivido
esas situaciones, incluso aunque no comparta su manera de actuar. Como he dicho
al principio, que hay algo roto en Laurel se transmite desde que comienzas a
leer y quizá es ese instinto de protección al débil lo que más acaba uniéndote
a ella. Y también la manera en que te llegan sus emociones.
Por
último, no me he fijado mucho, pero creo que las cartas dirigidas a Kurt Cobain
son las que más me gustan, no sé si porque de manera intencionada o no, al ser
el cantante favorito de May, cuentan episodios más profundos. O quizá sea solo
una impresión mía.
»Pag.
213
Maravillada
estoy con la primera carta a John Keats. Es uno de los fragmentos más íntimos y
profundos hasta ahora y es absolutamente preciosa su reflexión sobre la verdad
y la belleza. La última parte de la carta es para citarla entera.
Es
significativo que luego Laurel aluda al mismo poema para su propósito de año
nuevo, cuando aparte de tener una verdad que la asusta, también tiene una que
prefiere ignorar: May no era perfecta. Esta revelación que hace el propio Sky
no me extrañó nada. ¿Desde el principio no habéis tenido un poco esa sensación?
No digo que fuera mala (su manera de hacer que sus padres no discutieran, las
historias que le contaba a Laurel… son acciones muy bonitas), pero se percibe
un cambio cuando empieza a ir al instituto (que supongo que en el mundo
anglosajón es High School). No puedo decir exactamente en qué fallaba May
porque la propia subjetividad de Laurel lo oculta, y al fin y al cabo escaparse
de casa por las noches y saltarse clases tampoco es que sea muy malo (puedo
entender que a esas edades quieres saltarte las limitaciones que te imponen tus
padres, aunque las maneras pueden ser discutibles).
Lo
que me repatea mucho es cuánto se dejó absorber nuestra protagonista por su
hermana, la manera que la idolatraba resultaba hasta tóxica. De hecho, hay un
momento que dice: «Yo nunca invitaba a mis amigos porque prefería formar parte
del mundo de mi hermana». Por si había pocas dudas de lo absorbida que estaba
Laurel. Y sin embargo, a pesar de este hecho que te hace tener ganas de
patearle el culo, no es un personaje que puedas odiar. Porque uno se puede
sentir tan perdido como ella aunque sea por motivos distintos.
Al
final, todos los personajes más principales están rotos por unas cosas u otras.
Y aunque creas que algunos no deberían estarlo, que tenían otras opciones, acabas
acordándote de sus propias heridas y no puedes evitar sentirte cercano a ellos.
»Pag.
279
Odio
a May. Se venía fraguando pero ahora es real. Bueno, quizá no tanto porque aún
quedan rastros de la versión edulcorada que Laurel lleva vendiendo todo el
libro. Pero lo cierto es que la historia te deja con una sensación de
impotencia increíble. Te deja con ganas de decirle cuatro cosas a Laurel para
que espabile, para que huya, para que salga de ese capullo que se ha creado.
Con ganas de salvarla.
Es
curioso, pero creo que es el primer libro que leo en el que tengo esos sentimientos
para con el protagonista. Ya no solo por los distintos episodios traumáticos (y
con razón) por los que pasa, sino porque Laurel en sí no es capaz de ver que
realmente es alguien. Sky lo ve pero ella no. Y es muy pero que muy frustrante y
muy duro asistir a la destrucción de una persona sin poder hacer nada. En ese
sentido, me siento muy en sintonía con Sky.
Lo
que me inquieta, y mucho, es que no haya nombrado nadie aún la posibilidad de
ir al psicólogo, porque como mínimo Hannah, Laurel y su madre lo necesitan.
Pero urgente. Yo creía que en EEUU estaba más extendido lo del psicólogo pero
ya veo que no tanto.
Me
queda nada para acabar y estoy deseando llegar al final.
»Pág.
350 (y fun y pin)
Es
un alivio infinito ver cómo Laurel abre los ojos cuando habla con Sky y se da
cuenta de que intentar ser lo que su hermana quería ser no era la solución.
Como tampoco lo era guardarse lo que la estaba comiendo por dentro. En unas
pocas páginas sientes su propia liberación, sus ganas de arreglar las cosas y
ser ella misma y es como si toda la tensión fuera desapareciendo
paulatinamente.
Las
últimas páginas se me han pasado en un suspiro, entre otras cosas porque Laurel
y sus amigos ya tienen las claves de la resolución en su cabeza: solo les falta
un pequeño empujón para atreverse a dar el paso.
Me
han maravillado todas las reflexiones de nuestra protagonista. Aunque de base
ya hay una extrapolación inmediata, creo que el hecho de que la historia se
narre a través de cartas ayuda aún más a transmitir el mensaje que quiere dar
la novela. Si me hubiera puesto a poner post-its en el libro tendría que haber
comprado dos paquetes como mínimo. Hay pensamientos que aunque son obvios
muchas veces nosotros mismos nos los ocultamos y la autora ha sabido dejarlos
caer con naturalidad y una sencillez que cala hondo.
Es
muy importante la idea de que los problemas de cada uno son distintos, pero que
todos los tenemos. Muchas veces estamos tan concentrados en los nuestros que no
vemos los de los demás y otras menospreciamos los ajenos como si los nuestros
fueran una gran tragedia. Al final eso es lo que te hace conectar no solo con
Laurel, sino también con Hannah, Natalie, Sky, aunque sus problemas queden más
desfigurados. Y no, al final no odio a May. Todos en algún momento nos hemos
sentido perdidos, sobre todo en la adolescencia, y May es un claro ejemplo de
cuánto te puedes destruir si no te sabes encontrar o no te apoyas en nadie. Ya
no porque acabe muerta: hay gente que sigue perdida muchos años después porque
acumula una serie de errores que no le permiten encontrarse. Incluso ni los que
aparentemente van por el buen camino pueden asegurar que así sea. La vida está
llena de dudas y miedos y ser valiente es ser capaz de afrontarlos.
Además, la playlist del final es genial, a pesar de que en general no es el estilo de música que más me atrae ya la he escuchado un par de veces. La tenéis aquí.
¡Y eso es todo! Espero asistir al HangOut que organice La Avenida de los libros al terminar la lectura conjunta y me encantaría comentar con quien fuera el libro, por aquí o por twitter. Podéis encontrarme como @dalayn o tuitear con el hashtag #LCAvenidaCartas.
La
multitud se tragó su figura. La oscuridad lo engulló y juraría que podía oír
cómo masticaba su corazón al ritmo de la música. El suyo, por el contrario,
permanecía intacto. Notaba su presión en el pecho: una bomba a punto de
estallar congelada en el tiempo. Tan fría como sus manos. Como ella misma.
—¿Estás
sola? —se alzó una voz sobre el martilleo del último hit de moda. Procedía del lugar donde se había hallado su
acompañante apenas unos minutos antes. Una sonrisa le iluminaba el rostro
enmarcado en azul eléctrico.
Megan sorbió
con avidez de su vaso y asintió. El líquido resbaló por su esófago y sintió una
suave calidez extendiéndose por su cuerpo cuando llegó a su estómago. Aquella
noche necesitaría mucho más alcohol para poder conciliar el sueño.
—¿Quieres
bailar? —le insistió la voz por encima del ruido.
—¿Eh?
No, gracias —contestó sin mirarla, escudriñando aún entre el gentío mientras su
mente evocaba una y otra vez el momento en el que Brad había decidido rendirse
y desaparecer de su vida para siempre. Aunque lo más probable era que al día
siguiente cambiara de opinión. Pero el daño ya estaba hecho.
—Está
bien, pero si no piensas irte será mejor que busques compañía o te animes un
poco. Las discotecas y ese gesto serio no se llevan muy bien.
Megan volvió
a llevarse el vaso a los labios y dio varios tragos más antes de girarse y
dirigirle una mueca a la chica de pelo fantasía.
—¿Y a ti
qué te importa?
—¿A mí?
Nada —rió, y su vestido blanco destelló bajo las luces multicolores de la sala—.
Pero te estaba observando y me preguntaba si necesitarías hablar con alguien.
—¿Sobre
qué? —le espetó, arqueando una ceja. Bebió de nuevo.
—Pues no
sé. Del tiempo, de las ondas gravitacionales, de las calabazas que le has dado
al chico de antes…
—¿Cómo
sabes que le he dado calabazas?
—Si él
te las hubiera dado a ti creo que hubieras sido tú la que te habrías marchado.
¿Puede ser?
Megan no
respondió e hizo el amago de ir a beber, pero el vaso ya estaba vacío. Lo miró
con una mezcla de hastío y resignación.
—Puedes
coger el mío, si quieres. Yo invito —le ofreció la muchacha. Le tendió una copa
llena de un líquido a caballo entre el ámbar y el limón maduro. Megan lo aceptó
y lo probó, guiñando los ojos por su penetrante dulzor—. Ten cuidado. Sube
rápido.
Dio un
largo trago y en su boca quedó un sabor pegajoso y ácido. Miró a la chica con
cierto recelo, pero sus ojos estaban dirigidos a otra parte. Su cuerpo se contorneaba
al son de la música y aunque parecía moverse igual que todos los demás
asistentes, había algo en su forma de bailar que la hacía parecer única.
—Gracias.
—No hay
de qué —le respondió, dedicándole una sonrisa.
Megan
miró de nuevo hacia la pista de baile. Brad se había ido, lo sabía, pero no
podía evitar desear que apareciera y la envolviera en sus brazos. Era un
sentimiento egoísta, sin embargo no parecía capaz de sentir otra cosa además de
la sangre golpeándole con furia en las sientes.
—Es
verdad, he sido yo quien le ha dado calabazas —aceptó con voz neutra.
La
sensación de que la atravesaban con la mirada la hizo temblar, pero la chica no
se había movido. No obstante, algo le decía que estaba escuchando.
—He roto
con él.
No era
del todo verdad, pero era la mejor manera de resumirlo. Aun así, parecía que la
explicación quedaba incompleta. O quizá era que el alcohol comenzaba a soltarle
la lengua. Lo cierto era que no pudo evitar continuar sin que nadie se lo
hubiera pedido.
—Bueno,
en realidad lo que le he dicho es que es el chico perfecto, que lo aprecio
mucho, pero que no estoy enamorada de él, por mucho que lo haya intentado
durante estos meses.
—¿Intentado?
—La carcajada de la chica silenció por un instante los latidos de la música—.
Uno no intenta enamorarse de alguien, querida. Lo hace y ya está. ¿Por qué
intentabas enamorarte de él?
Ahora sí
que tenía sus ojos clavados en ella, ocultos en la sombra de su flequillo. Aun
así sintió cómo intentaban penetrar dentro de su coraza helada.
—Es el
chico perfecto —dijo, y esta vez sí que era una respuesta completamente
sincera.
—¿Por
qué?
—Pues
porque… Es inteligente y tímido y risueño y maduro. Tiene unos ojos preciosos y
una sonrisa maravillosa. Me encanta su forma de expresarse, su picardía y su
dedicación…
—¿Y eso
lo hace perfecto?
Megan
bebió de nuevo, como si necesitara de ese simple gesto para seguir hablando.
—Para mí
sí.
—¿Por
qué?
Ella
meditó la respuesta al tiempo que se preguntaba por qué le estaba contando todo
aquello a una desconocida en una discoteca de mala muerte en un pueblo perdido
de la mano de Dios.
—Porque
es lo que siempre he pensado que debería ser mi pareja.
La chica
sonrió enigmáticamente y Megan se atragantó al recordar el rostro de Brad
cuando le dijo esas mismas palabras en ese mismo tono. Creía que lo había hecho
para intentar producirle el menor sufrimiento posible, pero la verdad era que
se sentía incapaz de ponerle más sentimiento a aquella situación. La realidad
era esa. Ninguna modulación la haría variar.
—¿Por
qué no dejabas de mirar hacia el sitio por donde se había ido?
—Por si
volvía.
El pelo
azul se meneó, divertido, cuando volvió a reír. Megan se sintió violenta. No le
gustaba que se rieran de ella. Pero no le dio tiempo a decirle nada. La chica
le agarró el brazo y con la mano libre señaló hacia la pista de baile.
—¿Puedes
decirme qué ves?
Megan se
quedó un poco atónita ante la pregunta pero, a pesar de que le costó unos
segundos reaccionar, obedeció.
—Veo
gente bailando. Algunos beben. Unos ríen. Otros cantan la canción que está
sonando.
—Más
cosas —le insistió.
—Hay
chicas y chicos, desde los dieciocho a los que sobrepasan la treintena. Morenas,
rubios, altas, bajitos…
—Fíjate
en alguien en particular.
Su vista
se clavó en un conjunto de chicas que bailaban algo apartadas. La luz de los
focos las iluminaba intermitentemente. Bebió un trago.
—Allí,
cerca de la columna. Una muchacha negra. Lleva el pelo corto y un vestido azul.
Está bailando con unas amigas.
—¿Y qué
más?
Megan
resopló. ¿A qué venía ese interrogatorio? ¿Y por qué seguía contestando a esas
estúpidas preguntas?
—¿Qué
más da?
—Da. Querida,
el amor no entra por los ojos. A tu alma le da igual lo que tu mente haya
catalogado. ¿Por qué quieres que tu chico vuelva? ¿Crees que te enamorarás de
él después?
—No,
claro que no. Si no lo he hecho en estos meses no ocurrirá. Pero estoy bien con
él —dijo, insegura. Oyó el miedo rebotando en sus oídos con cada sílaba. Y en
verdad lo tenía. Temía no encontrar jamás a un chico como aquel. Pero temía
mucho más no poder enamorarse de nadie.
—Y quizá
él lo esté contigo. Pero se merece encontrar el amor tanto como tú. Y si sigues
mirando a la gente solo con los ojos que tienes en la cara te aseguro que no lo
vas a encontrar.
—Anda,
déjame en paz —le escupió, furiosa, y se giró para irse. Ya se había cansado de
toda aquella palabrería. Empezaba a dolerle la cabeza y se sentía mareada. Sin
embargo aquella melena azulada se cruzó en su camino de nuevo.
—Dime
qué viste en la muchacha negra. Por qué la elegiste.
Sus
palabras sonaron casi amenazantes. Megan aguantó el impulso de echar a correr e
hizo el esfuerzo de recordar.
—No
paraba de mirar al móvil. Estaba riendo con sus amigas, pero de repente se
ponía seria y le echaba un vistazo.
—¿Por
qué?
—¿Y yo
qué sé por qué? ¿Qué me importa?
Estaba
enfadada y las palabras se atropellaban en su boca. Sin embargo, algo pareció
desbloquearse dentro de ella y sintió unas ganas repentinas de llorar.
—¿Y tú
qué sabes por qué no te enamoras del chico perfecto? ¿Qué te importa? ¡Si es
perfecto! El amor no es una obligación. Pasa o no pasa. Pero está mucho más
allá de lo que tus ojos pueden ver. Has destacado a una persona por un simple
gesto y no obstante sigues evitando querer conocer qué se esconde detrás de
ella.
Los ojos
de Megan se llenaron de lágrimas cuando comprendió lo que trataba de decirle.
—Bebe,
baila, sueña. Sé quien quieras ser y no quien tu razón te dice que deberías
ser. Déjate llevar y que te lleven, pues solo tu alma puede comprender más allá
de lo que tu cabeza entiende. Nunca llegarás a conocer a alguien por entero,
pero tu razón solo llega a vislumbrar una minúscula parte, incluso de ti misma.
Antes de
darse cuenta el vaso había desaparecido de su mano, sustituido por la de la
chica, que la arrastraba hasta la pista. Se introdujeron entre figuras que se
retorcían y bajaban y subían con la música hasta llegar a un pequeño hueco.
Allí, entre todos aquellos cuerpos danzantes, el mundo le pareció tan ajeno
como ella misma. Incluso Brad. Y vio que el problema estaba allí, en que toda
su vida se construía sobre cimientos tan racionales que se estaba perdiendo una
parte esencial.
La chica
se acercó y le limpió las lágrimas con los dedos. Estaba tan cerca que pudo
comprobar que sus ojos eran de un azul tan intenso como su pelo. Le sonrió con
dulzura.
—¿Quieres
bailar? —le preguntó de nuevo, y esta vez no pudo negarse.
Megan se
olvidó de todo lo que no era ella y su nueva acompañante. Se olvidó hasta de la
música y el ritmo. Se permitió equivocarse y reír por nada. Le pareció estar
más viva que nunca.
Cuando
dieron por terminada la noche, se giró sonriente para darle las gracias a la
enigmática chica que se había inmiscuido tan descaradamente en su vida. Pero
solo alcanzó a ver cómo la multitud se tragaba su pelo azul. PD: Como el reto consistía en escribir una historia con tu canción favorita como argumento, os dejo la canción :D
Esta entrada va sobre todo enfocada a escritores noveles (no me veo dando consejos a más, para qué nos vamos a engañar) y a concursos de relatos/microrrelatos. En el caso de novela también se aplican todos los consejos, pero con unos periodos de planificación mucho mayores. Y algunos también sirven para el caso de envío a una editorial. Así que espero que le saques provecho, querido lector.
Empezar es lo más difícil.
Siempre. En cualquier ámbito. Empezar a plantear una historia. Empezar a
escribirla. Empezar a crear el hábito de escribir diariamente. Empezar.
«Es que después de Galavant empieza Vikings y con las
prácticas nunca encuentro tiempo».
Maldito mundo que se pone en tu contra
siempre.
Es como hacer deporte. Sabes que
tienes que hacerlo pero no encuentras el momento. Estudios, trabajo, series,
videojuegos, redes sociales, niños… (aquí cada uno lo suyo, seguro que la lista
es mucho más grande). Todo se convierte en una excusa. Y no porque no quieras
(que querer quieres, es que los demás no te dejan), simplemente parece que el
resto de cosas tienen prioridad. Sobre todo si no tienes una idea clara de qué
quieres escribir y/o no estás inmerso en una historia. Sobre todo si estás
desmotivado.
«¿Y qué hago para motivarme y para ponerme a escribir y hacer
de esto un hábito?»
En primer lugar, teniendo fuerza
de voluntad. Sé que para algunos a veces se convierte en uno de nuestros
animales mitológicos preferidos, pero ahí está. Encuéntrala, agárrala fuerte,
pégala en la pared y ponle un post-it brillante para recordarte que la
necesitas.
¿La tienes? Perfecto. Vayamos al
segundo paso.
Si buceas por blogs literarios
encontrarás mucho esta frase de Picasso: «Cuando llegue la inspiración,
que me pille trabajando». Es cierto que a veces tenemos una iluminación
divina y por arte de magia tenemos una historia en la cabeza pugnando por
escribirse sola. Sin embargo, si eres de los que sigues esperándola, haz caso
de la frase.
«Pero si el problema es que no he empezado… ¿cómo me va
a pillar trabajando?».
Pues ahí es donde entra mi
recomendación, una de las tantas que puedes seguir (te aconsejo buscar consejos
sobre creatividad, por ejemplo, algunos son verdaderamente útiles): participa
en concursos literarios. O, al menos, ponte ese objetivo.
«Pero si no…».
¿Te das cuenta de que no paras
de poner «peros»? Deja de hacerlo, no te va a ayudar. No se trata de
que tu ego se convierta en una bomba atómica, solo de que tu inseguridad y la
continua comparación con otros no te impida conseguir lo que quieres, que es
escribir, ¿no?
«Está bien… ¿y por qué crees que los concursos
literarios me van a ayudar a ponerme a escribir?».
Pues aquí te explico unos
cuantos motivos que a mí me han servido para darme el empujoncito que
necesitaba (entre otros):
MOTIVOS PARA PRESENTARSE A
CONCURSOS LITERARIOS (ADEMÁS DE LOS PREMIOS, CLARO)
Porque se está calentito... al menos tu cabeza lo estará. Cuidado, que hay riesgo de explosión.
Muchas veces los concursos te
dan un tema, por no decir casi siempre
Acotan el género, te proponen
una frase, unas palabras o un tema en específico. Incluso los que tienen tema
libre buscan algo en particular. Cuando quieras presentarte a un concurso
intenta buscar los ganadores de ediciones anteriores y verás si siguen algún
patrón (por ejemplo, cómico, así sabrás que si escribes un dramón tendrás menos
posibilidades de conseguir algo).
¿No sabes sobre qué escribir? El
tema que te dan los concursos puede ser esa chispa. Aprovéchala y deja que
prenda.
Consejo: a no ser que quieras
experimentar o tengas muy clara una idea, intenta llevarte el tema a tu género.
Te sentirás más cómodo al tener más experiencia en esa tesitura, con lo que es
más probable que te motives y seguramente el resultado sea de mayor calidad.
Te dan un límite de palabras
Esto también es muy importante
porque te ayuda a plantearte la complejidad de tu historia. No es lo mismo
escribir un relato corto de 500 palabras que uno de 5000. Incluso el de 500
puede tener más complejidad que el largo. Pero este límite hará que no te vayas
por las ramas y elucubres una historia fantástica que da para tres novelas y
dos spin-offs y cuando la acabes te des cuenta de que te has pasado del límite
y se te ha acabado el plazo (que si se te ocurre, adelante, pero con el
conocimiento de que no va a servir para ese concurso).
Te dan un plazo de entrega
¡Como en el
colegio/instituto/universidad/trabajo! Todos recordamos esos fantásticos días
antes de un examen crucial cuando maldices por no haber estado estudiando
durante todo el trimestre y tienes que hacerlo en pocos días. ¡Porque TIENES
que hacerlo! Pues con los concursos literarios pasa igual. Si te propones
presentarte a un concurso, vas a escribir, aunque sea poniéndote el día de
antes y enviándolo a la hora límite (aunque de eso hablaremos más adelante).
Porque lo has convertido en una prioridad. Sí, el cerebro es así de
maravillosamente retorcido. Si no, ¿por qué crees que también se te ocurrían
ideas para escribir cuando estabas de exámenes?
Consejo: No hagas como entonces,
no lo dejes para el último día. Recuerda que esto no va solo de empezar a
escribir, sino de crear el hábito de escribir todos los días. Utiliza esa
fuerza de voluntad que te has señalado con un post-it y oblígate a ponerte
todos los días aunque sea media horita. Si no, cuando acabes el concurso
estarás como antes de empezarlo.
Además, has de recordar una
cosa: escribir, entendido como un proceso completo en el que el resultado es
una obra literaria, no consiste solo en teclear caracteres hasta conformar
palabras y oraciones y párrafos. También hay que incluir la corrección,
reescritura y revisión del manuscrito. Así que si vas a presentarte a un
concurso, planifícate para que lo que entregues en las mejores condiciones.
Y eso nos lleva al siguiente apartado de este artículo.
RECOMENDACIONES SI VAS A PRESENTARTE A UN CONCURSO LITERARIO
1. No te precipites
Como he explicado brevemente
antes, escribir es más que contar una historia: es contarla de la mejor manera
posible. Y para ello necesitas un tiempo, que la obra repose para poder
corregirla de la manera más objetiva. Si envías a un concurso algo que has
terminado de escribir un par de horas antes lo más seguro es que no tenga toda
la calidad exigible, incluso puede haber fallos ortográficos y gramaticales que
no has visto porque no lo has corregido. Por ello es importante que hagas una
buena planificación para que sigas todos los pasos y lo que presentes esté en
las mejores condiciones.
Además, en muchos certámenes empiezan a leer
por orden de recepción, así que cuanto más te separes de la fecha límite menos
cansados pillarás a los encargados de leer las obras presentadas a concurso.
2. Quien mucho abarca, poco aprieta
Es posible que te motives
enormemente con un concurso, la inspiración
te llegue trabajando y tengas mil ideas que puedes presentar a mil concursos y
así exponencialmente hasta que tu cabeza explote y hayas olvidado la mitad de
lo que tenías pensado. No merece la pena. Céntrate en unos pocos concursos,
recuerda que necesitas un tiempo para acabar tu obra, y apúntate todas las
ideas que se te ocurran. Así las tendrás para más adelante sin necesidad de
escribirlas inmediatamente.
3. Elige sabiamente
Elegir bien a qué concursos te presentas suele ser más complicado
sobre todo si no tienes experiencia, así que espero que las siguientes pautas
te ayuden.
Estás utilizando los concursos
literarios como excusa para darle a tu cerebro ese pequeño empujoncito que
necesita para dejar las Magic a un lado (o GHVip, en su defecto), pero los
concursos sirven para algo más: labrarte un currículum de escritor. Si esto es
lo que quieres conseguir, céntrate en los concursos que tengan varios
finalistas, que vayan a publicar una selección de las mejores obras ya sea en
papel o en formato digital. Lo importante es que publiquen algo tuyo. A mayor
número de seleccionados más posibilidades de que tu obra esté entre ellos. Si
lo que quieres es ganar dinero, también hay concursos para ti, pero ten en
cuenta que las posibilidades de ganar son más pequeñas.
Advertencia: muchos
concursos exigen ceder tus derechos sobre tu obra. Así que es importante que
leas muy bien ese apartado.
Investiga a los organizadores
del concurso. Consulta su página web y si en certámenes anteriores ha habido
algún problema. Si no te gusta la maquetación de la web, las ilustraciones de
las portadas de las publicaciones te parecen horrendas y encuentras faltas de
ortografía, etc., quizá no quieras mandar una obra a esa gente.
4. Lee muy bien las bases del concurso y acógete a ellas
Que sea el punto 4 no quiere decir que sea menos importante. De hecho, en cuanto al concurso en sí se refiere, es el más importante de todos.
El tema, el límite de palabras…
no están ahí para obligarte a escribir. Recuerda que es un concurso, hay unas
normas a las que tienes que restringirte. Si por lo que sea te sales de ellas…
guarda tu obra para otra ocasión. No intentes enviarla por si cuela. No
transformes una escena en Nueva York en otra que sucede en Santillana del Mar, porque se notará. Si te obligan a enviar tu historia en Times New Roman 12 con interlineado
sencillo, escríbela con la tipografía que quieras pero cámbiala antes de
enviarla. Hay concursos que reciben cientos de manuscritos: estarán encantados
de quitarse algunos de encima sin tener que leérselos porque no cumplen las
bases.
5. Cuida la presentación
Justifica, pon sangrías, haz que tu texto sea legible y que dé buena impresión. Recuerda también que no todos
los concursos permiten el envío por correo electrónico. En algunos aún exigen
correo ordinario y con varios ejemplares del manuscrito, así que asegúrate de
que haces todas las copias necesarias y las encuadernas correctamente. Nada de
papel arrugado o manchado. La imagen que das como escritor no solo está en el
cuidado de la ortografía. Eso también tienes que tenerlo en cuenta si…
6. Te piden una biografía o historial de autor
Limítate a contar todo lo que
hayas hecho relacionado con el mundo literario: publicaciones, colaboraciones,
proyectos (serios, se entiende), si tienes un blog o has ganado o sido
finalista en un concurso antes. Puedes dar algunos datos de tu vida personal si
quieres (tu edad, estudios o profesión), pero no escribas una telenovela sobre
tu existencia intentando dar lástima ni haciéndote pasar por el nuevo Cervantes.
Céntrate en lo que te están pidiendo, nárralo si quieres para que no parezca
una enumeración (en eso te puede ayudar este artículo de Gabriella Campbell),
pero no te vayas por las ramas.
Hasta los fantasmitas te animan, ¡tienes apoyo en el más allá!
7. Sobre todo, no te desanimes
No vas a ganar todos los concursos a los que te presentes. Lo más seguro es que al principio ni siquiera te seleccionen. O sí. Igualmente, pase lo que pase, no te desmotives. Recuerda que lo haces para
escribir y hacer hábito. Engrosar tu currículum literario viene después. Y
muchas veces el premio no depende de la calidad de las obras sino de los gustos
de los jueces (si les gusta la novela negra, probablemente tu relato sobre
hadas pasará sin pena ni gloria). O de que de 200 obras presentadas, hay 10
mejores que la tuya. O más comerciales (a veces es eso lo que se busca). Si
estás contento con lo que has escrito porque es la historia que querías contar,
la has corregido, ha pasado por lectores 0 y la has vuelto a corregir y crees
que es lo mejor que has podido escribir en ese momento, no te desanimes. A lo
mejor tienes que darle otro enfoque o volver a corregir. O quizá no tenga que
ver contigo (ojo, no digo que no tengas que hacer autocrítica, solamente que no
tires la pluma).
«Vale, creo que hasta me he motivado sin mirar ningún
concurso. Pero si quisiera presentarme a alguno, ¿dónde los encuentro?»
Pues verás, hay editoriales y
revistas literarias que hacen concursos, y también existen páginas donde
recopilan muchos certámenes literarios. Aquí te dejo unas cuantas para que les
eches un vistazo.
¡Y eso es todo! Espero que te
haya sido de utilidad todo lo que te he contado. Si tienes alguna duda,
comentario, sugerencia, etc., ¡espero tus comentarios!
PD1: Si quieres más consejos
sobre concursos literarios puedes visitar estas páginas:
PD2: El NaNoWriMo, aunque no es un concurso, es un gran reto para darte ese empujón que necesitabas. Y lo mejor, sirve para crear hábito. Aunque se realiza en noviembre, se hacen varios "camps", uno de ellos en abril (el otro creo que en julio). ¡Así no tienes excusas para no ponerte a escribir!
Dalayn Lectora por vocación. Arquitecta por amor al arte. Soñadora de mundos y hacedora de historias. Escribo porque me hace feliz.